Dos días más tarde el grupo estaba preparado para marchar.
La mañana amaneció despejada sobre las montañas de Mountcrest.
El patio del castillo bullía de actividad. Los mozos ensillaban los caballos, los sirvientes cargaban provisiones y los soldados revisaban por última vez las correas de las armaduras.
A un lado, Lord Alastair aguardaba con las manos cruzadas a la espalda cuando los cinco jóvenes descendieron la escalinata.
El señor de Mountcrest los observó uno por uno con el mismo orgullo con el que un padre contempla a sus hijos antes de emprender un largo viaje.
—Ojalá pudiera deciros que no corráis riesgos —dijo con serenidad—, pero todos sabemos que sería inútil.
Kael inclinó la cabeza.
—Gracias por todo.
Alastair sonrió.
—No me las deis todavía. Esperad a volver todos sanos y salvos.
Evelyn abrazó con fuerza a su padre.
—Prometo regresar.
—Lo sé.
Después tomó el rostro de su hija entre las manos.
—Y prométeme otra cosa.
—¿Cuál?
—Que seguirás siendo la muchacha buena que eres… pero no tan buena como para olvidar cuidar de ti misma.
Ella sonrió con los ojos humedecidos.
—Lo intentaré.
Alastair miró a su hija con un profundo amor.
- Y otra cosa…
Evelyn miró a su padre
- …Recuerda que tu padre siempre estará aquí.
Rowan carraspeó con una sonrisa.
—¿Y nosotros no tenemos abrazo?
Alastair soltó una carcajada.
—Ven aquí, muchacho.
El guerrero recibió un fuerte abrazo que casi le hizo perder el equilibrio.
—¡Eso ha dolido!
—Para que recuerdes que tienes un hogar al que volver.
Cedric estrechó la mano del señor de Mountcrest.
No necesitaban más, un gesto bastaba entre ellos.
Por último, Alastair se acercó a Lyanna, la joven intentó sonreír.
—Supongo que ya no podéis decirme que me esconda en una cabaña.
—No, pero sí puedo pedirte una cosa.
—¿Cuál?
El hombre apoyó una mano sobre su cabeza, como si aún fuera una niña.
—No pierdas nunca esa luz que llevas dentro, habrá personas que intentarán apagarla, no las dejes.
Lyanna sintió un nudo en la garganta.
—No lo haré.
Finalmente, Alastair se volvió hacia Dárian.
Los dos hombres intercambiaron una mirada cargada de significado.
—Confío en vos.
Dárian asintió con solemnidad.
—No le ocurrirá nada mientras pueda evitarlo.
Kael observó aquella escena, no confiaba todavía en Dárian pero, por primera vez, creyó en sus palabras.
Cuando la comitiva abandonó Mountcrest, Alastair permaneció en las escaleras. Había mandado a ese grupo a una misión que ni siquiera sabía si tendría éxito.
Pensó que debía avisar a los señores de Valenor y Ravenhart, ambos eran grandes amigos.
El problema era que si decía algo ambos partirían a buscar a sus hijos de inmediato y algo le decía que ese grupo de jóvenes eran los únicos que podían descifrar el gran secreto que se escondida tras los muros de la corte.
El aire era fresco y el camino descendía entre bosques de robles y hayas, durante la primera hora reinó el silencio hasta que Lyanna lo rompió.
—¿Falta mucho?
Dárian ni siquiera giró la cabeza.
—Acabamos de salir.
—Ya lo sé, por eso pregunto.
—Mucho.
—¿Cuánto es mucho?
—Mucho.
Lyanna miró a uno de sus soldados.
—¿Siempre responde así?
—No, a veces utiliza menos palabras.
Cedric ocultó una sonrisa.
Dárian continuó cabalgando como si no hubiera oído nada.
Siguieron cabalgando hasta que Lyanna paro su montura y dio un grito
- ¡No puede ser! Es precioso
Bajó de un salto del caballo y corrió al interior del bosque haciendo que todos pararan la marcha sin saber realmente que ocurría.
Dárian saltó del caballo y corrió tras ella con la espada desenvainada.
¿Dónde demonios se había metido esa muchacha?
Miró en un barranco que había cerca, no había señales que nadie hubiese resbalado por ahí.
- ¡¡Lyanna!!
No obtuvo respuesta.
Buscó alguna rama rota, alguna huella en el suelo, incluso sangre.
¿Cómo era posible que hubiese desaparecido tan deprisa? Solo habían pasado unos segundos.
Cuando la encontró estaba la imagen que vio le ruborizó a la vez que le enojo.
Lyanna estaba agachada, con medio cuerpo metido en una madriguera. Desde donde él estaba solo podía ver sus piernas y el trasero enfundado en aquellos pantalones de cuero.
- ¡Sal bonito!, no te voy a hacer nada, solo quiero acariciarte.
Dárian se quedó inmóvil unos segundos.
¿Estaba... hablando con un conejo?
- ¿Se puede saber que haces?
Lyanna dio un respingo asustada al escuchar la voz del insoportable heredero
- ¿Qué crees que hago metida en una madriguera?
Al girarse para mirarlo vio que tenía su espada en la mano
- ¿Por qué tienes la espada desenfundada?
- Creía que estabas en peligro
- ¿Por un conejo? Mirad esa carita ¿Que peligro puede representar?
Lyanna tenía en sus manos un precioso conejo blanco al que le hacía caricias mientras hablaba con Dárian.
- No sabía que ibas tras un conejo, pensaba que …
No pudo terminar la frase porque en realidad Lyanna tenía razón, ya era la tercera vez que paraba la marcha por algo así.
- Deberías dejar el conejo en su sitio y marcharnos
- ¿Por qué no me lo puedo llevar?
- Porque si te lo llevas servirá de cena para esta noche. ¡Vamos!
Lyanna se quedó blanca, ese hombre era un salvaje ¿Cómo se podía llamar Lord?
- Eres un monstruo, no tienes sentimientos
Dárian reanudó la marcha intentando mantener el gesto serio.
Para su fastidio, descubrió que estaba sonriendo.
Borró la sonrisa de inmediato.
Lyanna volvió a su caballo y fulminó a Dárian con la mirada, cosa que pareció no molestarle en absoluto
No pensaba hablar a ese asesino de conejos nunca más.