Hay libros que te leen a ti.
No importan las páginas. No importa el idioma. No importa que lo hayas encontrado tirado en la oficina de tu tía desaparecida, envuelto en papel de estraza con tu nombre escrito encima.
"Para Eira. Termínalo tú."
El problema no es el libro.
El problema es que cuando lo abres, recuerdas.
Recuerdas un bosque que no existe.
Recuerdas una daga de madera que no deberías conocer.
Recuerdas a dos chicos.
Uno te mira como si fueras suya.
El otro te mira como si fuera a matarte.
Y lo peor: recuerdas que ya elegiste una vez.
Y elegiste mal.
El libro está en blanco al final. Solo dice:
_Escribe la última página. Tienes un mes._
Mi nombre es Eira Ashworth. Y cometí tres errores:
1. Abrí el libro.
2. Empecé a escribir.
3. Creí que era ficción.
No lo es.
Y si llego al final…
Alguien va a sangrar.
Otra vez.