Lyanna caminaba sin rumbo por los pasillos de Mountcrest, las voces que había escuchado tras la puerta del despacho no dejaban de resonar en su cabeza.
“Ninguna vuelve.”
“Nadie las ve.”
“¿No os parece extraño?”
Intentó convencerse de que Dárian estaba equivocado, que todo eran imaginaciones de un hombre desconfiado, pero entonces recordó a Elena.
No conservaba apenas recuerdos de ella, solo un rostro amable, unas manos cálidas peinándole el cabello y el vacío que quedó cuando desapareció.
Apretó el paso, solo había una persona capaz de responder a sus preguntas.
Encontró a Evelyn en sus aposentos sentada junto a la ventana.
Leía uno de aquellos viejos libros escritos en una lengua extraña que tanto le fascinaban, al levantar la vista sonrió.
—¿Ya te has perdido otra vez?
Lyanna intentó devolverle la sonrisa, no lo consiguió. Evelyn cerró el libro inmediatamente.
—¿Qué ocurre?
Lyanna permaneció unos segundos en silencio, después preguntó:
—¿Podemos hablar?
La dulzura del rostro de Evelyn desapareció.
—Claro.
Ven.
Lyanna se sentó frente a ella, retorcía nerviosamente un extremo de la manga de su vestido, era un gesto que solo hacía cuando algo la preocupaba de verdad.
—Eve… ¿Tú conociste a mi hermana?
Evelyn tardó unos segundos en responder.
—No.
Llegué muchos años después.
—Entonces…¿Sabes qué ocurrió con ella?
La joven bajó la mirada.
—Sé lo mismo que todo el reino.
Lyanna negó lentamente con la cabeza.
—No. Creo que no es cierto.
Evelyn sintió un vuelco en el estómago.
—¿Por qué dices eso?
Lyanna levantó la vista.
—Porque acabo de escuchar a Dárian Ravenhart.
El silencio cayó sobre la habitación.
—Dice que ninguna de las muchachas vuelve jamás, que nadie las ve en la corte, que nadie recibe cartas.
Evelyn cerró los ojos un instante. Habían llegado demasiado tarde
La puerta se abrió lentamente y Kael apareció en el umbral.
—Evelyn…
Su voz se apagó al ver el rostro de su hermana, miró a una, después a la otra y comprendió inmediatamente que algo había ocurrido.
—¿Qué pasa?
Lyanna se levantó despacio, se acercó a él, nunca le había resultado tan difícil formular una pregunta.
—Kael… ¿Qué pasó con Elena?
Él sintió que el corazón dejaba de latir por un instante.
—Ly…
- ¿Qué pasó Kael?
Silencio.
Kael intenta hablar pero las palabras no le salían.
—No me mientas, por favor no esta vez.
Kael buscó la mirada de Evelyn que negó muy levemente con la cabeza, ya no podían seguir ocultándolo.
Lyanna dio un paso más.
—¿Has vuelto a saber de ella alguna vez?
El silencio fue la respuesta.
Las lágrimas comenzaron a llenar los ojos de Lyanna.
—¿Nunca…?
Kael bajó la cabeza.
—No.
La voz apenas fue un susurro.
—Nunca.
Lyanna sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—Entonces ¿Todo este tiempo…? Cada vez que me decías que padre había recibido una carta
Kael respiró profundamente.
Llevaba diez años imaginando aquella conversación, ninguna de las palabras que había preparado parecía suficiente.
—Escúchame por favor.
Ella asintió sin dejar de mirarlo.
—Hace diez años…
Se hizo un silencio
- padre me obligó a acompañar a Elena hasta el carruaje del rey.
Tragó saliva
- Tenía miedo
Su voz comenzó a quebrarse.
—Me pidió que no la dejara sola, y yo… le prometí que volvería pronto.
Las lágrimas resbalaron por el rostro de Kael.
—Nunca volvió.
Lyanna dio un paso atrás.
Nunca había visto llorar a Kael.
Jamás.
—Durante años pregunté por ella.
Nadie respondía,
padre nunca habló de ella
y me ordenó olvidar pero no pude.
Se llevó una mano al rostro.
—Y entonces comprendí que algún día vendrían también a por ti.
La habitación permanecía completamente en silencio.
—Por eso te enseñé a luchar.
Por eso Rowan y Cedric te entrenaron.
Por eso ocultábamos armas.
Por eso llevábamos provisiones de más.
Lyanna sintió un nudo en la garganta.
—¿Qué… qué queréis hacer?
Kael levantó la vista, en sus ojos ya no había dudas solo determinación.
—No pienso llevarte a la corte, vamos a hacerte desaparecer, vamos a esconderte donde el rey jamás pueda encontrarte, aunque tenga que enfrentarme a nuestro padre, aunque me convierta en un traidor y aunque me cueste la vida.
Lyanna permaneció inmóvil durante unos segundos, nadie habló.
Entonces hizo algo que ninguno esperaba, se acercó despacio y abrazó a su hermano con fuerza, como cuando era una niña.
Kael tardó apenas un instante en devolverle el abrazo.
—Lo siento…
Murmuró con la voz rota.
—Lo siento tanto, Ly…
Ella negó suavemente con la cabeza.
—No, no vuelvas a pedirme perdón por algo que nunca fue culpa tuya.
Evelyn los observó en silencio.
Por fin Kael ya no estaba solo.