El silencio en la plaza era insoportable.
Helena seguía mirando a Jhon sin poder comprender lo que estaba ocurriendo.
Hacía apenas unos segundos había descubierto algo que nunca creyó posible.
Ella tenía una pareja destinada.
Ella, la chica que todos habían llamado diferente.
Ella, la chica que había creído que jamás sería elegida por nadie.
Pero la alegría de ese descubrimiento apenas había durado un instante.
Porque Jhon no la miraba como alguien que acababa de encontrar a su otra mitad.
La miraba como si fuera un error.
Como si la Diosa Luna hubiera cometido una equivocación.
Jhon permaneció quieto unos segundos.
Su lobo rugía dentro de él.
Le pedía que se acercara.
Que la protegiera.
Que aceptara el vínculo.
Pero Jhon ignoró esa parte de sí mismo.
Recordó las palabras de su padre.
Recordó lo que significaba ser el futuro Alfa.
Recordó todo lo que la manada esperaba de él.
Entonces caminó hacia Helena.
Cada paso era más difícil que el anterior.
Cuando estuvo frente a ella, sus ojos se encontraron.
Por un instante, Helena pensó que quizás había cambiado de opinión.
Pero la expresión de Jhon seguía siendo fría.
—Lo siento...
Su voz salió baja.
Pero todos pudieron escucharla.
—Pero esto no puede ser.
El corazón de Helena se detuvo.
No entendía.
No podía entender.
¿Cómo podía alguien rechazar algo que todos soñaban encontrar?
Jhon tomó aire.
Y entonces pronunció las palabras que cambiarían sus destinos para siempre.
—Yo, Jhon Blackwood, futuro Alfa de la Manada Colmillo de Plata, te rechazo a ti, Helena Ashcroft, como mi pareja destinada y futura Luna.
El silencio fue absoluto.
Nadie se movió.
Nadie habló.
La frase quedó suspendida bajo la luz de la luna.
Helena sintió como si el mundo se hubiera detenido.
Acababa de descubrir que tenía una pareja destinada.
Y en el mismo momento...
La estaba perdiendo.
Sus ojos buscaron los de Jhon una última vez.
Esperando encontrar arrepentimiento.
Duda.
Algo.
Pero solo encontró una decisión tomada.
Entonces comprendió.
No podía obligarlo.
No podía rogar por un lugar donde no la querían.
Respiró profundamente.
Aunque el dolor atravesaba su pecho, levantó la cabeza.
Y con toda la dignidad que le quedaba, respondió:
—Yo, Helena Ashcroft, acepto tu rechazo.
En ese instante, algo dentro de ella se rompió.
El vínculo que apenas había comenzado a despertar se debilitó.
Pero Helena permaneció de pie.
No lloró.
No delante de ellos.
No delante de la manada que durante años había esperado verla caer.
Jhon sintió una punzada en el pecho.
Su lobo aulló de dolor.
Porque aunque su mente había elegido rechazarla...
Su alma sabía la verdad.
Había perdido algo que jamás volvería a encontrar.
Y Helena...
sin saberlo todavía...
acababa de dar el primer paso hacia el destino que realmente le pertenecía.
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Editado: 13.07.2026