❝Todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje vertical hacia arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja. Es la aritmética de la resistencia: una ley que establece que, para mantenerse a flote en un mundo que intenta hundirte, debes ser capaz de desplazar tanto vacío como el peso de tus propias cargas, demostrando que la verdadera fuerza no reside en la masa que posees, sino en la capacidad de encontrar el equilibrio exacto entre la presión del entorno y la ligereza de tu propio espíritu. ❞
Principio De Flotabilidad De Arquímedes
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Margaery guardó silencio un momento, procesando la confesión. Vio al chico detrás de la máscara, al genio que se sentía solo en su pedestal, sin embargo, no le dio la respuesta reconfortante que él esperaba. Se puso en pie, recogiendo sus notas con una lentitud deliberada.
—Lincoln, no puedes vivir en una guerra fría perpetua solo por estrategia. No debe interesarte lo que digan los demás, es tu vida y solo tu puedes juzgar lo que haces —dijo ella, mirándolo desde arriba—Yo ya no puedo seguir con este juego de escondernos en sótanos o laboratorios y pelearnos en los pasillos. Es ineficiente y, francamente, me está rompiendo.
Lincoln intentó decir algo, pero ella lo interrumpió.
—Tienes que decidir qué es lo que realmente quieres —sentenció Margaery con firmeza— ¿Quieres ser el rey solitario de un instituto de secundaria, o quieres ser alguien real conmigo? Decide, Lincoln, porque yo estoy cansada de lo que estamos haciendo, y sinceramente hay que ponerle un punto y final a esta historia tan rara que tenemos.
Tomos sus cosas y se alejó hacia la salida, dejando a Lincoln solo con un montón de pensamientos cruzando entre sí, una parte de él quería a Margaery a su lado ¿de qué manera? Ni el mismo sabia, sin embargo, esto era un castigo y Margaery volvió a entrar y se centró en el trabajo siendo vista por Lincoln que también empezó, ambos en total silencio.
Para cualquier otro estudiante, el reporte de Sinergia en Sistemas Cerrados habría tomado una semana; para Lincoln y Margaery, fue cuestión de cuatro horas de una danza intelectual sin errores, trabajando sin descanso y con rapidez, como si ya estuvieran acostumbrados a esa carga de trabajo todos los días.
Cuando terminaron, Margaery cerró su carpeta con un suspiro de alivio, pero también con una extraña pesadez.
—Listo. El director Miller no podrá decir ni una palabra, es impecable —dijo ella, mirando de reojo a Lincoln.
—Como si hubiera alguna duda, Morgan —respondió Lincoln, recuperando parte de su arrogancia habitual mientras guardaba sus cables—Somos los mejores en esto, lástima que mañana tengamos que volver a lanzarnos cuchillos frente a todos.
Se miraron un segundo más de lo necesario, la cercanía de la biblioteca había borrado las fronteras de la rivalidad, pero el peso del apellido de cada uno seguía ahí, firme como una sentencia.
Ella no quiso mencionar nada de su arrebato anterior, si él quería hacer como si nada hubiera pasado, ella solo hará la vista gorda, volvió a guardar todo.
—Hasta mañana, Lincoln —dijo Margaery, colgándose la mochila.
—Hasta Mañana, Marge.
Cada uno tomó un camino diferente bajo la lluvia persistente de Kranthos. Margaery se subió al coche que su madre había enviado a recogerla, mientras Lincoln caminaba a paso rápido hacia su casa sintiendo una inquietud en el pecho que no lograba explicar con ninguna ley de la física.
***
Al entrar en la casa, Lincoln notó algo diferente, no olía a la cena de siempre, la chimenea estaba apagada y Mónica estaba sentada en su sillón mirando por la ventana, con las manos entrelazadas sobre el regazo, su mirada era perdida y a la vez pensativa.
—Abuela, ya estoy aquí —dijo Lincoln, dejando sus cosas en la entrada—El trabajo está terminado, ya puedes dejar de fingir que estás decepcionada por la suspensión.
Mónica no sonrió, ni siquiera se movió. —Siéntate, Lincoln, por favor.
El tono de su voz, cargado de una solemnidad que Lincoln nunca había escuchado, lo hizo detenerse en seco. Obedeció, sentándose en el borde del sofá, con los sentidos alerta.
—Durante quince años te he contado la misma historia —comenzó Mónica, y su voz tembló un poco—Te dije que el accidente se llevó todo, que estabas solo en este mundo conmigo y con tu abuelo, te pedí que no buscaras recuerdos porque el fuego lo había borrado todo.
—Abuela, ¿de qué estás hablando? —preguntó Lincoln, sintiendo que el aire de la habitación se volvía denso—Sé lo que pasó, mis padres murieron, el expediente dice-
—El expediente dice lo que nosotros necesitábamos que dijera para que estuvieras a salvo —lo interrumpió ella, clavando sus ojos cansados en los de él—Pero las mentiras tienen fecha de caducidad, y la de esta ya ha llegado.
Lincoln sintió un frío repentino recorrerle la columna. —¿De qué mentira hablas?
Mónica tomó aire, como si estuviera a punto de soltar una carga que le había roto la espalda durante casi dos décadas.
—Tu madre Lincoln, Carolina. Ella no murió en aquel accidente.
Lincoln se quedó paralizado, el mundo pareció inclinarse sobre su eje. La imagen de la tumba vacía que visitaba de vez en cuando, los fragmentos de pesadillas con fuego y gritos, todo se fragmentó en mil pedazos.
—¿Qué? —fue lo único que pudo articular. Su mente, capaz de resolver cálculos cuánticos en segundos, se bloqueó por completo.
—Ella está viva —sentenció Mónica, con una mezcla de alivio y terror—Y ha vuelto a Kranthos.
Lincoln abrió la boca para preguntar dónde estaba, por qué no lo buscó, quién era ella realmente o por qué le habían robado quince años de su vida. Pero Mónica se puso en pie con dificultad y caminó hacia su habitación sin decir una sola palabra más, dejándolo en una penumbra que, por primera vez, se sentía como una celda.
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rivalidad intelectual en el instituto, enemies to lovers y juegos mentales, secretos familiares y conspiración
Editado: 21.07.2026