La única constante

12. Punto crítico

El plan fue bautizado por Claudia como "Operación Soldadura de Almas". La lógica era simple: si dos partículas chocan el tiempo suficiente en un espacio presurizado, acaban fusionándose o en términos menos científicos, si encerrabas a dos genios testarudos en un cuarto, acabarían gritándose la verdad por puro agotamiento.

Abigail se encargó de Lincoln, lo encontró en el estacionamiento, pateando una piedra con una expresión de derrota que le llegaba hasta los talones.

—Oye, Myers —dijo Abigail con su habitual tono relajado—Margaery dejó su prototipo de núcleo en el laboratorio de química y dice que hay una lectura térmica inestable. Ella está allí ahora intentando que no explote, pero parece que necesita una mano con los cálculos de enfriamiento. Ya sabes, "cosas de genios".

Lincoln no lo dudó ni un segundo, el mal humor que tenía por ser un imbécil con Margaery desapareció, reemplazado por una chispa de alarma y, sobre todo, por la oportunidad de redimirse. Salió disparado hacia el edificio.

Mientras tanto, Kendall y Claudia llevaron a Margaery al mismo lugar bajo la excusa de que alguien había hackeado el sistema de seguridad y estaba borrando sus archivos del festival.

—¡Es una emergencia digital, Marge! ¡Corre! —gritaba Claudia, fingiendo un pánico digno de un Oscar.

En cuanto Lincoln irrumpió en el laboratorio y Margaery entró por la puerta minutos después, ambos se miraron y durante un rato ambos pudieron saber cuál era el verdadero problema, no había núcleos explotando ni hackers borrando archivos, solo estaban ellos dos, rodeados de probetas y el silencio sepulcral de la tarde.

¡CLACK!

El sonido del cerrojo electrónico resonó en toda la sala. Abigail había bloqueado la puerta desde afuera usando la llave maestra del conserje, mientras Claudia pegaba un cartel en el vidrio que decía: "NO SALGAN HASTA QUE EL COEFICIENTE DE ODIO SEA CERO".

—¡Claudia! ¡Abre esta puerta ahora mismo! —gritó Margaery, golpeando el cristal.

—¡Lo siento, prima! —respondió la voz de Claudia desde el pasillo— ¡Pero el 'Consejo de Amigas Agotadas' ha decidido que su drama necesita una cuarentena! ¡Tienen sándwiches, agua y doce horas de aire acondicionado! ¡Disfruten su cita forzada!

Lincoln y Margaery se quedaron solos. El laboratorio, que solía ser su refugio, ahora se sentía como una jaula, Lincoln se rascó la nuca, evitando la mirada de Margaery, que estaba cruzada de brazos y echando chispas.

—Así que no hay ninguna explosión térmica —dijo Lincoln, rompiendo el silencio con una risita nerviosa que sonó fatal.

—Y no hay ningún hacker —respondió Margaery, con la voz cargada de un frío polar—Solo tu increíble capacidad para atraer el desastre, Myers.

—Oye, yo no planeé esto —replicó él, sentándose en una de las mesas altas—Pero ya que estamos aquí y Claudia no nos va a dejar salir hasta que usemos nuestras palabras ¿podemos dejar de actuar como si fuéramos polos magnéticos opuestos por cinco minutos?

Margaery suspiró, dejándose caer en la silla frente a él. La luz de emergencia del laboratorio se encendió, bañando la sala en un tono rojizo que hacía que la tensión fuera casi palpable.

—Tienes diez minutos, Lincoln —dijo ella, mirando el reloj de la pared—Diez minutos para explicar por qué debería dejar de pensar que eres un error sistemático en mi vida.

El laboratorio, que hace un momento era una prisión emocional, se convirtió en una trampa mortal en cuestión de segundos. El destino, con un sentido del humor bastante cruel, había decidido que, si no iban a hablar por las buenas, tendrían que colaborar para sobrevivir.

Lincoln fue el primero en reaccionar, el brillo azulado del núcleo bañaba su rostro, resaltando la alarma en su mirada.

—¡Morgan, olvida los diez minutos! —gritó Lincoln, saltando de la mesa— ¡El sistema de enfriamiento ha entrado en un bucle de retroalimentación positiva!

Margaery, dejando de lado cualquier rencor, se lanzó hacia la consola de control. Sus dedos volaron sobre el teclado, pero la pantalla solo mostraba un mensaje de error en rojo parpadeante.

—¡El disolvente ha derretido los sensores de proximidad! —exclamó ella, mientras el calor en la habitación empezaba a ser sofocante. 180°C indicaba el sensor interno, y las paredes del contenedor empezaban a combarse—Lincoln, el bloqueo es físico, si el núcleo alcanza el punto crítico, la explosión no solo destruirá el laboratorio, vaciará media ala del instituto.

Lincoln corrió hacia el bote de disolvente que seguía ardiendo. Se quitó su chaqueta negra —su posesión más preciada— y, sin dudarlo, la usó para sofocar las llamas del bote antes de que alcanzaran las líneas de gas comprimido.

—¡Necesito que entres en el código de seguridad y anules el cierre magnético! —ordenó Lincoln, con la frente empapada de sudor—Yo intentaré estabilizar el núcleo manualmente con las varillas de grafito.

—¡Es suicida! —le gritó Margaery—La radiación térmica te quemará las manos antes de que te acerques.

—¿Tienes un plan mejor, genio? —replicó Lincoln, dándole una sonrisa torcida, una que no era de burla, sino de pura adrenalina—¡Hazlo ahora, Morgan! ¡Confío en que eres más rápida que esa IA de pacotilla!

Claudia y Abigail, al otro lado del cristal, pasaron del triunfo al pánico total, veían el humo y la luz azul parpadeante.

—¡Claudia, la llave no abre! —gritó Abigail, forcejeando con el cerrojo electrónico que se había fundido por el calor interno.

—¡El sistema bloqueó las puertas por protocolo de incendio! —grito preocupada Claudia.

El pánico inicial se transformó en una claridad fría y matemática. Margaery observó cómo el núcleo del motor empezaba a vibrar con una frecuencia que hacía castañear los tubos de ensayo cercanos, no era una simple explosión de fuego; la estructura se estaba colapsando sobre sí misma.

Ella soltó un insulto a la nada.

—¡Es una implosión de vacío! —gritó Margaery, su voz elevándose por encima del rugido electromagnético—Las paredes de la cámara de contención no van a aguantar. Lincoln, cuando colapse, la metralla de tungsteno saldrá disparada a velocidad supersónica ¡Estamos justo en la línea de fuego!




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