El ambiente en el instituto dejó de ser frío para volverse volcánico. La ley de hielo de Margaery se resquebrajó, no para dar paso al perdón, sino para transformarse en una hostilidad activa, bajo el veneno que Theodore les había suministrado a ambos, la admiración intelectual se convirtió en una competencia por la aniquilación mutua.
Margaery fue la primera en golpear, convencida de que Lincoln era un saboteador mentiroso, decidió que el que a hierro mata, a hierro muere. Durante la hora del almuerzo, se filtró en el servidor del laboratorio y, con una serie de comandos rápidos, instaló un virus de bucle infinito en el software de simulación de Lincoln.
Cuando Lincoln llegó a su terminal, el sistema empezó a emitir un pitido ensordecedor y la pantalla se llenó de ecuaciones que se borraban a sí mismas. En el centro, un pequeño icono de un rayo parpadeaba con sorna.
—¿Quieres jugar sucio, Morgan? —gruñó Lincoln, apretando los dientes mientras veía cómo horas de cálculos se perdían—Bien, veamos si tu motor aguanta una frecuencia de resonancia inestable.
Lincoln no se quedó atrás, esa misma tarde, usó un generador de pulsos electromagnéticos de bolsillo que había construido para emergencias y, al pasar por la puerta del taller de Margaery, lo activó.
El resultado fue inmediato, las luces del taller parpadearon y el sistema de calibración láser de Margaery se desajustó por completo, arruinando la alineación de los espejos que le había tomado tres días configurar.
—¡Myers! —gritó Margaery desde dentro, escuchando la risa seca de Lincoln alejándose por el pasillo.
Lo que antes eran roces accidentales y miradas robadas, ahora eran trampas estratégicas, un día Margaery cambió los reactivos químicos de Lincoln por soluciones salinas inertes, haciendo que sus experimentos de combustión fallaran una y otra vez sin explicación aparente.
Después, Lincoln hackeó el sistema de sonido del instituto para que, cada vez que Margaery abría su casillero, sonara a todo volumen la marcha fúnebre, burlándose de su seriedad, luego Margaery interceptó un pedido de piezas de Lincoln y lo redirigió a una dirección falsa en el otro extremo del estado, dejándolo sin suministros críticos para el ensamblaje final.
Claudia observaba desde lejos, con el corazón roto. Vio a Margaery escondiendo piezas del proyecto de Lincoln y a Lincoln borrando archivos del disco duro de Margaery, ya no se trataba de quién era mejor científico, sino de quién podía herir más al otro.
Theodore, sentado en la cafetería con Xiomara, disfrutaba del espectáculo como si fuera una obra de teatro de primera clase.
—Míralos, Xio —susurró Theodore, dándole un sorbo a su malteada—Dos de las mentes más brillantes de Kranthos, destruyéndose por un par de mentiras bien colocadas. Es poético.
—No lo sé, Theo —respondió Xiomara, mirando a un Lincoln visiblemente demacrado y furioso—Lin parece que va a explotar en cualquier momento. ¿No crees que se nos está pasando la mano?
—En la guerra y en la ciencia, querida, no existen los excesos —sentenció Theodore—Mañana es la entrega final de los avances, y para entonces, no quedará nada de su conexión especial.
Claudia sabía que ser buena no serían suficientes para una rival como Xiomara, mientras en el laboratorio se oían los gritos de Margaery y Lincoln en una de sus peores discusiones, Claudia interceptó a Xiomara en los vestidores de las porristas.
—¡Muy bien, Rubia de Platino! ¡Habla ahora o calla para siempre en el juicio del amor! —exclamó Claudia, señalándola con un dedo índice— Sé que Theodore te obligó a mentir sobre la coartada de Lincoln. ¡Dilo y salva el universo!
Xiomara se giró lentamente, mirándola por encima de su hombro con una frialdad impecable, se ajustó el lazo de su coleta y soltó una risita seca.
—Claudia, por favor. ¿Crees que voy a traicionar a mi novio solo porque tú tienes una fantasía con que esos dos nerds terminen juntos? —Xiomara se cruzó de brazos—Estuve con Lincoln en el gimnasio, punto. Si Margaery no le cree porque es una insegura, no es mi problema y si Theodore tiene planes, bueno, por eso él es el que manda y tú eres la que usa suéteres con olor a gato.
—¡Pero Xiomara! ¡Se están destruyendo! —insistió Claudia—¡Tú sabes que Lincoln no es un saboteador de motores!
—Lo que yo sé es que mi lealtad está con Theodore —sentenció Xiomara, cerrando su casillero con un golpe final—Ahora quítate, tengo un ensayo y tú tienes una vida que encontrar.
Claudia se quedó sola en el vestidor, frustrada. Xiomara no iba a ceder; su lealtad (o su miedo) a Theodore era más fuerte que su conciencia, pero Claudia no se dio por vencida. Si la testigo principal no hablaba, necesitaba evidencia forense de nivel Claudia.
Corrió hacia el cuarto de conserjes, donde Steven la esperaba con impaciencia.
—Falló, ¿verdad? —preguntó Steven al ver su cara.
—Peor que un suéter lavado con cloro —respondió Claudia—Pero si Xiomara no confiesa, tendremos que encontrar la prueba del delito. Theodore tuvo que dejar un rastro, nadie entra al taller de Margaery sin ser visto por- ¡LAS CÁMARAS DE SEGURIDAD!
—Theodore borró los registros de la nube, Claudia, ya lo comprobé —dijo Steven desanimado.
—Pero no borró los registros físicos de la sala de control vieja —Claudia sonrió con malicia—Esa que mamá dice que es demasiado cara de arreglar y que nadie usa desde años, si Theodore entró al taller para dejar el destornillador, su reflejo tiene que estar en alguna parte.
Por otro lado, la tensión entre Lincoln y Margaery alcanzó su punto de ebullición. Ambos estaban frente a frente, rodeados de proyectos medio saboteados y cables cortados.
—¡Eres un hipócrita, Myers! —gritó Margaery, lanzando una placa base quemada sobre la mesa —¡Diciendo que estabas con Xiomara mientras vertías ácido en mi fibra óptica!
—¡Y tú eres una cínica! —rugió Lincoln, acercándose tanto que sus frentes casi se tocaban—¡Creaste tu propio sabotaje para hacerme quedar mal! ¡Theodore me lo contó todo! ¡Incluso me mostró el audio de cómo te burlabas de mí!
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Editado: 09.06.2026