La única constante

9. Reacción en cadena

❝La existencia no es un estado estático, sino una lucha incansable por la adaptación, donde solo aquello que posee la fuerza para transformarse logra trascender al olvido. Es la narrativa de la persistencia: una selección natural de momentos y rasgos donde el azar se encuentra con la necesidad, demostrando que no sobrevive el más fuerte ni el más inteligente, sino aquel capaz de encontrar en la mutación y en el encuentro con el otro la clave para no extinguirse en la inmensidad del tiempo.

Teoría De La Evolución

~

Margaery no lloró. En la familia Morgan, las lágrimas se consideraban una pérdida ineficiente de fluidos corporales, en su lugar, se encerró en el taller del instituto, buscando refugio en el único lenguaje que nunca le fallaba: la mecánica.

Necesitaba que el motor funcionara perfectamente; necesitaba ganar ese festival para demostrarle a Lincoln, y a sí misma, que no necesitaba su chaqueta, ni su tregua, ni su presencia, sin embargo, mientras ella se concentraba en apretar cada tornillo, Theodore Gleeful se deslizaba por las sombras del pasillo.

Theodore sabía que Lincoln estaba afectado; lo había visto mirar la chaqueta con una mezcla de arrepentimiento y asco durante toda la clase de cálculo. No podía arriesgarse a que Lincoln se disculpara con ella, tenía que terminar lo que empezó.

Aprovechando que Margaery fue a buscar una pieza al almacén del sótano, Theodore entró en el taller, con una sonrisa maliciosa, sacó de su bolsillo un pequeño frasco de ácido fluorhídrico. Sabía exactamente dónde verterlo, en los conectores de fibra óptica que Lincoln había ayudado a instalar. El ácido no destruiría el motor de inmediato, pero causaría un cortocircuito en cuanto se encendiera frente al jurado.

Para sellar el destino de Lincoln, Theodore sacó un objeto de su bolsillo, un destornillador sónico personalizado, con el mango amarillo y el grabado ‘Myers’ en el lateral. Lincoln lo había dejado olvidado en el coche de Theodore la semana anterior, lo dejó caer justo debajo de la mesa de trabajo de Margaery, medio oculto por unos cables.

Salió de ahí con una gran sonrisa, y minutos después Margaery regreso, pero ello frunció el ceño confundida cuando sintió un olor extraño, como a plástico quemado. Alarmada, empezó a revisar las conexiones, su corazón se hundió al ver la corrosión en los cables.

—No puede ser —susurró, sintiendo un nudo en la garganta.

Se arrodilló para buscar el origen del daño y su mano chocó con algo metálico. Al sacarlo, la luz del fluorescente iluminó el nombre: Myers.

Margaery apretó el destornillador contra su pecho. La humillación de la mañana en los casilleros no había sido suficiente para él, Lincoln no solo quería romperle el corazón frente a todos; quería destruir su carrera, su futuro y su esfuerzo.

En ese momento, la puerta se abrió. Era Lincoln, había pasado las últimas tres horas ensayando una disculpa, harto de la presión de Theodore y del vacío que sentía en el pecho al saber que la hija más preciada de los Morgan ya no fuera parte de su vida.

—Morgan tenemos que hablar —dijo Lincoln, dando un paso hacia ella—Lo de esta mañana fue una estupidez, Theodore me estaba presionando y yo-

Margaery se puso de pie, con los ojos inyectados en sangre y el destornillador en alto, mostrándoselo como si fuera una prueba criminal.

—¿Viniste a ver si el ácido ya había hecho efecto, Lincoln? —su voz era un látigo—¿O viniste a recuperar tu herramienta para terminar el trabajo?

Lincoln se quedó paralizado al ver su destornillador y, detrás de ella, el panel de control del motor echando chispas negras.

—Margaery, yo no he estado aquí. Ese destornillador lo perdí hace días —intentó explicar, dando un paso hacia ella, pero ella retrocedió como si él fuera veneno.

—¡Vete! —gritó Margaery, y esta vez su voz sí se quebró—Ganaste, Lincoln. Ya no hay tregua, ni experimentos, ni nada. Me lo advertiste hoy, somos enemigos, ahora lárgate antes de que te lance este motor a la cabeza.

Lincoln miró el destornillador, luego el motor destrozado y finalmente a Margaery. Vio el odio puro en sus ojos y sin decir una palabra, se dio la vuelta y salió del taller, sintiendo que esta vez, el peso de su propia reputación lo estaba asfixiando de verdad.

Margaery se quedó sola en el taller, rodeada por el zumbido de las luces fluorescentes y el olor acre del ácido. Durante diez minutos, permaneció inmóvil, mirando el destornillador de Lincoln sobre la mesa, el impulso de rendirse, de llamar a su padre y decirle que Myers habían ganado, era una fuerza de succión casi irresistible.

Pero entonces, la rabia herida se transformó en algo más frío y eficiente: determinación.

—No me vas a ganar así, Myers —susurró para sí misma, recogiéndose el pelo en una coleta tensa y ajustándose las gafas.

Margaery desplegó los planos sobre el banco de trabajo que no estaba manchado de ácido. El daño era severo, pero ella podía trabajar bajo presión. Theodore, en su ignorancia, había atacado los conectores de fibra óptica, creyendo que eso detendría el flujo de energía, lo que no sabía era que Margaery siempre diseñaba sus sistemas con una redundancia estructural.

A las 23:00 PM, Margaery comenzó el proceso de limpieza, con manos temblorosas pero segura de sí misma, usó una solución básica para neutralizar el ácido fluorhídrico antes de que corroyera el chasis de titanio.

Lo hizo siguiendo su instinto, salvando lo que era casi imposible.

A la 01:30 AM, la fatiga empezó a pasarle factura, sus ojos le ardían y el café de la máquina del pasillo ya no hacía efecto, sin embargo, cada vez que sentía que sus párpados pesaban, recordaba la risa burlona de Lincoln en los casilleros y recuperaba la energía.

Ella no se dejaría vencer, se pellizco las mejillas con fuerza para que el dolor la mantuviera despierta.




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