Lunes
La mañana comenzó con bastante movimiento en la casa del Beta.
Sobre la mesa del comedor descansaban varias cajas pequeñas, cada una cuidadosamente cerrada con una cinta plateada.
Rhea llevaba casi una hora revisándolas.
—Esta está torcida.
Jhon levantó la mirada desde el desayuno.
—¿Qué cosa?
—La cinta.
—Rhea...
—Mírala.
Jhon observó la caja durante unos segundos.
—Está perfecta.
—No está perfecta.
—Parece perfecta.
—Porque no estás mirando bien.
Jhon soltó un suspiro.
—¿Quieres que la vuelva a mirar?
—Sí.
Jhon se levantó, tomó la caja y la giró entre sus manos.
—Ahora sí.
—¿Y?
—Sigue siendo una caja.
Rhea lo miró con indignación.
—Eres imposible.
Jhon dejó la caja sobre la mesa.
—Y tú llevas una hora revisando la misma cinta.
—Porque quiero que todo salga bien.
Jhon la observó en silencio.
—Lo sé.
La respuesta fue sencilla.
Sin bromas.
Rhea bajó un poco la mirada.
—Entonces ayúdame.
Jhon asintió.
—Está bien.
Durante los siguientes minutos comenzaron a revisar las invitaciones juntos.
El diseño era elegante, con detalles plateados y el símbolo de la Manada Colmillo de Plata en el centro.
No eran solo invitaciones para una boda.
Eran una declaración.
El futuro Alfa de la manada iba a casarse con la hija del Beta.
Y todas las manadas importantes habían sido invitadas.
La primera invitación salió hacia la Manada Luna de Sangre.
Después fueron preparadas las destinadas a la Manada Bosque de Plata, conocida por sus excelentes sanadores.
También a la Manada Luna Roja, una de las más antiguas de la región.
La Manada Colmillo Negro recibiría otra.
Y algunas manadas más pequeñas también habían sido invitadas.
No todas tenían una relación cercana con Colmillo de Plata, pero una boda entre el futuro Alfa de una de las manadas más fuertes del continente y la hija del Beta era una ocasión demasiado importante para ignorarla.
Los mensajeros comenzaron a salir durante la mañana.
Algunos viajarían a caballo.
Otros atravesarían los bosques en su forma de lobo.
Las invitaciones más importantes serían entregadas personalmente.
Helena se enteró de la noticia mientras ayudaba en la enfermería.
Lía entró con una cesta de vendas y dejó escapar un suspiro.
—Ya comenzaron.
Helena levantó la mirada.
—¿Qué cosa?
—Las invitaciones.
Helena se quedó quieta durante un instante.
—Ah.
—La manada está hablando de eso desde temprano.
—Tiene sentido.
Lía se sentó junto a ella.
—¿Estás bien?
Helena asintió.
—Sí.
—¿Segura?
—Sí, Lía.
No voy a desmayarme porque alguien envíe una invitación.
Su hermana sonrió.
—Bien.
Porque mamá quiere que vayamos al mercado esta tarde.
Helena soltó una pequeña risa.
—Eso sí podría hacerme desmayar.
—Pensé lo mismo.
Las dos continuaron trabajando.
Durante un rato no hablaron de Jhon.
Ni de Rhea.
Ni de la boda.
Y Helena agradeció ese pequeño descanso.
Por la tarde, las dos caminaron hasta el mercado junto a Estella.
La manada parecía más animada de lo habitual.
Había personas hablando sobre las visitas que llegarían en las próximas semanas.
—Dicen que la Manada Luna Roja llegará tres días antes —comentó una mujer.
—La Luna de Sangre todavía no confirmó —respondió otra.
Helena escuchaba sin participar.
—¿Tú sabes quién es el Alfa de Luna de Sangre? —preguntó Lía.
—No.
—Darius Vargan.
Estella intervino.
—Es una de las manadas más fuertes del norte.
Lía levantó las cejas.
—¿Es verdad que su Alfa es tan joven?
—Lo es.
—¿Y dicen que es muy guapo?
Estella la miró.
—¿Eso es lo que te interesa?
—Solo preguntaba.
Helena soltó una risa.
—Claro.
—¿Qué? ¡Una puede tener curiosidad!
—Sobre el Alfa específicamente.
—Bueno...
Lía se encogió de hombros.
—No sabemos quién puede venir.
Helena negó con la cabeza mientras sonreía.
—Eres imposible.
Estella continuó caminando delante de ellas.
—Las dos son imposibles.
—Si mamá somos imposibles, pero dime tú que hacemos en el mercado cuando apenas el viernes dijiste que no volveríamos por 15 días.
Estella un poco avergonzada y a la vez divertida.
—Mmm, si eso...bueno me olvidé de comprar algunas cosas y no quería venir sola.
Las tres rieron y siguieron.
Esa misma tarde, muy lejos de allí, un mensajero llegó a la Manada Luna de Sangre.
Darius estaba en el patio de entrenamiento cuando lo llamaron.
—Alfa.
El mensajero inclinó la cabeza y le entregó un sobre.
Darius reconoció inmediatamente el símbolo plateado.
—¿Qué es?
—Una invitación.
Kael apareció detrás de él.
—¿Una invitación?
Darius abrió el sobre.
Leyó en silencio.
Kael intentó mirar por encima de su hombro.
—¿Qué dice?
Darius apartó el papel.
—Una boda.
—Eso ya lo sé.
—La boda del futuro Alfa de Colmillo de Plata.
Kael sonrió.
—Entonces iremos.
Darius lo miró.
—No.
—¿No?
—No me interesan las bodas.
—A mí sí.
—Tú no estás invitado.
Kael se quedó mirándolo.
—Soy tu Beta.
—Precisamente.
Kael negó con la cabeza.
—Algún día voy a renunciar.
—Llevas diciendo eso desde los dieciséis.
—Algún día será verdad.
Darius guardó la invitación.
—Tenemos asuntos más importantes.
Kael lo observó.
—¿Más importantes que comer gratis durante tres días?
Darius soltó una pequeña risa.
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Editado: 11.08.2026