Emma miraba el decadente cielo sobre su cabeza, teñido de un perpetuo negro, con sus ojos rojos mientras lanzaba un suspiro de resignación.
"Bueno, creo que ya estoy muerta", pensó.
Sentada cerca de la puerta de una de las destartaladas casas construidas con metal y escombros, Emma jugaba con un pedazo de piedra en sus manos mientras intentaba recapitular lo que había pasado.
"La madre de Valentín terminó siendo una corrupta asintomática; los señores la descubrieron y la llevaron a la audiencia con el Gran Señor. Valentín intentó impedirlo y, como resultado, casi lo matan. Por suerte logré intervenir y salvarlo... desafiando e insultando a uno de los señores".
"Sip, definitivamente estoy muerta; estoy casi segura de que ese tipo no dejará pasar mi desafío", se dijo a sí misma.
Emma estaba nerviosa y ansiosa; había insultado y ofendido a uno de los señores de la torre, alguien con la autoridad de asesinarla si lo deseaba. La única razón por la que seguía viva era porque resultaba demasiado valiosa para el Gran Señor debido a su infección; sin embargo, eso no significaba que el señor al que ofendió la dejaría en paz. Tal vez no la mataría en público, pero Emma estaba bastante segura de que pagaría las consecuencias, porque cosas como esa ya habían pasado antes.
"Mierda, ¿por qué no pensé mejor las cosas? Pude haber actuado de forma más sumisa, pude haber rogado por su perdón, ¡pero no! Tenía que ir e insultarlo... realmente soy una estúpida, ¡Maldición!", exclamó en su mente.
Por supuesto, Emma no tenía la más mínima intención de desafiar a uno de los señores; sin embargo, en ese momento solo actuó por instinto. Ella sentía rabia y enojo contra aquellos que la usaban como ganado y, como todos, se había estado tragando dichas emociones para no tener problemas. Sin embargo, todos tienen un límite, y para Emma fue la escena que había ocurrido hoy. Ella quería apartar la mirada y actuar como los demás, pero para cuando se dio cuenta, ya estaba corriendo hacia Valentín y soltando los primeros insultos. Al final, no pudo contener su rabia por unos instantes y eso fue lo que la condenó.
Aun con su mirada clavada en el cielo, Emma suspiró y luego se dio un par de palmaditas en las mejillas.
"¡Como sea, lo hecho, hecho está! Tal vez no pase nada; tal vez esa abomina... ese señor no sea tan vengativo", se animó.
"Eso espero".
Tras ese último pensamiento, la muchacha se puso de pie y miró a las personas a su alrededor. Todos caminaban de un lado a otro hablando con conocidos o familiares mientras esperaban que sonara la campana que iniciaría su día laboral.
"Seguro muchos están hablando de lo que pasó esta mañana", pensó Emma.
Podía saberlo por las miradas ocasionales que le lanzaban algunas personas. La captura de un corrupto no era en sí un gran tema de conversación, pues cosas como esa ocurrían todo el tiempo; después de todo, todos, sin excepción, terminaban corrompidos tarde o temprano. Lo realmente sorprendente era que alguien se metiera para ayudar.
"Supongo que me volveré famosa en las demás colonias también", conjeturó.
Bajo el yugo de los monstruosos señores y de su líder, el Gran Señor, los humanos vivían en los límites del domo de oscuridad que los aislaba del mundo exterior, separados en cuatro colonias divididas por murallas de metal custodiadas por alguno de los señores.
"¿Cómo estará Valentín?", se preguntó.
Luego de lo sucedido esa mañana, Emma dejó a Valentín, aún en estado de shock, en manos de la señorita Annie, una mujer de 40 años que, con ayuda de algunas personas de la comunidad, se encargaba de cuidar a los niños que quedaban huérfanos. Emma sentía pena por él, pues, aunque todos en la comunidad se conocían, ella era cercana al niño, ya que su hermana pequeña era bastante amiga del huérfano.
La puerta de la casa donde Emma estaba parada se abrió de repente y de ella emergió la pequeña figura de una niña de 11 años, de pelo negro algo corto y unos ojos grises bastante llamativos. La niña bostezó y luego giró un poco la cabeza, haciendo contacto visual con Emma, a la cual miró para luego sonreír.
-Buenos días -dijo la niña mientras volvía a bostezar.
Emma la miró por unos momentos y luego suspiró.
-Buenos días, Leia -le respondió Emma por fin, mientras trataba de mostrar una cara sonriente.
La niña se frotó los ojos por unos momentos y luego miró a su alrededor; pronto, un ceño fruncido apareció en su rostro.
-¿Por qué todos nos están lanzando miradas furtivas? -la niña miró a Emma y luego agregó-: ¿Hiciste alguna otra tontería?
-Ah, sobre eso, no tienes por qué preocuparte -dijo Emma-, solo jugué al héroe por unos instantes.
Al escuchar la respuesta, la niña se quedó mirando a Emma por un rato más mientras un pensamiento cruzaba por su mente: "¿Qué hizo esta loca ahora?".
Leia estaba a punto de abrir la boca para preguntar, pero en ese momento un fuerte pitido resonó por toda la colonia, interrumpiendo las conversaciones de todos los aldeanos. Emma escuchó el sonido con una leve expresión de molestia y luego suspiró, dirigiendo su mirada hacia su hermana.
-Te contaré todo mientras caminamos -dijo mientras daba un paso adelante.
La niña la miró por unos momentos y luego lanzó otro bostezo antes de seguir a su hermana mayor. Emma organizó sus pensamientos mientras caminaba hacia la torre ubicada en el centro del domo y luego abrió la boca para hablar.
-Lo que pasó fue...
***
-Esto es una mierda.
Limpiándose la sangre de sus ropas, Julius no pudo evitar mirar con asco a la criatura que acababa de descuartizar. El monstruo era un gigantesco licántropo de más de tres metros de altura, el cual había sido reducido a una pasta de carne cortada y mutilada por Julius. El hombre vislumbró los restos un momento más y luego soltó el largo espadón que usaba como arma; este brilló antes de deformarse y cambiar su forma a la de una pequeña gema roja que voló hacia sus bolsillos.
Editado: 27.03.2026