Cada bache de la terracería desplazaba los cuerpos exhaustos de un lado a otro. Faltaba el oxígeno dentro de la parte trasera de la camioneta. Jack no supo en qué momento se había quedado dormido durante el traslado. Era su primera misión fuera de la organización, pero el cansancio pesaba más sobre los párpados que cualquier ilusión. La cabeza caída a duras penas sostenida por el peso del casco.
Un golpe lo sacó del sopor.
El impacto le desacomodó el casco. Arrugó la nariz y levantó la cabeza, la visera le quedó torcida cubriéndole parte de la vista. Parpadeó varias veces intentando ordenar la imagen.
Zuerst lo observaba con rostro ambiguo. Jack bostezó y se dejó caer contra el asiento. La boca le sabía a gasolina; el interior le daba la sensación de haber tragado directo del tanque de combustible tanto que el estómago se le le cerró un poco.
Se llevó la mano al rostro y se talló los ojos la mano mecánica respondió con un tzzz-tik bajito y los dedos se le flexionaron queriendo asegurarse de que todo estaba en su lugar.
Un sacudón brusco bajo las ruedas lo empujó de nuevo contra los demás sobresaltándolo y arrancándole un siseo involuntario al presionarse la pierna herida. Abrió los ojos de golpe, todavía aturdido. Los rostros enmascarados se fijaron en él de inmediato.
—¿Ya despertaste, Krolik? — zanjó uno de los Spurnik.
Jack inclinó la cabeza, el casco se le ladeó cubriéndole media cara. Sin comprender a qué se refería se limitó a asentir con la cabeza... escuchó las risas por los intercomunicadores, Danik iba en medio del grupo, la cabeza baja. No lo miraba. Los dedos apretaban la correa del fusil Vorstik hasta dejarle los nudillos blancos.
—Ya despierta, vamos a llegar.— Susurró Zuerst ajustándose la máscara con una sola mano.
Jack asintió de nuevo y giró la cabeza, buscando ubicarse. A través del vidrio polarizado distinguió el bosque. Minutos después, la camioneta se detuvo de golpe. El chirrido de las ruedas lo hizo encogerse dentro del asiento.
— Repiteles el protocolo.— Ordenó Danik quitándose el cinturón y poniendose de pie para bajar.
Hartmann, en el asiento delantero, comenzó a hablar sin girarse siquiera.
—Todo Probnik y Spurnik tiene restricción absoluta de retirarse la máscara fuera de instalaciones autorizadas: base, campamento, puesto de control o cualquier terreno no validado por la organización. Se prohíbe el intercambio de información con personal externo y la exposición a agentes contaminantes sin el equipo reglamentario. Cualquier infracción a estas disposiciones será considerada falta grave y podrá ser sancionada de forma inmediata, incluida la ejecución por orden directa de un superior si la situación lo amerita.
A Jack las preguntas se le disolvieron cuando la puerta del vehículo se abrió. La luz de la mañana irrumpió en el interior. Una brisa sacudía las ramas el oído se le ahogo por el casco que le aplastaba las orejas.
Jack descendió cojeando, y se formó junto a sus compañeros. De reojo observó la postura de Zuerst: Fruto de la costumbre de quien lleva años obedeciendo órdenes. Jack lo imitó un segundo después; se irguió igual a un resorte intentando al menos llegarle a los hombros. Levantó la cabeza tanto como pudo, apretando los puños. Un ¡clink! de la prótesis respondió antes que el orgullo.
Zuerst inclinó la cabeza hacia él sin decir nada. Jack enderezó los hombros de inmediato. Zuerst apoyó dos dedos en el hombro del chico empujándolo hacia atrás. Dzhek corrigió la postura al instante.
Ambos oficiales discutían en voz baja al otro lado. Danik se acomodó las gafas oscuras, giró sobre los talones y avanzó, haciendo crujir la tierra bajo sus botas.
—Paso al frente. Ocho voluntarios para salida extra. — Ordenó.
Dzhek dio medio paso sin pensarlo. El brazo de Zuerst se interpuso de inmediato frente a su pecho cortándole el movimiento. Jack alzó la vista descolocado y encontró el rostro de su compañero. Él se adelantó sin decir palabra y ocupó su lugar al frente.
Dzhek quedó clavado en la tierra. Danik soltó un suspiro desde su posición aflojando el cuerpo.
Otros Spurnik y Probnik avanzaron en silencio formandose.
Danik caminó hasta ellos, llevó el Vorstik al frente y arrancó con el pulgar la tapa del cartucho. El chasquido se impuso sobre el murmullo del entorno. Las balas brillaron débilmente bajo la luz sucia del sol, manchadas de polvo y grasa.
—Si alguien quiere respuestas… esta es la última.— Escupió.
Se plantó frente a los Spurnik . Uno por uno, depositó una sola bala en cada palma abierta. Cada uno reaccionó distinto: algunos la guardaron de inmediato en el chaleco; otro la sostuvo con dos dedos y la deslizó detrás de la oreja, los labios moviéndose sin hacer ruido; otro repitió el gesto en silencio antes de ocultarla bajo el casco.
El Sfk. Hartmann dejó que cada bala fuera guardada antes de hablar.
— Aborden al vehículo.
Jack parpadeó reajustando el cuerpo. Vio a Zuerst subir al final y quedar sentado junto a la puerta. Levantó la mano y la llevó a la frente en un gesto dr despedida, insinuó una sonrisa bajo la máscara. Danik cerró las puertas y golpeó la parte trasera de la camioneta con la palma abierta en señal de salida para el piloto. Jack sintió un vuelco. Permaneció inmóvil, siguiendo con la mirada la camioneta hasta que se volvió una mancha entre los árboles y el ruido del motor se apagó por la distancia.
— El personal restante, reagrupese aquí. Se procederá a la asignación operativa de funciones.— Ordenó Danik. Comenzó a avanzar por el sendero terroso y en pendiente, encajonado entre los árboles. Jack lo siguió, sintiendo el peso del equipo presionarle los hombros y la espalda. No dejaba de mirar el follaje. Volver a percibir el exterior después de meses resultaba en una nostalgia rara.
Más abajo los esperaba un edificio cercado con rejas metálicas y alambradas. Pequeñas torres se alzaban a modo de puestos de control. La fachada gris había virado a un verde enfermo por el musgo; las plantas se habían adueñado del concreto cuarteado. En el terreno inferior se alineaban más vehículos y guardias.