La Última Loba Blanca

Capitulo 7: El alfa de la Luna de Sangre

"La grandeza de un Alfa no se mide por el miedo que inspira, sino por la confianza que despierta en su manada."

Los primeros rayos del sol iluminaban la Manada Luna de Sangre.

Como cada mañana, el campo de entrenamiento ya estaba lleno de guerreros. El sonido de las espadas chocando y los gruñidos de los lobos transformados rompían el silencio del bosque.

En el centro del campo, un hombre observaba cada movimiento con atención.

Alto, de complexión atlética y porte imponente, su sola presencia bastaba para que todos enderezaran la espalda.

Su cabello negro caía desordenado sobre la frente y sus ojos grises recorrían el entrenamiento sin perder detalle.

Era Darius Dravenhart.

Alfa de la Manada Luna de Sangre.

—Otra vez —ordenó con voz firme.

Dos jóvenes guerreros retomaron el combate.

Uno de ellos logró desarmar a su compañero, haciéndolo caer al suelo.

Antes de que pudiera celebrar su victoria, la voz de Darius volvió a escucharse.

—¿Qué haces cuando un hermano cae?

El joven bajó la mirada.

—Lo ayudo a levantarse, Alfa.

—Entonces hazlo.

Sin dudarlo, extendió la mano hacia su compañero y lo ayudó a incorporarse.

Darius asintió con aprobación.

—Recuerden esto. Un enemigo celebra cuando uno de ustedes cae. Un hermano jamás.

Los guerreros inclinaron la cabeza.

—Sí, Alfa.

Desde un costado, Kael Thorn observaba la escena con una pequeña sonrisa.

—Cada vez que hablas, terminas dándoles una lección.

Darius caminó hasta él.

—Algún día ellos serán quienes protejan esta manada. Quiero que entiendan que la fuerza no sirve de nada si olvidan por quién luchan.

Kael sonrió.

—Por eso te siguen sin dudar.

Darius no respondió.

Simplemente continuó caminando entre los guerreros, corrigiendo posturas y respondiendo preguntas.

Para él, un Alfa no estaba por encima de su manada.

Caminaba junto a ella.

Al terminar el entrenamiento, Darius recorrió la aldea.

Saludó a los ancianos, preguntó por un guerrero que se recuperaba de una lesión y se detuvo a conversar con algunos niños que jugaban en la plaza.

De pronto, una pequeña de no más de seis años corrió hacia él.

—¡Alfa!

Darius se dio vuelta y sonrió.

—Buenos días, Iris.

La niña escondía algo detrás de la espalda.

—Es para usted.

Con mucho cuidado sacó una pequeña corona hecha con flores silvestres.

—La hice yo.

Los ojos de Darius brillaron con ternura.

Se agachó hasta quedar a la altura de la niña.

—¿De verdad es para mí?

Iris asintió con entusiasmo.

—Sí.

Porque usted siempre nos cuida.

Darius inclinó un poco la cabeza.

—Entonces... ¿me ayudas a ponérmela?

La pequeña sonrió de oreja a oreja.

Con mucho cuidado colocó la corona sobre la cabeza del Alfa.

Darius esperó unos segundos antes de hablar.

—Gracias, Iris.

La voy a guardar como uno de mis mayores tesoros.

La niña soltó una risita feliz y salió corriendo hacia una mujer que la esperaba a pocos metros.

—¡Mamá! ¡El Alfa se la puso!

La mujer sonrió avergonzada e hizo una pequeña reverencia.

—Perdone las molestias, Alfa.

Darius negó con la cabeza.

—No hay nada que perdonar.

Los regalos hechos con el corazón siempre son los más valiosos.

La mujer sonrió agradecida antes de marcharse con su hija.

Kael observó la escena.

—Definitivamente eres un Alfa diferente.

Darius se quitó la corona con cuidado para no romperla.

—Si algún día los niños dejan de sonreír cuando me ven...

Ese día habré fracasado como Alfa.

El resto de la mañana transcurrió con normalidad hasta que un hombre apareció corriendo desde la entrada principal de la manada.

Era Liam Cross, el Delta.

Se detuvo frente a Darius e inclinó la cabeza.

—Alfa.

Encontramos a alguien en el límite del territorio.

La expresión de Darius cambió de inmediato.

—¿Quién?

—Una mujer.

Está gravemente herida e inconsciente.

No pertenece a ninguna manada que conozcamos.

Kael frunció el ceño.

—¿Humana?

Liam negó.

—No.

Por la energía que desprende... creemos que es una hechicera.

El silencio se apoderó del lugar.

Los hechiceros rara vez cruzaban los territorios licántropos.

Y cuando lo hacían...

Nunca era por casualidad.

Darius tomó una decisión sin vacilar.

—Llévenla a la enfermería.

Que Nora haga todo lo posible por salvarla.

Liam dudó un instante.

—¿Y si representa un peligro?

Darius sostuvo su mirada.

—Una mujer inconsciente y al borde de la muerte no es una amenaza.

Es alguien que necesita ayuda.

Liam inclinó la cabeza.

—Sí, Alfa.

Corrió de regreso hacia la frontera para dar la orden.

Kael observó a Darius.

—Muchos Alfas la habrían dejado morir.

Darius mantuvo la vista fija en el bosque.

—Y por eso nunca serán dignos del título que llevan.

Si la Diosa Luna puso a esa mujer en nuestro camino...

Debe existir una razón.

Sin saberlo, acababa de tomar una decisión que cambiaría no solo su destino...

Sino también el de una joven que, a varios kilómetros de allí, todavía ignoraba que la vida que conocía estaba a punto de romperse para siempre.




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