La Última Luna

Capítulo 1: Día del Juicio

 

La fiscalía seleccionó al fiscal adjunto Diego Saldívar Valladares para llevar el caso del ministro de salud. El fiscal Diego Saldívar llevaba años de experiencia sobresalientes en casos de asesinato y criminología de hostigamiento. La mañana asonada por las circunstancias inusuales, decretaron en la fiscalía una postura de discreción absoluta, por lo que la entidad se opuso tajantemente a exponer las pruebas del peritaje, puesto que, eran escazas. No obstante, y como medida a su temperamento, el fiscal optó por el desacato y organizó una fugaz conferencia de prensa. El magistrado, tenía el apoyo de cierto sector de la fiscalía, soporte que le otorgó la ayuda necesaria para esta breve exposición. El fiscal Diego Saldívar Valladares canalizaba sus ideas, preparó un corto discurso, tratando de no distenderse y respetando una sintaxis simple y entendible, de tal manera que la prensa obtuviese alguna referencia objetiva. El fiscal, observó su aspecto en el espejo y se enfocó en exponer de forma concisa su oración, se abrochó el botón inferior de su saco, caminó por los pasillos silenciosos y se detuvo ante la puerta, acercó su mano a la perilla e inhaló un puñado de aire, buscando instruir la calma. Al ingresar al salón, fue sorprendido por las luces de los reflectores. El funcionario se situó en el centro de la sala, dejó sus documentos en la plataforma de madera y se dirigió a los periodistas. Se presentó de forma cordial, indicando su nombre y su cargo oficial en la investigación. Lamentó la pérdida del ministro Sanabria y recalcó que su consigna primordial era otorgarles a los feudos la justicia absoluta.

Finalizada la conferencia, el fiscal Diego Saldívar regresó a su oficina, cerró la puerta y concedió un fuerte descargo de respiro. Dejó su saco en el colgador y se ubicó en su escritorio. La mesa se encontraba atiborrada de expedientes, así que inició con su búsqueda. La foto principal del peritaje graficaba a los cuerpos de David y Emma tendidos y casi irreconocibles en el suelo de la vivienda, la representación grotesca de los organismos complicó determinar ciertas causas. El cuerpo del varón resaltaba por constantes relieves y fisuras, lo que podría significar una agresión previa, pero aquello debía ser constatado por el forense.  Cuatro días antes al atentado, el fiscal Diego Saldívar visitó al ministro, David Sanabria Luján, para saludarlo y mostrar su apoyo en víspera de los futuros comicios. El fiscal buscaba desearle lo mejor al doctor, quien postulaba como cabeza del partido republicano. Bebieron café en la terraza del hogar y soltaron grandes carcajadas recordando memorias antiguas. David Sanabria, fue el maestro de estudios forenses en la facultad a la que asistió el fiscal Diego Saldívar; el ministro era un catedrático de grandes capacidades oratorias y múltiples rasgos intelectuales, cualidades que le otorgaron una gran cantidad de premios por parte del estado. Breves minutos a la culminación del dialogo, David Sanabria le mostró el anillo de la capital, alhaja que compartían cuatro personas en la nación y que representaba el pináculo de la democracia y poder en el estado soberano. El ministro le estrechó la mano al fiscal, como gesto de despedida.

Despierto en la realidad, se percató que aquella joya era un indicio en el suceso, porque no se hallaba en la bitácora de artilugios recuperados en los cuerpos y tampoco en las fotografías. ¿Dónde podría estar aquel anillo? Se cuestionó, pero no tenía tiempo para analizar de forma hipotética, su consigna lo necesitaba en la escena del crimen. El fiscal pensaba en su padre, quien descansaba en sus memorias. ¿Qué es lo que interpretarías, viejito? Se preguntó internamente; deseaba escuchar una respuesta, para no perturbar sus cavilaciones y adoptar una postura segura; era su cuarto caso de asesinato premeditado, por lo que tenía experiencia y aunque este atentado era completamente diferente a los anteriores, adquirió a través de la usanza la habilidad para capturar a un criminal. El fiscal llegó a la escena del crimen, los rastros de aquella lujosa mansión eran retazos pasados, la actualidad del lugar resaltaba por los escombros y el fuerte olor a ceniza. Todavía a su llegada, en la parte trasera, los bomberos apaciguaban el fuego. El fiscal Diego Saldívar, saludó al oficial de policía que registraba el ingreso a cada miembro de la autoridad. El fiscal se trasladó a la sala central donde descansaban los cuerpos, no obstante, observó solo los dibujos de tiza de cada silueta y parte de piel consumida por las llamas, imagen que le generó una sensación de repudio. El fiscal se acercó, esta vez al personal de estudio de la escena y preguntó sobre la bitácora de hallazgos rescatados. El oficial de nombre Marlon Alejandro Benítez Pacas, le entregó el recipiente recubierto y un folder en el que se especificaba los objetos hallados. El fiscal leyó y constató que cada artículo se encontrara en el cubículo, desde relojes, aretes y una cadena, todo fue rescatado de la aleación a excepción del anillo. El fiscal Diego Saldívar, exhorto en sus capacidades de investigador, canalizó la idea de que aquella alhaja republicana quizá contenía algún tipo de código específico tallado en su interior o posiblemente representaba algo más que ser un miembro palmario del ministerio nacional, dado que, la situación criminal, le concedía la extrañeza necesaria para ser dubitativo al respecto.  

  

La figura de su esposa y el río de sangre, dibujaban el paralelo. El cuerpo del parlamentario estaba agotado, incluso así, se arrastraba ante el sujeto de cabello castaño y traje oscuro. El ministro, David Alejando Sanabria Luján, propagó un débil golpe, su energía era escaza, sin embargo, el tipo esquivó aquel agravio y conectó un certero puño en el abdomen ensangrentado del moribundo. El agresor caminó sutilmente y sujetó un cuadro donde estaba una fotografía familiar. El sujeto atinó a reírse y dejó caer el retrato al suelo para pisotearlo. El ministro contempló esto con recelo e intentó protestar de forma brusca, no obstante, el perpetrador retiró el arma de la funda que se ubicaba en su muslo derecho y disparó hacia el hombro del ministro; el hombre realizó un grito de agonía y recayó, ante lo visto, el criminal lo capturó del cuello y procedió a expresarle sus motivos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.