La Última Página

Conclusión

A veces me cuesta creer que todo esto haya pasado. Que fuimos nosotros —niños, solos, con miedo— los que encendimos una chispa en medio de tanto silencio. No teníamos armas. Solo palabras olvidadas, historias medio rotas, libros escondidos bajo el suelo. Y sin embargo… resistimos.

No salvamos el mundo. Pero hicimos que volviera a respirar.

Hoy algunas bibliotecas han vuelto a abrir sus puertas. Algunas voces, antes apagadas, se atreven a leerse en voz alta. Y los libros... ya no son un delito, al menos en algunos rincones. Pero todavía hay lugares donde arden. Todavía hay ojos que nos miran con desconfianza. Todavía hay páginas arrancadas que esperan ser recuperadas.

Esta historia no termina aquí. Nunca lo haría.

Porque mientras haya alguien dispuesto a leer, alguien dispuesto a escribir, alguien que no se rinda... habrá más que contar.

Y porque —aunque nadie lo diga en voz alta— algo se está moviendo otra vez. Algo grande. Algo que huele a papel nuevo y a peligro viejo.

Pero de eso... hablaremos más adelante.

Por ahora, cierra este libro si quieres.

O guárdalo. O pásalo a alguien que lo necesite.

Porque lo importante no es cómo termina la historia.

Lo importante es que no la dejemos morir.




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