Prologo:
"Toda leyenda comienza con una mentira... y toda profecía, con un sacrificio."
La lluvia caía con fuerza sobre el Bosque de las Sombras.
Los truenos iluminaban el cielo mientras una mujer corría entre los árboles con una bebé envuelta en una manta blanca contra su pecho.
Su respiración era agitada. Sus piernas apenas respondían.
Pero no podía detenerse.
No esa noche.
No mientras ellos siguieran detrás de ella.
—¡Estella! ¡Más rápido! —gritó un hombre desde un claro.
Vestía una larga capa negra empapada por la lluvia. En una mano sostenía un antiguo bastón de madera blanca; en la otra, una espada cubierta de sangre.
Su nombre era Aiden Nightshade.
El hechicero más poderoso de su generación.
Y el padre de la pequeña que dormía entre los brazos de Elena.
Los aullidos se escuchaban cada vez más cerca.
Aiden levantó la mano y un círculo de luz azul apareció frente a ellos.
Runas antiguas comenzaron a girar alrededor de la niña.
—Escúchame, Estella... No tenemos tiempo.
Ella negó con la cabeza, con lágrimas mezclándose con la lluvia.
—No voy a dejarte.
—Tienes que hacerlo.
La voz de Aiden tembló por primera vez.
—Si nos encuentran juntos... la matarán.
Elena abrazó con más fuerza a su hija.
La pequeña abrió lentamente los ojos.
Eran de un rojo intenso.
En ese mismo instante, la luna llena atravesó las nubes y un resplandor plateado envolvió su diminuto cuerpo.
El bosque entero quedó en silencio.
Ni un solo insecto.
Ni un solo lobo.
Era como si la propia naturaleza hubiera dejado de respirar.
Aiden comprendió la verdad antes que nadie.
La profecía no era un cuento.
Era ella.
Con manos temblorosas, apoyó dos dedos sobre la frente de la bebé.
Las runas cambiaron de color.
Una luz blanca recorrió el pequeño cuerpo de la niña.
—Perdóname, mi pequeña... —susurró con la voz quebrada—. Algún día entenderás por qué tuve que esconder quién eres.
El hechizo selló su magia.
Selló a su loba.
Selló una parte de su alma.
La niña comenzó a llorar.
Y el viento respondió con un aullido que hizo temblar la tierra.
Entonces aparecieron.
Decenas de figuras salieron de entre los árboles.
Vestían túnicas negras con un símbolo plateado en forma de eclipse.
La Orden del Eclipse.
Su líder dio un paso al frente.
—Entréganos a la niña, Aiden.
—Jamás.
El hechicero sonrió por última vez.
Luego miró a Estella.
No hizo falta decir nada.
Ella entendió.
Era una despedida.
Aiden besó la frente de su hija.
Después tomó la mano de Estella durante apenas un segundo.
—Vive.
Fue la única palabra que pronunció.
Al instante siguiente levantó su bastón.
Una explosión de luz cubrió el bosque.
Los árboles se estremecieron.
El suelo se abrió.
El aire vibró con una fuerza imposible.
Estella cayó al suelo protegiendo a la bebé.
Cuando levantó la vista...
Aiden ya no estaba.
Solo quedaba su bastón, partido en dos sobre la tierra.
El silencio regresó.
Estella rompió en llanto.
Creyó que el hombre al que había amado con toda su alma acababa de morir para salvarlas.
Sin saberlo...
Aiden seguía con vida.
Y, mientras Elena huía para proteger a su hija, él era llevado encadenado hacia un destino peor que la muerte.
Veinte años después...
El mundo entero volvería a escuchar el nombre de aquella niña.
Helena.
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Editado: 13.07.2026