La undécima casa

Una alianza inesperada

La sala de mapas de Mountcrest permanecía en silencio, nadie había vuelto a hablar desde que Lyanna pronunciara aquellas palabras.

“¿También esconderemos a todas las niñas?”

Kael seguía inmóvil junto a la chimenea.

Rowan ya no bromeaba.

Cedric observaba el mapa sin verlo realmente.

Evelyn se levantó despacio y se acercó a Kael.

—Creo que deberíamos hablar con mi padre.

Kael levantó la vista.

—¿Para qué?

—Porque lleva más años tratando con el rey que cualquiera de nosotros, quizá vea algo que nosotros no estamos viendo.

Lyanna asintió enseguida.

Kael respiró profundamente.

—Está bien.

Vamos a hablar con él.

Lord Alastair los recibió en su despacho, al entrar, sonrió al verlos a todos juntos.

—Empiezo a sospechar que cuando aparecéis en grupo nunca traéis buenas noticias.

Rowan levantó una mano.

—Yo he traído hambre.

Alastair soltó una pequeña carcajada.

—Eso sí me lo creo.

La tensión de la habitación disminuyó durante un instante, después Kael dio un paso al frente.

—Necesitamos vuestro consejo.

Durante varios minutos le explicaron la conversación mantenida aquella mañana, las dudas de Dárian, las preguntas de Lyanna y finalmente la idea de infiltrarse en la corte.

Alastair permaneció completamente inmóvil, cuando terminaron, negó lentamente con la cabeza.

—No.

Lyanna abrió la boca para protestar.

Pero el señor de Mountcrest levantó una mano.

—No porque sea una mala idea, no porque no quiera ayudaros, sino porque es demasiado peligrosa.

Comenzó a caminar lentamente alrededor de la mesa.

—El rey conoce a todos los grandes señores, conoce a sus hijos, conoce sus alianzas, si una sola cosa sale mal no solo moriréis vosotros, también vuestras familias.

Kael bajó la cabeza, era exactamente lo que él pensaba.

—Entonces… ¿qué hacemos? —preguntó Lyanna con un hilo de voz.

Alastair no respondió, continuó caminando hasta detenerse de repente,

sus ojos se iluminaron.

—Esperad…

Todos levantaron la vista, el señor de Mountcrest sonrió muy levemente.

—Quizá sí exista una posibilidad.

Se dirigió hacia la puerta.

—Mandad llamar al heredero de Ravenhart.

Dárian llegó pocos minutos después, entró en el despacho con gesto serio.

Al ver reunidos a Kael, Lyanna, Rowan, Cedric y Evelyn, frunció ligeramente el ceño.

—¿Ocurre algo?

Alastair señaló una silla.

—Sentaos.

Necesito hablaros de un asunto delicado.

Dárian obedeció.

El señor de Mountcrest no dio rodeos.

—La familia Valenor no viaja hacia la corte para entregar a Lyanna, viajan para impedirlo,

El silencio se hizo absoluto.

Dárian miró primero a Kael.

Después a Lyanna.

Finalmente volvió la vista hacia Alastair.

—Explicaos.

Fue Kael quien habló.

Le contó que diez años atrás su hermana mayor fue reclamada, y ahora era el turno de Lyanna.

Se le hizo un nudo en la garganta al explicar que su plan inicial era hacerla desaparecer.

- No puedo permitir perder otra hermana. Lo prometí

Dárian no decía nada, solo escuchaba.

- Pero no puedo permitir salvarme yo sin saber qué ocurre con el resto de las chicas

Fue Lyanna la que contestó

Cuando terminaron, el rostro de Dárian no reflejaba ninguna emoción, pero sus manos se habían cerrado con tanta fuerza que los nudillos se habían vuelto blancos.

—Así que… vosotros también sospecháis.

Kael asintió.

—No sabemos qué ocurre allí pero sabemos que ninguna vuelve.

Durante unos segundos nadie habló.

Alastair tomó entonces la palabra.

—Creo que podéis ayudaros mutuamente.

Dárian levantó la vista.

—¿Cómo?

—Vos queréis descubrir qué ha ocurrido con vuestra hermana, ellos quieren proteger a Lyanna, si viajáis juntos podréis cubrir las espaldas unos de otros.

Dárian respondió sin dudar.

—No.

La respuesta fue tan rápida que Rowan ni siquiera tuvo tiempo de sorprenderse.

—No pienso llevar a una muchacha de dieciséis años directamente al lugar del que intento sacar a mi hermana.

Lyanna cruzó los brazos.

—Esa muchacha tiene nombre.

—Y muy pocas ganas de obedecer.

—Porque nadie me deja decidir

—Porque todos intentan manteneros con vida.

—¡Qué manía tenéis con decidir por mí!

—¡Porque no entendéis el peligro!

—¡Claro que lo entiendo!

—No, no lo entendéis, si lo entendierais, jamás habríais propuesto semejante locura.

Lyanna dio un paso al frente.

—¿Locura? ¿Queréis hablar de locuras? ¿Quién es el hombre que viaja solo hacia la corte pensando que va a encontrar respuestas entre los muros del rey?

Rowan carraspeó.

—Ha dolido.

Cedric asintió.

—Bastante.

Dárian ignoró los comentarios.

—No viajo solo.

—No. Lleváis cuatro soldados, perdonad mi enorme error.

Kael empezaba a arrepentirse de aquella reunión.

Evelyn se llevó una mano a la frente.

Alastair, en cambio, observaba la escena con una media sonrisa, aquellos dos discutían exactamente igual que dos generales defendiendo estrategias opuestas.

—Lady Lyanna…

—No me llaméis Lady Lyanna, me hace sentir como si tuviera ochenta años.

—Pues entonces escuchadme.

—Escucharé cuando dejéis de dar órdenes.

Dárian respiró hondo, muy hondo.

—¿Siempre sois así?

—Solo con la gente que empieza gritándome el primer día.

—¡Os pedí que os apartarais de un caballo desbocado!

—¡Podríais haber dicho “por favor”!

Rowan rompió a reír.

—Empiezo a entender por qué el caballo estaba nervioso.

Incluso Kael tuvo que ocultar una sonrisa.

Dárian miró al techo como si pidiera paciencia a los dioses.

Entonces Lyanna dejó de sonreír, su expresión cambió por completo.

—Contestadme una cosa.




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