La Última Loba Blanca

Capitulo 14: La llamada

"Los secretos mejor guardados no permanecen ocultos para siempre. Solo esperan el momento adecuado para despertar."

Aquella noche, Helena soñó.

No era la primera vez que tenía un sueño extraño.

Pero sí la primera vez que lo sentía tan real.

Estaba de pie en medio de un bosque cubierto por una espesa niebla plateada.

No hacía frío.

No había viento.

Solo un profundo silencio.

Frente a ella se alzaban árboles gigantescos, cuyas hojas brillaban bajo una luna inmensa.

Todo parecía bañado por una luz blanca.

Una luz que no pertenecía a ese mundo.

Helena comenzó a caminar sin saber por qué.

Sentía que algo la llamaba.

Que alguien la esperaba.

Cada paso hacía que la sensación fuera más intensa.

Hasta que llegó a un claro.

Entonces lo vio.

Un enorme lobo blanco permanecía inmóvil bajo la luna.

Su pelaje parecía tejido con la propia luz lunar.

Era hermoso.

Majestuoso.

Y, al mismo tiempo, inspiraba un respeto imposible de explicar.

El animal levantó lentamente la cabeza.

Sus ojos...

Eran de un rojo intenso.

Los mismos ojos que Helena había visto alguna vez reflejados en el espejo cuando era niña... antes de convencerse de que solo había sido producto de su imaginación.

El lobo la observó en silencio.

No mostró los dientes.

No parecía una amenaza.

Al contrario.

Era como si la hubiera estado esperando durante mucho tiempo.

Helena quiso acercarse.

—¿Quién eres?

El lobo no respondió.

Simplemente inclinó la cabeza.

Entonces una voz masculina resonó en todo el bosque.

Grave.

Antigua.

Imposible de identificar.

—Ya es hora.

Helena giró rápidamente sobre sí misma.

No había nadie.

—¿Quién está ahí?

Silencio.

Volvió a mirar hacia el lobo.

Había desaparecido.

Solo quedaba la luna iluminando el claro.

La voz habló una última vez.

—Encuéntrame.

Helena despertó sobresaltada.

Su respiración era agitada.

El corazón golpeaba con fuerza contra su pecho.

Miró a su alrededor.

Seguía en su habitación.

Todo había sido un sueño.

¿O no?

Sin entender por qué, caminó hasta la ventana.

La luna seguía allí.

Tan brillante como en su sueño.

Y por un instante...

Tuvo la extraña sensación de que la luna también la estaba observando a ella.

Durante los días siguientes intentó olvidarlo.

Se convenció de que solo había sido una pesadilla provocada por todo lo ocurrido en el Festival de la Luna.

Sin embargo...

Las cosas empezaron a cambiar.

Una mañana, mientras cruzaba el bosque rumbo a la enfermería, un pequeño petirrojo descendió de una rama y se posó sobre su hombro.

Helena sonrió.

—Hola, pequeño.

El ave permaneció allí unos segundos antes de levantar el vuelo.

Más adelante, un ciervo apareció entre los árboles.

La observó fijamente.

No huyó.

No parecía tener miedo.

Simplemente inclinó la cabeza, como si la reconociera, y continuó su camino.

Helena frunció el ceño.

Nunca había visto un comportamiento así.

Pero decidió no darle importancia.

Tal vez solo estaba más sensible después de todo lo ocurrido.

Esa tarde, mientras acomodaba frascos con hierbas medicinales en la enfermería, sintió un leve cosquilleo en la palma de su mano.

Abrió los dedos.

Durante una fracción de segundo...

Una diminuta chispa plateada danzó sobre su piel.

Desapareció tan rápido como había aparecido.

Helena observó su mano con el ceño fruncido.

—Otra vez...

Susurró.

Aquello ya no podía ser una casualidad.

A muchos kilómetros de allí...

Maeve abrió lentamente un antiguo libro cubierto de polvo.

Sus páginas estaban escritas en un idioma que muy pocos recordaban.

Sus dedos recorrieron un símbolo grabado en el pergamino.

Un lobo blanco.

Rodeado por un círculo de runas.

La anciana cerró los ojos.

Podía sentirlo con absoluta claridad.

El sello estaba debilitándose.

La magia ya había comenzado a responder a su verdadera dueña.

Una leve sonrisa apareció en sus labios.

—Al fin...

Murmuró.

Pero aquella sonrisa desapareció casi de inmediato.

Porque también sabía otra verdad.

Si ella podía sentir ese despertar...

No sería la única.

Y cuando los enemigos de Aiden descubrieran que la heredera seguía con vida...

La buscarían.

Como lo habían hecho veinte años atrás.

Maeve cerró el libro con cuidado.

—Ya no queda mucho tiempo.

Y por primera vez desde que había llegado a la Manada Luna de Sangre...

Sintió miedo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.