Después de alejarnos pasamos por praderas que tenía un largo, pero muy largo tiempo que mis ojos no miraban, tomo un tiempo para ver las nubes, formando distintas figuras, recuerdo que le gustaba ver a mamá, mientras papá la dibujaba con una sonrisa en su rostro cada vez que la miraba, éramos tan felices antes no sé por qué el destino puede a llegar a ser tan cruel con personas tan buenas como lo eran ellos.
Llegamos a una pequeña aldea donde por mucho hay diez casas, es la primera que veo en años, pero a pesar de ser tan pequeña hay un gran mercado, paramos enfrente de una casa, con grandes ventanales, pero a pesar de ello no alcanzó a ver su interior.
-Espera aquí que ya regreso, no te vayas. - Dijo mi abuela mientras bajaba.
No me dio ni tiempo de responder le cuando se metió a la casa.
Miró niños pasar, mientras tanto la espero.
Observo a unos jugando con una pelota. Se miran tan felices, no recuerdo la última vez que jugué con alguien o tal vez sí, muchos recuerdos borrosos tengo, llegan hacer imágenes sin sentido alguno. Mirando todavía alrededor, escucha una pequeña vocecita que me llama.
- ¿Podría pasarme por favor mi pelota? - Me dice un niño pequeño, con cabello rubio y ojos café. -Si me la puede dar por favor. -Busco la pelota ya que parece callo directo a la canasta de provisiones.
-A qui tienes, jueguen con cuidado.
-Si, muchos gracias, señorita. - Se marcha con un grupo de niños que quiero creer que son amigos de ese pequeño muy alegre.
Viéndolos alejarse siento un aura extraña pero familiar, miro a mi alrededor, pero no veo a nadie que me parezca conocido, a un que la idea de ver a alguien de mi infancia suena bizarra. Decidida bajo averiguar porque me siento tan extraña, camino entre la multitud hay muchos puestos de comida, me detengo haber uno donde hay especies de animales, asombrada por uno en especial.
-Te gustan los animales…-Esa presencia. -Marissa
- ¿Quién eres? -Digo sin animarme a voltear, toda la valentía que sentía en un principio se fue, la voz de ese tipo por extraño que llegue a sonar es familiar pero no sé de dónde.
-Todo a su tiempo Marissa, pronto regresaras a donde debes estar.
-A que te refieres con eso. - Digo volteando, pero ya no está, como soy estúpida si hubiera volteado antes supiera quien era ese tipo.
- Marissa que hace a qui, te dije que no te fueras. - Dice mi abuela muy enojada
-Si lo sé... perdón.
-No importa, ya es hora de irnos, se nos hace tarde.
-Si, abuela que hacemos aquí.
-Solo vine a recoger algunas cosas. -Dice un poco enojada. - Ya sube
Al marcharnos, volví a sentir esa aura rara, mis pensamientos viajan de aquí a ya al no ver el rostro de esa persona. Dejando todo eso, por un lado, preferí dormir un poco que nos esperaría mucho camino, hasta llegar a quien sabe dónde me lleva mi abuela.
Después de sentir un brincoteo despierto de un largo sueño dudoso que no tenía sentido, ya es muy tarde, dormí demasiado tiempo, reflejando mi vista hacia el camino recorrido puedo notar que estamos muy lejos de casa.
Al detenernos en una pradera con un vasto, pasto verde en todo su alrededor.
-Mi niña baja a qui pasaremos lo que resta de la noche. - Me dice bajando de la carreta, soltando a loto de sus riendas, lo lleva a beber un poco de agua y pastar, parece hay un rio cerca, se puede oír desde a qui la corriente del agua.
-Está bien abuela. - Le digo ya casi en un grito.
Me bajo de la carreta, dirigiéndome a la parte trasera de la misma a bajar algunas cobijas, para poder soportar este frio que hace.
-Mi niña que tienes. - Dice mi abuela regresando sin loto
-Y loto donde esta.
-Se quedo descansado, pero dime que te sucede.
-No es nada solo que se siente raro estar tan lejos de casa.
-Eso es normal para ti tenías mucho tiempo si salir de ese sótano. -Lo dice siendo gracioso.
-Si, está más estrellado el cielo de lo que recuerdo.
-Si, ayúdame a encender la fogata, así nos protegeremos del frio de la noche y de los animales nocturnos que se esconden en la oscuridad de esta.
- Claro, cuanto tiempo más nos demoraremos en llegar, toda vía no me dices a donde vamos.
-Llegando lo sabrás. - Dice algo cansada. - Come tu sopa que se en fría. - me entrega un plato de sopa.
Agarro la sopa quedando callada, para no hacer la irritar más, suficiente ya hemos tenido desde aquel día, donde murieron mis padres que dando sola con mi abuela escondida, sigo sin entender el porqué de toda esta persecución hacia mí.
-Estaba deliciosa la sopa gracias abuela. - Le entrego el plato.
-Qué bueno que te gusto, ahora ve a dormir que ya es hora de descansar
-Que tanta falta para terminar el camino hacia nuestro destino.
-Toda vía falta si apenas vamos a mitad del camino, no te preocupes, cuando lleguemos voy a contarte todo, pero con calma, todo a su tiempo mi niña. - Eso me recuerda al dueño de la vos en el mercado.
-Está bien abuela.
-Es hora de dormir, mañana nos espera mucho camino por recorrer. - Lo dice levantándose para dirigirse a la pequeña tienda que levante, la sigo. - Descansa mi niña.
-Descansa abuela. -Puedo observar las estrellas y recuerdo algunas palabras que me había dicho mi madre hace mucho tiempo...
*-Miras esas estrellas en el cielo mi dulzura. - Me dice mi madre.
-Si mami, pero que tienen que ver las estrellas con lo que me contarás. - Digo observando la noche estrellada, sin ninguna nube que oculte la hermosa vista.
-Tiene mucho que ver porque cuando tu padre y yo, no estemos en este mundo nos podrás ver cada noche en una de esas estrellas, seremos las más brillantes así nos vas a distinguir de las demás en ese cielo estrellado. -Me dice con lágrimas en esos hermosos ojos que tiene.