"Hay decisiones que parecen correctas... hasta que el silencio te obliga a vivir con ellas."
El sueño había dejado de existir para Jhon Blackwood.
Dos noches.
Dos noches sin poder descansar.
Cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Helena.
No el de la joven que toda la manada despreciaba.
Sino el de la chica que, con el corazón roto, había levantado la cabeza y aceptado su rechazo sin suplicar.
Aquella imagen se repetía una y otra vez.
Su lobo no dejaba de gruñir.
—Basta...
murmuró Jhon mientras se pasaba una mano por el rostro.
Pero el animal dentro de él no obedecía.
La rechazaste.
—Era lo correcto.
Mentira.
Jhon golpeó la pared de su habitación con el puño.
El dolor en los nudillos era insignificante comparado con el vacío que sentía en el pecho.
Antes de que saliera el sol, ya se encontraba en el campo de entrenamiento.
Necesitaba cansar su cuerpo.
Quizás así lograría callar a su lobo.
Los guerreros observaban al futuro Alfa con admiración.
Jhon siempre había sido el mejor.
El más rápido.
El más fuerte.
Pero esa mañana era diferente.
Atacaba con demasiada fuerza.
Demasiada rabia.
Demasiada desesperación.
Su compañero apenas logró esquivar uno de los golpes.
—¡Jhon!
El hombre retrocedió sobresaltado.
—¿Qué demonios te ocurre?
Jhon respiraba con dificultad.
Sus ojos permanecían fijos en su rival.
Durante un segundo...
Sintió deseos de seguir atacando.
Sacudió la cabeza.
No.
Eso no era propio de él.
—Lo siento.
Se dio media vuelta y abandonó el entrenamiento sin decir una palabra más.
Los murmullos comenzaron de inmediato.
—Nunca lo había visto así.
—Desde el festival está extraño.
—Será por la presión de convertirse en Alfa.
Nadie imaginaba la verdadera razón.
Victor Blackwood lo esperaba en su despacho.
No hizo falta que hablara.
Bastó una mirada para comprender que ya sabía lo ocurrido durante el entrenamiento.
—Siéntate.
Jhon obedeció.
Victor permaneció de pie frente a la ventana.
—He oído que perdiste el control.
—Solo fue un mal entrenamiento.
—No.
Victor negó lentamente.
—Fue una mala noche que se está convirtiendo en malos días.
El silencio se instaló entre ambos.
Finalmente, Victor habló.
—¿Sigues pensando en esa chica?
Jhon levantó la vista.
No respondió.
No hacía falta.
Victor soltó un suspiro.
—Escúchame bien.
Lo que hiciste en el festival fue lo correcto.
Jhon sintió un nudo en la garganta.
—¿Lo fue?
Victor se giró para mirarlo.
—Un Alfa no puede tomar decisiones guiado por el corazón.
Nuestra manada necesita una Luna fuerte.
Respetada.
Alguien capaz de dar herederos poderosos.
No una joven que nunca ha podido transformarse.
Jhon apretó los puños.
Aquellas palabras eran exactamente las que había intentado repetirse desde la noche del rechazo.
Entonces...
¿Por qué seguían sin convencerlo?
Victor dio un paso hacia él.
—Con el tiempo dejarás de pensar en ella.
Cuando formes tu propia familia entenderás que el deber siempre está por encima de los sentimientos.
Jhon asintió.
Pero, por primera vez en su vida...
No estaba seguro de creerle a su padre.
Esa tarde decidió caminar por la manada.
Necesitaba despejar su mente.
Sin darse cuenta, sus pasos lo llevaron hasta la enfermería.
Se detuvo.
La puerta estaba entreabierta.
Desde allí podía escuchar la voz tranquila de Helena hablando con un niño herido.
—Eso es...
Muy bien.
Ya casi terminamos.
El pequeño sonrió mientras ella terminaba de vendarle la rodilla.
—Gracias, Helena.
—No tienes que agradecerme.
Ahora ve con tu mamá antes de que vuelva a preocuparse.
El niño salió corriendo.
Jhon permaneció inmóvil.
Observándola.
Ella sonreía.
Pero era una sonrisa diferente.
Más pequeña.
Más triste.
Como si una parte de su luz se hubiera apagado.
Su lobo volvió a hablar.
Ve con ella.
Pídele perdón.
Es nuestra.
Jhon dio un paso hacia la puerta.
Solo uno.
Entonces recordó la mirada de su padre.
Recordó las expectativas de toda la manada.
Y retrocedió.
Giró sobre sus talones.
Se marchó sin hacer ruido.
Helena nunca supo que él había estado allí.
Esa misma noche...
Mientras intentaba dormir una vez más...
Jhon comprendió algo que nadie le había enseñado.
Rechazar a una pareja destinada no significaba olvidarla.
Significaba aprender a vivir con una ausencia...
Que él mismo había elegido.
Y, por primera vez desde el Festival de la Luna...
Tuvo miedo de que aquella decisión lo persiguiera el resto de su vida.
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Editado: 21.07.2026