❝El tiempo y el espacio no son escenarios rígidos, sino un tejido flexible que se curva ante la presencia de una masa lo suficientemente poderosa, demostrando que la realidad es siempre una cuestión de perspectiva. Es la geometría del destino: una verdad absoluta que dicta que el tiempo puede detenerse o acelerarse según quién esté a tu lado, y que, en un universo de constantes relativas, la única medida real del mundo es la luz que emites cuando chocas contra el horizonte de sucesos de otra persona. ❞
Teoría De La Relatividad
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Una vez en el pasillo principal, lejos de la energía opresiva del sótano, Margaery se detuvo y se cruzó de brazos, mirando a los hermanos con una mezcla de impaciencia y furia contenida.
—¡Ustedes dos! —exclamó Margaery—¿En qué demonios estaban pensando? ¡Podrían haber salido heridos! Infiltrarse en la sala de seguridad, confrontar a Theodore ¡es una irresponsabilidad estadística total! ¡Casi los expulsan, o peor!
Steven bajó la cabeza, sintiéndose culpable, pero Claudia no se intimido por ella, se cruzó de brazos también, imitando la postura de su prima, y la miró directamente a los ojos con una seriedad impropia de ella.
—¡Ah, no! ¡Ni se te ocurra, Margaery Morgan Calaghan! —le espetó Claudia—Nos estás regañando a nosotros porque es más fácil que admitir que fuiste una tonta.
Margaery parpadeó, desconcertada. —¿Qué dijiste?
—¡Lo que oíste! —continuó Claudia, dando un paso al frente—Tienes un cerebro del tamaño de un planeta, pero dejaste que un niño con peluquín te hiciera dudar de Lincoln con un truco de audio barato. ¡Nosotros tuvimos que bajar a ese sótano oscuro y lleno de arañas porque tú no podías simplemente sentarte y pensar: "¿De verdad Lincoln haría esto?"! ¡Estuviste días rompiendo cosas y lanzando rayos láser de odio porque tu orgullo es más grande que tu sentido común!
Margaery abrió la boca para replicar, pero no salió ningún sonido. La lógica de Claudia era irrefutable, se dio cuenta de que, por una vez, su capacidad de análisis se había visto nublada por sus emociones, y que, si no fuera por sus primos, ella y Lincoln seguirían destruyéndose mutuamente.
Sintió un calor repentino subir por su cuello hasta sus mejillas. Bajó la mirada, jugueteando con el borde de su bata de laboratorio, sintiéndose genuinamente avergonzada frente a la niña del suéter de gatito.
—Yo —susurró Margaery, su voz perdiendo toda su fuerza— Tienes razón, Claudia. Me dejé llevar por la ira, fui una… fui una irracional, gracias por ayudarnos.
Claudia suavizó su expresión y le dio un rápido abrazo. —De nada, Marge, pero la próxima vez que el amor de tu vida parezca un villano, ¡mira debajo del peluquín del sospechoso primero!
Mientras tanto, desde el sótano, se escuchó un grito de puro terror de Theodore, seguido de un silencio absoluto que hizo que los tres jóvenes se estremecieran. La puerta del sótano se abrió con un chirrido lento que pareció durar una eternidad, Lincoln Myers emergió de las sombras con una calma que resultaba mucho más inquietante que cualquier estallido de furia.
Se estaba ajustando los puños de su chaqueta negra con movimientos metódicos y precisos, como si acabara de salir de una reunión de negocios particularmente productiva, no tenía ni un rasguño, ni una mancha, pero su ojo conservaba un brillo residual, una vibración eléctrica que hacía que el aire a su alrededor se sintiera pesado.
Un segundo después, Theodore Hudson salió disparado por el pasillo lateral. Tenía el tupé deshecho, el traje arrugado y una expresión de puro terror primario en el rostro, ni siquiera miró hacia atrás, solo corrió hacia la salida del instituto tropezando con sus propios pies, gritando algo ininteligible sobre "no volver a cruzar su camino" mientras las puertas dobles se cerraban tras él con un golpe seco.
Lincoln se detuvo frente a Margaery, Claudia y Steven. Su mirada se cruzó con la de Margaery por un instante, no hubo burlas, ni chistes sarcásticos, solo un asentimiento silencioso, cargado de una gratitud oscura que no necesitaba palabras.
—Todo está en orden. —dijo Lincoln con voz plana—Vuelvan a casa.
Margaery quiso decir algo, pero él ya se había dado la vuelta para desaparecer en un pasillo, Claudia la tomo de la mano y le sonrió, ella le devolvió la sonrisa y los tres caminaron a casa.
Al día siguiente, el instituto Kranthos experimentó una anomalía climática: la guerra había terminado, pero no había llegado la paz, se sentía más bien como el silencio que sigue a una explosión nuclear.
Margaery y Lincoln se cruzaron en el pasillo de ciencias a primera hora, ambos se detuvieron en seco, a una distancia prudencial. Margaery apretó las correas de su mochila, Lincoln se metió las manos en los bolsillos, el impulso de hablar, de pedir perdón por los cables cortados, por los virus y por la desconfianza, era una fuerza de atracción masiva. Sin embargo, el orgullo —y el peso de todo lo que se habían hecho— actuaba como un aislante perfecto.
Aun así, ellos solo voltearon a otro lado y siguieron su camino, ya no había sabotajes, Margaery encontró sus reactivos en orden y Lincoln recuperó sus archivos sin rastro de virus, tampoco había insultos: Theodore y su novia se habían esfumado, dejando un vacío de poder que nadie se atrevía a llenar.
La espera, sin embargo, era insoportable, cada vez que uno abría la boca para decir algo, el otro desviaba la mirada, atrapados en una inercia de incomodidad.
Margaery se sentó en su mesa de laboratorio, mirando un espacio vacío a su lado, se sentía extrañamente vulnerable. Sin la adrenalina del odio y sin la calidez de la tregua, solo quedaba la fría realidad de que casi lo había perdido todo por no saber observar más allá de las apariencias.
Lincoln, desde el otro extremo de la sala, fingía estar muy concentrado en un esquema, pero sus ojos no se movían de la misma línea desde hacía diez minutos. La ausencia de la voz de Margaery corrigiendo sus cálculos era un vacío que su intelecto no sabía cómo llenar.
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rivalidad intelectual en el instituto, enemies to lovers y juegos mentales, secretos familiares y conspiración
Editado: 09.06.2026