Me he enfrentado a varios monstruos, pero ninguno tan poderoso como el “Ángel Oscuro”. Un ángel que cayó del cielo y que absorbió el peor lado de la humanidad. Se alimentaba de todas las acciones, los sentimientos y los pensamientos negativos de los seres humanos: robos, asesinatos, violaciones, mentiras, traiciones, egoísmo, soberbia, etc. Su poder iba en aumento hasta volverlo casi invencible.
Junto con mi compañera Tesalia, la Hechicera del Norte, juramos detenerlo y la primera vez que lo encontramos fue en medio de un campo en la provincia de Buenos Aires. Usamos nuestros hechizos más poderosos, pero no pudimos detenerlo. Seguía en pie como si no hubiera recibido ningún daño. Fuimos una de las (muy) pocas afortunadas en escapar con vida dado que muchos magos y seres mágicos trataron de matarlo, pero perdieron la vida en el intento.
Había un último recurso que tratamos de evitar a toda costa, pero si había una mínima posibilidad de detener al Ángel Oscuro la íbamos a usar. Viajamos a la Tierra de los Condenados y los Corrompidos donde residen tanto los seres mágicos como no mágicos que tienen el corazón oscuro (creo que no hace explayarme en cuanto a esto). En esa tierra, no se asoma el Sol y no aparece la Luna: todo es oscuro. No crecen árboles ni flores, tampoco hay ríos ni océanos: todo es tierra seca y árida. Nos tuvimos que enfrentar a seres sin corazón y sin alma que parecen deformidades. Se nos abalanzaban miles de esos seres para devorarnos el alma y el corazón, seres que en su vida fueron asesinos, ladrones, corruptos, abusadores, etc.
Después de vencer a miles de estas criaturas, llegamos hasta uno de los lugares más calientes de esa tierra: el hogar del Forjador. Esta criatura, que estaba totalmente armada y nunca mostraba su rostro, tal como su nombre lo indica, forjaba las armas que usaban los seres de ese mundo para combatir en las batallas y las guerras que organizaba el amo de allí. Este ser nos miró de forma extraña ya que era muy raro que dos seres con vida desciendan a ese mundo. Nadie en su sano juicio descendería a esa tierra.
Tiempo después, nos volvimos a enfrentar con el Ángel Oscuro, el cual tenía más poder que la última vez que lo confrontamos. Teselia se comprometió a usar el medallón para desterrarlo a la Tierra de los Condenados y de los Corrompidos. El medallón empezó a hablarle, a decirle que podía hacer cumplir lo que quería. Mientras yo distraía a la entidad malvada la mayor cantidad de tiempo posible, mi amiga dialogaba con el objeto mágico.
Yo no podía contener más tiempo al Ángel Oscuro que me tenía arrinconada y a punto de darme el golpe final. Cuando estaba preparándose para hacerlo (yo tirada en el piso sin esperanza y esperando mi destino fatal), se abre un portal de gran potencia. El Ángel Oscuro empezó a gritar desesperado y el portal se lo empezaba a llevar de a poco.
Cuando la mitad de su cuerpo estaba dentro del portal, me levanté con dificultad por las heridas que tenía y, con las últimas fuerzas que me quedaban, le disparé una bola mágica de gran magnitud que lo terminó de mandar al Infierno. El portal se cerró y Teselia y yo nos unimos en un fuerte abrazo y lloramos largo y tendido de alegría. Se había terminado el sufrimiento y el pesar; o eso era lo que habíamos pensado.