La clase de Historia del profesor Harrison siempre era un campo de batalla, pero hoy el ambiente estaba especialmente enrarecido, solía ser el terreno neutral donde las ciencias exactas se daban un respiro, pero ese día el aire estaba cargado de electricidad estática. El profesor, buscando elevar el nivel del debate sobre la Revolución Industrial, cometió el error táctico de emparejar a las dos mentes más brillantes del instituto que actualmente estaban en la etapa de corazones rebeldes.
—Muy bien —dijo el profesor, ajustándose las gafas mientras escribía en la pizarra—Para cerrar el tema, tendremos un debate rápido, Morgan, Myers, adelante —anunció el profesor—Defiendan sus posturas sobre el impacto del progreso tecnológico en la sociedad del siglo XIX.
Al principio, mantuvieron las formas. Margaery hablaba de la eficiencia de las máquinas de vapor y Lincoln contraatacaba con la teoría del caos y la ambición humana, pero no tardaron ni tres minutos en convertir la historia en un campo de batalla personal.
—El problema —dijo Margaery, mirando a Lincoln con una intensidad gélida— es que algunos creen que pueden manejar fuerzas que no comprenden, solo por el placer de alimentar su propio ego. Ignoran los protocolos de seguridad y terminan causando desastres que otros tienen que limpiar.
—Interesante —replicó Lincoln, apoyándose en el atril con una sonrisa que no llegaba a su ojo— Pero es aún más patético el que se cree moralmente superior solo porque sigue las reglas al pie de la letra, ocultando que tiene miedo de tomar un riesgo real o de admitir que necesita a alguien para no volar por los aires.
—El orden es la única forma de progreso —siguió Margaery, cruzando los brazos—Sin una estructura rígida, cualquier sistema colapsa. El caos no es "reconfiguración", es simplemente el fracaso de quienes no saben mantener el control.
Lincoln soltó una carcajada seca, inclinándose hacia adelante, invadiendo su espacio personal. —El control es una ilusión, Morgan. El universo tiende al desorden, intentar mantener todo en un "estado perfecto" es una pérdida de energía. A veces, las cosas necesitan romperse para que algo nuevo surja, pero claro, tú no entiendes eso, estás demasiado ocupada tratando de ser el trofeo impecable de tu familia.
—Y tú estás demasiado ocupado pretendiendo que no te importa nada —disparó Margaery, bajando la voz, pero cargándola de veneno—Es fácil defender el caos cuando no tienes nada que perder, ¿verdad, Myers? Es solo una excusa para tu falta de disciplina o para ocultar que te mueres de miedo cuando algo se vuelve real.
El aula se quedó en silencio absoluto, los demás estudiantes se miraban entre sí. Ya no estaban hablando de termodinámica ni mucho menos sobre la Revolución Industrial.
—¿Miedo? —Lincoln dio un paso más, su voz vibrando de rabia contenida—Yo no fui la que casi vuela un edificio ayer por no saber manejar un poco de presión. Tú eres la que se ahoga en sus propios planes, te pasas la vida limpiando manchas de chocolate, pero no puedes limpiar el hecho de que estás aterrada de lo que pasa cuando dejas de seguir el guion.
—¡Al menos yo tengo la decencia de dar la cara! —estalló Margaery, golpeando la mesa del profesor—Tú vas por ahí dándotelas de protector en la oscuridad y luego te burlas de la gente frente a tus amigos. ¡Eres un cobarde, Lincoln Myers! ¡Un cobarde que no sabe quién es sin su estúpida máscara!
—¡Y tú eres una niña mimada que cree que el mundo es una ecuación que puede resolver! —rugió Lincoln —¡Ojalá te hubiera dejado sola con ese motor!
—¡Ojalá lo hubieras hecho!
El debate sobre el carbón y el acero se desvaneció, los demás alumnos observaban, conteniendo el aliento, mientras el intercambio de indirectas se convertía en una pelea abierta. Algunos no entendían muy bien su pelea, otros lo disfrutaban.
—¡Eres un cobarde, Myers! —estalló Margaery, olvidando por completo la Revolución Industrial—¡Usas tu arrogancia para ocultar que eres incapaz de sostener la mirada de alguien cuando las cosas se ponen reales! ¡Casi te fríes en ese laboratorio y ahora actúas como si fueras de piedra!
—¡Y tú eres una máquina de hielo, Morgan! —gritó Lincoln, dando un paso hacia ella, ignorando al profesor que intentaba intervenir— ¡Te mueres de ganas de dejar de ser la "perfecta científica" por un segundo, pero te aterra que, si bajas la guardia, el mundo se dé cuenta de que eres tan inestable como cualquiera de tus motores! ¡Me culpas de todo porque es más fácil que aceptar que te importa lo que me pase!
—¡Porque eres un imprudente que no sabe cuándo parar! —le recriminó ella, con la voz quebrada.
—¡Y tú eres una hipócrita que se quedó toda la noche en esa enfermería para luego fingir que no existo! —rugió él.
—¿¡Y me lo dices a MI!? —jadeo incrédula Margaery casi abalanzándose encima de él.
Sin embargo, fue en un instante que ella al pensarlo, mejor decidió seguir su instinto, corrió hacia el y lo tomo por el cuello sorprendiendo a muchos, aunque Lincoln fue sorprendido no puso ni un dedo a Margaery, ya que el jamás se atrevería a pegarle a una chica, menos a ella.
El profesor golpeó su escritorio con un libro tan fuerte que el sonido resonó como un disparo.
—¡BASTA! —bramó el docente, rojo de ira—¡No me importa quién es más inestable o quién cuidó a quién! ¡Han convertido mi clase en un episodio de melodrama barato! ¡Morgan, Myers a detención! ¡Ahora mismo!
Ambos se quedaron congelados, dándose cuenta de que habían gritado sus verdades frente a treinta personas, Margaery quito sus manos de él e intento arreglarle el cuello antes de mejor voltear a otro lado y bajo las miradas de sorpresa de Claudia y Steven, Margaery y Lincoln recogieron sus cosas en un silencio mortificante, saliendo del aula.
Caminaron hacia la sala de castigo, uno detrás del otro, manteniendo una distancia de seguridad. La opresión en sus pechos no había desaparecido con el grito; al contrario, ahora que el secreto de su conexión había sido expuesto por ellos mismos, el aire entre ellos se sentía aún más denso.
#6724 en Novela romántica
#810 en Joven Adulto
rivalidad intelectual en el instituto, enemies to lovers y juegos mentales, secretos familiares y conspiración
Editado: 30.06.2026