La Ultima Sangre Divina

CAPITULO 5 Armando Ferret

En mi despacho parecía haber sido conquistado por una montaña de papeleo, algunas cartas de los campesinos exponiendo sus exigencias para la reparación de sus casas y campos, que fueron destruidos por unos dragones salvajes que rondan los pueblos, claro que eso ya lo resolví para mí su seguridad es mi prioridad, estoy agradecido por los dones que existen y más por los que se pueden comunicar con los animales, a si pudimos averiguar por qué los ataques de dragones. Otras cartas que llegue a notar son de los nobles, preocupados por los últimos ataques de los socodian en las fronteras del reino unas semanas atrás, los más preocupante es que se retiraron del campo de batalla, es un alivio, pero a la vez no, Rashad el rey de los socodian era muy juicioso con lo que decidia, con el me he lleva bien por el bienestar de nuestros reinos, pero los rumores dicen que callo en una extraña enfermedad hace un par de años y desapareció, que desdé entonces está al frente del reinado es su hermano el siguiente en sucesión; Soren le encanta el derrame de sangre y por más que trato de hacer los tratados de paz no los acepta en sus cartas negándolos dice querer algo pero nunca dice que es lo que codicia.

Demasiado papeleo sigue acumulándose sobre mi escritorio y otro poco en la pequeña mesa que hay en entre medio de los sillones, recordándome que ser el rey de mi pueblo estaba tan lejos de ser sencillo como muchos imagina, codiciando mi vida, la cual yo desearía ser un campesino, ser un poco más libre, que mi vida no fuera tan cargada que el más mínimo de mis errores puede causar un mal en mi reino, pero que estoy diciendo no puedo ser tan mal agradecido con la vida que llevo, a un que me agobia soy feliz con mi responsabilidad.

Suspire, dispuesto a continuar en tratar de terminar lo antes posible antes de su llegada, cuando unos pasos se detienen al frente de mi puerta, esta se abrió apenas unos centímetros y alguien se asomó por la misma antes de anunciar su llegada.

Armando. - Noto que es Mariel, vieja amiga de la infancia, su familia ha servido a la familia real durante décadas, es buena en lo que hace y no solo en sus labores domésticos, sino que es muy buena con el arco y la flecha, es tan ágil y veloz que los enemigos no la notan al llegar.

-Si, Mariel que pasa.

-Llegaron, Armando.

-Está bien, te puedes retirar.

-Si..., claro. - La veo dudar si irse o no.

- ¿Pasa algo Mariel? -Le pregunto al notar su dudes de salir.

-La señora Gloria dijo que lo vería en el jardín.

-Es solo eso. - se queda muda, mirando un punto fijo que poco me importa. -Si ya es todo retirarte. - La observó hasta que la escucho suspirar y sé que hay algo más que quiere decir. - Mariel sabes que puedes contarme lo que sea verdad. - Asiente como repuesta. - Me contaras que te sucede.

-Armando estas seguro de lo que harás, esa muchacha es muy joven e inexperta de lo que sucede. -Se bien a que quiere llevar todo esto y no se lo permitiré. - Ella no sabe del peligro del que se enfrentara, dudó mucho que la señora Gloria se lo haiga dicho conociendo como es no tiene ningún entrenamiento no es apta para ti, ni para el reino.

-Mariel ya sé a dónde va todo esto y por favor no te metas en lo que no te involucra y eso de que no es apta son tonterías tuyas, Marissa aprenderá, entrenará, y será una gran reina para todos.

-Solo trato de hacer que entres en razón, ella es muy joven, y.… Como ya lo dije antes dudo muchísimo que su abuela le hubiera mencionado ya la verdad sobre los socodian.

-Tal vez tengas razón en una sola cosa. - La atenta mirada de Mariel no despega su vista en mí. - Que Marissa conozca lo que realmente es, pero sabrá la verdad de porque los socodian la buscan y su vínculo con ellos. Será mejor que no digas nada ya conoces las consecuencias o quieres que te recuerde que paso con Rusho. - Niega con la cabeza, con miedo en sus ojos. - Será mejor que te retires. -Fríamente le digo, sin ganas de seguir teniéndola enfrente de mí.

-Pero Armando no fue mi intención que te enojaras así, pero...

-Mariel no te lo quiero repetir, vete porque si sigues no sé de lo qué sería capaz.

-Claro alteza, me retiro.

Poso mi vista en el gran ventanal que hay en mi estudio, se mira oscuro, la noche ya está haciendo su llamado a las especies nocturnas, los guardias se mueven rápido en poner la barrera de protección, no recuerdo cuando fue la última vez que todo era tranquilo, tengo que averiguar que paso ese maldito día para que iniciara la guerra entre humanos y los socodian empezaran atacar a los nuestros, arrebatándoles las vidas a tantos que no merecía ese final en ellos mis padres.

Después de tanta espera, de largos días y largas noches, Marissa a llegado, será solo mía, seré yo quien la proteja de todos, el trato se estará cumpliendo en un par de meses, tenía que esperar, pero hoy es el momento. Se que sueno un poco ambicioso, pero no me importa, son más mis ganas de volver a mirar esos ojos cafés.

Saliendo de mi despacho, me dirijo al jardín no sin antes pasar por donde está el retrato de mis padres los extraño en cada momento, pero ya no estaré solo nunca más, a un que este rodeado de personas no es lo mismo, a una persona que te ame, sé que Marissa no me ama, pero me ganare su corazón, para que sepa que es la persona más importante de mi vida desde el primer momento que la conocí, ella no me recuerda era muy pequeña para saberlo tan frágil, bella como un ángel, con una sonrisa que de tan solo mirarla se te alegraban los días.

Marissa

Estoy tan confundida no entiendo nada, mi abuela es una caja de sorpresas me dice cosas, pero me oculta otras ya no aguanto más, tan cansada de todo lo que me sucede que no sé qué hacer. Por qué no puedo tener una vida normal.

-Y bien abuela, di lo que me tengas que contar.

-Es un poco difícil de contar, pero hare lo mejor que pueda. - Respira profundo.- Esto sucedio hace mucho tiempo, cuando tu madre era apenas una reciencien nacida yo llegue a qui, dejando todo atras por el bien de tu madre, no podia permitir que mi Mar se conviertiera en una...-Suspira.- Cuando llegue, no tenia nada, no conocia a nadien, gracias a los cielos que pusieron en mi camino a los que en ese tiempo eran los reyes de estas tierras. Pero al no ser de que aqui no conocia de sus origenes yo solo era una extraña de tierra lejanas, ellos nos brindaron su ayuda, me convertí en la cuidadora de su único hijo que tan solo tenia dos años de edad, el joven Christian Ferret, tu padre era un amigo muy unido de Christian desde toda su vida, al interceder por el conoció a tu madre, ella era tan solo una joven dieciciete años, tu padre era muy tímido cada que tenia cerca a tu madre lo recuerdo muy bien, cada que los miraba podia apresiar el gra amor que se tenian. Al tener la edad suficiente ellos se casaron, pero los problemas apenas empezaban, lo que tanto me temi volvio a resurgir...



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En el texto hay: romance, darkfantasy

Editado: 17.09.2026

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