La undécima casa

Un encuentro inesperado

Las puertas del castillo de Mountcrest se abrieron con un largo chirrido.

Lady Evelyn fue la primera en cruzarlas.

En cuanto desmontó de su caballo, una mujer de cabello oscuro descendió apresuradamente la escalinata principal.

—¡Evelyn!

La joven apenas tuvo tiempo de responder antes de verse envuelta en un abrazo.

—Madre…

Su voz sonó quebrada, habían pasado casi seis meses desde la última vez que se habían visto.

Un hombre de unos cincuenta años descendió después con paso firme, su padre, Lord Alastair Mountcrest.

Su aspecto era mucho menos imponente que el de Lord Aiden y en sus ojos había una calidez que inspiraba confianza desde el primer instante.

Kael inclinó la cabeza.

—Mi señor.

Alastair sonrió.

—Deja esas formalidades para cuando haya invitados, eres de la familia.

Kael respondió con una leve sonrisa, su suegro era una de las pocas personas aparte de sus amigos capaz de hacerle olvidar por un momento el peso que llevaba sobre los hombros.

Mientras los criados se llevaban los caballos, Lyanna observaba el castillo con curiosidad.

—Es precioso.

—Pequeño —respondió Evelyn.

—Acogedor, que no es lo mismo.

Evelyn sonrió.

—Tienes razón.

La comida transcurrió entre historias del viaje y recuerdos de infancia.

Lord Alastair observó varias veces a Kael, el joven heredero apenas probó bocado.

Cuando los sirvientes comenzaron a retirar los platos, el señor de Mountcrest habló.

—Kael.

El joven levantó la vista.

—Ven conmigo. Creo que ha llegado el momento de que me expliques qué ocurre realmente.

Kael intercambió una mirada con Evelyn que asintió discretamente. Había llegado el momento.

Los dos hombres apenas habían recorrido unos pasos por el pasillo cuando un soldado apareció corriendo.

—¡Mi señor!

Alastair se giró.

—¿Qué sucede?

—Acaba de llegar una comitiva, traen el estandarte de la Casa Ravenhart.

Lord Alastair frunció el ceño.

—¿Ravenhart?

—Solicitan hospitalidad para esta noche.

Kael sintió un escalofrío, aquello no podía ocurrir en peor momento.

Alastair suspiró.

—Los dioses tienen un extraño sentido del humor, preparad el salón. No podemos negar refugio a otra Gran Casa, la conversación tendrá que esperar.

Mientras tanto, Lyanna había escapado discretamente del salón, necesitaba estirar las piernas después de tantos días a caballo y terminó perdiéndose entre los jardines traseros del castillo.

—Mucho mejor…

Respiró profundamente, hasta que escuchó un relincho.

Un enorme caballo negro avanzaba hacia ella al trote.

—Eh, tranquilo…

El animal no parecía dispuesto a obedecer.

Lyanna dio un paso atrás justo entonces un hombre apareció corriendo.

—¡Aparta! – le gritó

Ella levantó una ceja.

—Qué forma tan poco educada de saludar.

El desconocido alcanzó al caballo, sujetó las riendas con fuerza y consiguió detenerlo a pocos pasos de ella, el animal resopló. Mientras él le acariciaba su cuello hasta tranquilizarlo.

Solo entonces se volvió, era un hombre alto, de cabello oscuro y ojos grises.

Llevaba una espada al cinto y el escudo de la Casa Ravenhart bordado sobre la capa.

El hombre debía tener la edad de su hermano aunque su gesto era serio.

Muy serio.

—Podríais haberos hecho daño.

Lyanna cruzó los brazos.

—Y vos podríais haber empezado diciendo “buenas tardes”.

Él la observó durante unos segundos.

—Buenas tardes.

Ella sonrió satisfecha.

—Mucho mejor.

El caballero respiró hondo.

—Ese caballo no admite desconocidos.

—Pues yo tampoco.

Hubo un breve silencio, él no parecía acostumbrado a que alguien le respondiera de aquella manera.

—¿Siempre discutís con la gente que intenta ayudaros?

—Solo con los que creen que gritar es una forma de presentarse.

El hombre cerró los ojos un instante como si contara hasta diez.

Lyanna no pudo evitar sonreír.

—Creo que acabáis de enfadaros.

—No me enfado con facilidad.

—Entonces debéis de estar haciendo un gran esfuerzo.

Como si el animal jamás hubiera supuesto un peligro, Lyanna dio un paso al frente y le acarició suavemente el hocico.

El animal se acercó un paso hacia la muchacha.

- ¡Cuidado! Te puede morder, no le gustan los desconocidos.

Lyanna miró al caballo y después al hombre que tenia enfrente

- Creo que aquí el único que muerde es vos.

observó la escena con sorpresa. Un pensamiento cruzó su mente.

“Que curioso, black no se comporta así con nadie”

En ese momento apareció Rowan por el sendero, al ver la escena, comprendió inmediatamente que había llegado tarde y que se estaba perdiendo algo divertido.

—Lyanna ¿Qué has hecho ahora?

Ella señaló inocentemente al desconocido.

—Nada. Solo hemos tenido una conversación.

El heredero de Ravenhart miró a Rowan, al que reconoció al instante, era uno de los guerreros más cercano al heredero Kael de Valenor.

—¿La conocéis?

—Por desgracia.

Lyanna le dio un codazo.

—¡Oye!

Rowan sonrió.

—Mi señor, permitidme presentaros a la única persona del reino capaz de discutir con alguien antes incluso de saber su nombre.

Lyanna hizo una elegante reverencia exageradamente teatral.

—Lady Lyanna Valenor. Un placer… creo.

Por primera vez, el rostro del joven cambió. Valenor. Él inclinó ligeramente la cabeza. Así que, esa muchacha era la hermana de Kael Valenor.

— Ravenhart. Heredero de mi Casa.

—Encantada. Aunque la próxima vez procurad no asustarme con vuestro caballo.

Dárian abrió la boca para responder, pero volvió a cerrarla, no encontró ninguna respuesta.

Rowan empezó a reír y mientras se alejaban del jardín, susurró a Lyanna lo bastante alto para que Dárian pudiera oírlo.




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