La Última Loba Blanca

Capítulo 5 : El deber de un heredero

"A veces, el deber pesa más que el corazón."

El sonido de las espadas chocando resonaba por todo el campo de entrenamiento.

Jhon Blackwood respiraba con dificultad mientras volvía a ponerse en guardia.

Frente a él, Victor Blackwood sostenía su espada con la misma firmeza de siempre.

—Otra vez.

Jhon atacó.

Victor bloqueó el golpe con facilidad y, con un rápido movimiento, lo desarmó.

La espada de Jhon cayó varios metros más allá.

—Demasiado lento.

Jhon apretó la mandíbula.

Recogió su arma sin decir una palabra.

Desde niño había entrenado para convertirse en Alfa.

No había espacio para los errores.

Mucho menos para las excusas.

—¿Sabes cuál es la diferencia entre un guerrero y un Alfa? —preguntó Victor.

Jhon negó con la cabeza.

—Un guerrero lucha por sí mismo.

Un Alfa carga con el destino de toda una manada.

Victor guardó su espada.

—Dentro de poco dejarás de ser únicamente mi hijo.

Serás el futuro de Colmillo de Plata.

Jhon asintió en silencio.

Había escuchado aquellas palabras cientos de veces.

—Y por eso debes aprender algo antes del Festival de la Luna.

Victor lo miró fijamente.

—No importa quién sea la mujer que la Diosa Luna elija para ti.

Lo único que importa es que sea digna de convertirse en la Luna de esta manada.

Jhon frunció el ceño.

—¿Y si no lo es?

Victor respondió sin dudar.

—Entonces harás lo que sea necesario para proteger a nuestra gente.

Aunque debas renunciar a ella.

Las palabras quedaron suspendidas en el aire.

Jhon no respondió.

Al terminar el entrenamiento, caminó solo hacia el río.

Era el único lugar donde podía pensar sin que todos esperaran algo de él.

Se sentó sobre una roca y lanzó una pequeña piedra al agua.

Su lobo llevaba días inquieto.

Gruñía sin motivo.

Se alteraba cuando recorría la aldea.

Y siempre ocurría lo mismo.

Cada vez que Helena Ashcroft estaba cerca.

Jhon no lograba entenderlo.

Ella no tenía loba.

No representaba ninguna amenaza.

Entonces...

¿Por qué sentía aquella conexión?

—Así que aquí estabas.

La voz de su madre lo sacó de sus pensamientos.

Amelia Blackwood se acercó con una sonrisa cálida.

Se sentó a su lado.

—¿Problemas con tu padre?

Jhon soltó una risa sin humor.

—¿Cuándo no?

Amelia le acomodó un mechón de cabello que le caía sobre la frente, igual que hacía cuando era niño.

—Victor solo quiere prepararte para el futuro.

—Lo sé.

—Pero a veces olvida que antes de ser Alfa... eres una persona.

Jhon permaneció en silencio.

Después de unos segundos habló.

—Madre...

¿Alguna vez dudaste de la Diosa Luna?

Amelia lo miró sorprendida.

—¿Por qué preguntas eso?

Jhon bajó la vista hacia el río.

—Solo curiosidad.

Ella sonrió con dulzura.

—La Diosa Luna nunca se equivoca, hijo.

Somos nosotros quienes, a veces, no entendemos sus decisiones.

Aquellas palabras quedaron resonando en la mente de Jhon.

Esa misma tarde, mientras recorría la aldea, volvió a verla.

Helena salía de la enfermería con una cesta llena de hierbas.

Un grupo de jóvenes pasó a su lado.

—Cuidado, no vayas a contagiarte de mala suerte.

Las risas estallaron de inmediato.

Helena continuó caminando sin responder.

Como si ya estuviera acostumbrada.

Jhon observó la escena desde la distancia.

Algo dentro de él se revolvió.

Su lobo gruñó con fuerza.

No era rabia.

Era otra cosa.

Una necesidad inexplicable de acercarse.

De protegerla.

Jhon negó con la cabeza.

No entendía qué le estaba ocurriendo.

Y eso era precisamente lo que más le molestaba.

Sin mirar atrás, siguió caminando.

No vio cómo Helena levantaba la vista por un instante.

Ni cómo, sin comprender la razón, una extraña tristeza cruzaba sus ojos al verlo alejarse.

Porque ninguno de los dos lo sabía todavía.

Pero el destino ya había comenzado a tejer el hilo que, muy pronto, cambiaría sus vidas para siempre.




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