A ti
que alguna vez escribiste un final que no te atreviste a vivir.
Que sueñas con lugares que no existen,
con nombres que no conoces,
con una daga que juras no haber tocado nunca.
Esta vez, no hay borrador.
Tal vez no sea un sueño.
Tal vez sea un recuerdo.
Y la tinta... es sangre.
Escribe.
Aunque te cueste la vida.