La única constante

7. Colisión inelástica

❝Toda masa en el cosmos ejerce un hilo invisible de atracción sobre otra, una fuerza silenciosa que ignora la distancia y el vacío, dictando que nadie es realmente una isla en la inmensidad. Es la geometría del deseo físico: una magnitud que crece con la esencia de lo que somos y se intensifica exponencialmente cuanto más se acortan los espacios, recordándonos que, en un universo regido por la gravedad, caer hacia alguien no es un error, sino una ley inevitable.

Ley De Gravitación Universal

~

A la mañana siguiente, en la pequeña casa de los Myers, el aire olía a té de hierbas y a estaño de soldadura. Lincoln estaba frente al espejo del pasillo, librando una batalla interna que era mucho más compleja que cualquier problema de física cuántica.

Tenía tres camisas extendidas sobre la cama. Una era su habitual camiseta negra, lisa y simple, la otra era una camisa rojo vino que le quedaba sospechosamente bien, y la tercera era un polo que su abuela le había regalado y que gritaba ‘chico bueno’.

—Es una reunión técnica, Lincoln. Una tregua de guerra —se dijo a sí mismo, pasándose la mano por el pelo rubio por décima vez en cinco minutos— No es una cita, ella es una Morgan. Es el enemigo. Probablemente lleve un grabador oculto o esté intentando analizar mi lenguaje corporal para encontrar mis debilidades.

Se puso la chaqueta negra de siempre, pero luego se la quitó, luego se la volvió a poner mirándose al espejo.

—¿Buscando la simetría perfecta o solo intentando impresionar a la chica de los ojos inteligentes? —la voz de su abuela resonó desde la puerta de la habitación.

Lincoln se sobresaltó tanto que casi tira el espejo. —¡Abuela! No estoy intentando impresionar a nadie. Margaery Morgan me ha citado para discutir términos de competencia, es una maniobra estratégica.

La anciana se apoyó en su bastón, observando el caos de ropa sobre la cama con una sonrisa que Lincoln conocía bien, esa sonrisa de quien sabe que la gravedad siempre gana.

—Si es una maniobra estratégica, ¿por qué te has lavado el pelo tres veces? —preguntó ella con malicia—Escúchame, Lincoln. Roland Morgan te rechazó como aprendiz por ser demasiado poco convencional, pero su hija no es él. Si vas a ir con ese escudo de arrogancia, solo verás lo que ella quiere que veas.

—Ella quiere ver mi derrota, abuela —gruñó Lincoln, rindiéndose y poniéndose la camisa rojo vino bajo su chaqueta negra. Al menos así se sentía más él mismo.

—O tal vez ella tiene tanto miedo como tú —añadió la abuela, acercándose para ajustarle el cuello de la chaqueta—El consejo de una física vieja: en una colisión de alta energía, lo más importante no es quién golpea más fuerte, sino quién es capaz de absorber el impacto sin romperse. Sé tú mismo, Lincoln. El Lincoln que me cuida a mí, no el que todos creen que es un rey, eso la descolocará más que cualquier fórmula.

Lincoln tragó saliva. La idea de ser él mismo frente a Margaery le producía más vértigo que asomarse al borde de un agujero negro, se miro al espejo se veía bastante bien, con sus pantalones negros, parecía más bien como un chico rockero que un estudiante de ingeniería.

—Ella me odia, abuela y yo la detesto. Es una pequeña y molesta molécula en mi sistema.

—Las moléculas son como las variables, son molestas, pero suelen ser las que hacen que la ecuación sea interesante —concluyó ella, dándole una palmadita en la mejilla— Ahora vete. El Khransy’s Diner no espera a nadie, y la puntualidad es una forma de respeto, incluso entre enemigos.

Lincoln salió de la casa casi corriendo, subiéndose a su bicicleta. Mientras pedaleaba hacia el centro de la ciudad, el corazón le latía a un ritmo que no podía explicar, no era miedo, era esa curiosidad que se estaba transformando en algo eléctrico, algo que lo empujaba hacia el Diner con una fuerza de atracción que desafiaba todas sus teorías previas.

Por otro lado, Claudia se tomaba la física muy en serio, especialmente cuando se trataba de física del corazón. Por eso, media hora antes de las cinco, ya había desplegado su ‘unidad de inteligencia’ en el rincón más oscuro y pegajoso del Khransy’s Diner.

—¡Escuadra Alfa, reportándose! —susurró Claudia, ajustándose unos bigotes postizos y un sombrero de ala ancha que le quedaba tres tallas grandes.

—Claudia, esto es ridículo —protestó Steven, que llevaba una peluca rubia platino y sostenía el menú frente a su cara para ocultarse—Estamos a plena luz del día. Mamá me va a matar si se entera de que no estoy terminando el inventario por estar espiando a nuestra prima en una no-cita.

—Shhh, Steven. La ciencia requiere sacrificios —replicó Claudia—Kendall, ¿cómo va el camuflaje?

Kendall, que se había tomado la misión como un desafío, llevaba unas gafas de sol enormes y una gabardina de alta costura que, irónicamente, la hacía destacar más como si fuera desnuda. Estaba dibujando rápidamente en su bloc. —Visualmente, la composición es perfecta. Si Lincoln y Margaery se sientan en la mesa 4, tendremos el ángulo ideal para ver sus micro expresiones. He traído mi lente de aumento de diseño.

—Yo solo estoy aquí porque Claudia me prometió que habría nachos gratis y porque quiero ver si Myers se desmaya de los nervios —añadió Abigail, que se había limitado a ponerse una gorra hacia atrás y unos anteojos de lectura que no necesitaba.

De repente, la puerta del local se abrió. El sonido de la campanilla hizo que los cuatro se hundieran en sus asientos de golpe.

Era Margaery, llevaba un vestido hermoso e impecable y su mochila cargada de libros, pero se movía con una rigidez que delataba sus nervios. Se sentó en la mesa 4, frente a la ventana, y comenzó a organizar tres cuadernos, dos bolígrafos de gel y una calculadora científica.

—Mírenla —susurró Claudia—Ha traído una calculadora a una cita, es tan Morgan que duele.




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