La única constante

2. Punto de gravedad

El sol de la mañana en Kranthos no tenía nada de poético para Lincoln Myers. Era, simplemente, el inicio de un ciclo repetitivo que marcaba el tiempo de sus responsabilidades. Muy lejos de la imagen de rebelde sin causa que proyectaba en los pasillos de la academia, el Lincoln que se levantaba a las 5:30 AM era un mecanismo de rutina y cuidado.

Sin música estridente ni chaquetas de cuero a la vista, ni sarcasmos controlados, Lincoln se movía por la pequeña y humilde casa con la eficiencia de un algoritmo. Barrió la sala con movimientos rítmicos, recogiendo el polvo que se acumulaba sobre las alfombras desgastadas. Luego, en la cocina, el sonido metálico de los platos al ser lavados era lo único que rompía el silencio del amanecer.

No lo hacía por obligación impuesta, sino por una devoción silenciosa hacia su abuela, la mujer que le había enseñado que el universo se regía por leyes inquebrantables pero que el corazón humano era una variable caótica, ya no podía encargarse de todo.

Cuando escuchó el suave arrastrar de zapatillas sobre el suelo de madera, la expresión de Lincoln cambió por completo. La máscara de cinismo y arrogancia que usaba en el instituto se desmoronó, dejando paso a una sonrisa genuina y cálida.

—Buenos días, Linlin brillante —dijo su abuela, con la voz ronca pero llena de ternura.

—Te he dicho que no me llames así, abuela —respondió Lincoln, ayudándola a sentarse a la mesa mientras le servía un tazón de avena caliente y un café con la cantidad exacta de azúcar que a ella le gustaba—Pero técnicamente, según los últimos exámenes, sigo siendo el más brillante de la zona, así que te lo paso.

La anciana soltó una risita y le dio un golpecito en la mano. —¿Y esa chica, la hija de Roland? ¿Has dejado de molestarla o sigues intentando demostrar que las leyes de la física son más importantes que la educación básica?

Lincoln se tensó un segundo mientras limpiaba la encimera. —Margaery es una Morgan, abuela. Tiene todos los recursos del mundo y aun así cree que el esfuerzo es algo que se hereda. Solo le doy recordatorios de realidad.

—Le das atención, que es diferente —replicó ella con una mirada perspicaz— Roland fue un tonto al no querer enseñarte, pero no dejes que el rencor nuble tu juicio. Esa niña tiene los ojos de alguien que busca respuestas, no solo trofeos.

Lincoln suspiró, besando la frente de su abuela antes de recoger su mochila. —Lo que ella busca es ganarme, pero no va a suceder. Hoy tengo que revisar unos circuitos para el proyecto del festival. No te esfuerces demasiado hoy, ¿vale? Volveré a las cuatro para hacer la cena.

—Ve a estudiar, Lincoln. Y trata de no causar ninguna explosión, ni emocional ni literal.

Lincoln salió de la casa con una última sonrisa. En cuanto cruzó la verja del jardín y se puso su chaqueta negra, sus hombros se tensaron y su mirada se volvió afilada. El nieto dócil y trabajador se quedó bajo llave dentro de la casa; el Lincoln Myers que el mundo conocía el genio arrogante que saboteaba a los Morgan acababa de entrar en escena.

En cuanto la puerta de su casa se cerró tras él, Lincoln se ajustó el cuello de la chaqueta, se colocó sus gafas de sol y metió las manos en los bolsillos, adoptando ese aire de indiferencia absoluta que era su mejor armadura.

Un claxon estridente rompió la calma del vecindario. Un coche de lujo, de un color blanco demasiado brillante, frenó en seco frente a él. Al volante estaba Theodore, quien, a pesar de ser un estudiante, conducía un vehículo que costaba más que la casa de Lincoln gracias a los turbios negocios de su padre.

—¡Sube, Myers! —exclamó Theodore con su característico acento meloso— No querrás llegar tarde al lugar donde todos esperan ser iluminados por tu arrogancia, ¿verdad?

Lincoln soltó una risa seca y subió al asiento del copiloto.

—Solo quiero ver qué cara pone hoy la heredera de Morgan cuando vea que sigo respirando su mismo aire purificado.

Mientras tanto, en los jardines del campus, la paz reinaba alrededor de un gran roble antiguo. Margaery estaba sentada sobre una manta impecable, rodeada de libros y tarjetas de estudio. Tenía un examen de termodinámica en la tercera hora y estaba repasando las posibles preguntas trampa que la profesora Sandra solía incluir.

—Si el sistema es adiabático, entonces ΔQ=0—susurró para sí misma, marcando un párrafo con un resaltador color menta— Por lo tanto, el trabajo realizado es igual a la variación de la energía interna…

Estaba concentrada, casi en trance, hasta que un murmullo creciente empezó a extenderse por la entrada principal. Margaery levantó la vista, ajustándose las gafas de estudio.

El coche de Theodore se detuvo en la zona de No estacionar, y Lincoln bajó de él con una parsimonia irritante. No caminaba, desfilaba. A su paso, algunos estudiantes de primer año se apartaban con una mezcla de miedo y admiración, mientras sus amigos de mala influencia se unían a él como si fuera un séquito real. Lincoln lanzó un comentario sarcástico que hizo reír a carcajadas a los que lo rodeaban y, por un segundo, su mirada buscó el árbol donde sabía que ella estaría.

Margaery sintió un vuelco en el estómago, una mezcla de rabia y una extraña inquietud que se negaba a admitir.

—Ahí está —masculló ella, apretando el libro contra su pecho—El error estadístico más grande de esta escuela. ¿Cómo puede alguien que cocina teorías tan brillantes comportarse como un matón de película de segunda?

Vio cómo Lincoln se despedía de Theodore con un choque de manos y empezaba a cruzar el patio. Él no la saludó, pero al pasar cerca del árbol, elevó la voz lo suficiente para que ella lo escuchara.

—Asegúrate de repasar la entalpía, Calaghan. No querría que tu cerebro se sobrecaliente por falta de flujo de energía hoy.

Margaery cerró su libro de golpe, con las mejillas ardiendo.

—¡Vete a estudiar ética, Myers! ¡A ver si así aprendes a caminar sin creerte el centro de gravedad del universo!




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.