El castillo de los Valenor tenía un lugar donde el protocolo parecía no existir. Una vieja terraza de piedra construida sobre la muralla oeste.
Desde allí podían verse los bosques, el río y, en los días despejados podían verse todas sus tierras.
Aquel rincón no pertenecía al señor de la Casa, ni a los soldados, ni a los criados. Les pertenecía a ellos.
Cuando Kael llegó, Rowan ya estaba tumbado sobre el pretil mordisqueando una manzana.
—Has tardado tanto que pensaba ir a buscarte… aunque reconozco que el camino hasta aquí era demasiado largo.
Cedric levantó la vista del tablero de estrategia que tenía delante.
—Está a veinte pasos.
—Precisamente.
Evelyn soltó una risa discreta.
Rowan señaló a Cedric.
—¿Ves? Por eso nadie disfruta de tus historias.
—Nunca cuento historias.
—Lo sé.
Kael sonrió por compromiso y Rowan fue el primero en darse cuenta.
—¿Qué ocurre?
Antes de que pudiera responder, unos pasos resonaron escaleras arriba.
—¡Esperadme!
Lyanna apareció con un cesto cubierto por un paño de lino. Respiraba ligeramente agitada.
—La cocinera Marta dice que no os deje morir de hambre.
Rowan se puso una mano sobre el pecho.
—Esa mujer sí sabe reconocer a un héroe.
Lyanna retiró el paño donde había envuelto pan recién horneado, queso, fruta y pequeños pasteles de miel.
Rowan cogió uno.
—Te quiero.
—Lo sé.
—No, hablo con el pastel.
Lyanna le dio un suave golpe en el brazo.
—Pues cásate con él.
Cedric intervino sin apartar la vista del tablero.
—Durará más que cualquiera de tus relaciones.
Evelyn se llevó una mano a la boca para ocultar la risa.
Rowan abrió mucho los ojos.
—¡Hasta tú!
—Solo he dicho un hecho.
—Kael… dile algo.
—Se lo has puesto demasiado fácil.
—Traidores.
Durante unos minutos no hablaron de otra cosa que de la cosecha, de los nuevos caballos del establo y de la última vez que Rowan había acabado en el estanque intentando impresionar a unas damas de otra Casa.
—No me caí.
—Te lanzaste.
—Fue una decisión estratégica.
—¿Con qué objetivo?
—Demostrar que sabía nadar.
Lyanna no podía dejar de reír.
—¿Y funcionó?
—No.
—¿Por qué?
—Porque el agua solo me cubría hasta la cintura.
Las carcajadas resonaron por toda la terraza, incluso Cedric sonrió solo un instante pero Lyanna lo vio.
—¡Lo he visto!
Cedric frunció el ceño.
—¿El qué?
—Has sonreído.
—Te equivocas.
—Evelyn.
La joven levantó la vista.
—Yo también lo he visto.
Rowan dio un salto.
—¡Por fin! ¡Después de años de entrenamiento!
—No estaba sonriendo.
—Entonces vuelve a hacerlo para comprobarlo.
Cedric suspiró.
—Empiezo a entender por qué los monjes hacen voto de silencio.
Las risas volvieron a llenar la terraza.
Kael observó a los cuatro.
A Rowan.
A Cedric.
A Evelyn.
Y, por último, a Lyanna.
Con harina todavía en una manga del vestido, una pequeña hoja enredada en la trenza y comiendo un pastel como si el mundo fuera el lugar más seguro del reino.
Sintió un nudo en la garganta.
Evelyn buscó discretamente su mano bajo la mesa, apenas rozó sus dedos pero fue suficiente.
Kael respiró hondo.
—Tengo que deciros algo.
El silencio cayó sobre la terraza.
Rowan dejó el pastel, Cedric levantó la cabeza y Lyanna inclinó ligeramente el cuello.
—¿Qué ocurre?
Kael sostuvo la mirada de su hermana, era la conversación que llevaba evitando desde que salió del despacho de su padre.
—Ha llegado una carta del rey.
Lyanna dejó de sonreír.
Nadie habló.
—Padre me ha ordenado llevarte a la corte.
El viento movió lentamente las ramas de los robles.
Silencio.
Rowan apretó la mandíbula, Cedric bajó la vista y Evelyn sostuvo la mano de Kael con más fuerza.
Lyanna permaneció inmóvil.
Sorprendentemente, fue ella quien rompió el silencio.
—Bueno…
Los cuatro la miraron.
Ella intentó sonreír, aunque solo le salió una mueca.
—…Siempre he querido conocer el Palacio del Sol.
Rowan negó con la cabeza.
—Ly…
—¿Qué?
Respondió con una sonrisa que no terminaba de convencer a nadie.
—No pienso pasarme los próximos días llorando, si tengo que ir al menos quiero ver si la comida de palacio es tan buena como dicen.
—Lyanna…
—Además…
Miró a Rowan.
—…Seguro que allí hay alguien dispuesto a escuchar tus historias de héroe.
—Eso sí que da miedo.
Aquella respuesta consiguió arrancar una pequeña risa que bastó para aliviar el peso del silencio.
Kael la observó en silencio, su hermana seguía siendo aquella niña que iluminaba cualquier estancia incluso cuando era ella quien más motivos tenía para apagarse y recordó la promesa que hizo cuando ambos eran pequeños.
Mientras los demás continuaban hablando, fingiendo por unos minutos que nada había cambiado, Kael tomó una decisión que no compartió con nadie.
Si la corte pretendía convertir a Lyanna en una pieza más del juego del rey, antes tendría que pasar por encima de él.
Aquel día decidió que jamás volvería a fallarle.
🕌¡¡Hola a todos!!⚔️
Lo primero gracias por darle una oportunidad a esta novela.
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