La única constante

19. Dueños del destino

❝ Todo cuerpo persevera en su estado de reposo o movimiento uniforme a menos que una fuerza externa lo obligue a cambiar, revelando que la inercia es la verdadera prisión del alma. Es la mecánica de la colisión: una verdad física que dicta que para cada acción existe siempre una reacción igual y opuesta, y que la única forma de cambiar nuestra trayectoria en el vacío es permitir que una masa tan poderosa como la tuya impacte contra mi sistema, recordándome que, en un universo de fuerzas constantes, el amor es la única aceleración que no podemos calcular. ❞

Leyes Del Movimiento De Newton

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Lincoln se apoyó contra la pared, tratando de recuperar el aliento, se miró el uniforme de príncipe y soltó una risa amarga.

—Míranos, la heredera de los Morgan y el príncipe de la nada. Fugitivos en nuestra propia ciudad.

Margaery se acercó a él, en la oscuridad, la cercanía era abrumadora. —Lincoln ¿es verdad lo que dijo tu abuela? ¿Realmente ella es tu madre?

—Lo es, pero no me importa quién dice ser ella —dijo Lincoln, dando un paso hacia Margaery y acortando la distancia—Me importa lo que construimos nosotros. Ese motor no es de los Morgan, ni es de Wester. Es nuestro y no voy a dejar que lo usen para sus juegos de poder.

Margaery puso una mano sobre el pecho de Lincoln, sintiendo el latido errático de su corazón bajo la tela cara.

—Viniste a buscarme.

—Eres la única persona con la que puedo confiar, Marge —susurró él, bajando la cabeza hasta que sus frentes se tocaron—La única que sabe quién soy realmente cuando me quito esta estúpida chaqueta.

—Un estúpido chico rubio oxigenado. —Murmuro ella divertida.

Él sonrió y supo que en ese rincón olvidado de Kranthos, lejos de reinas y herencias, madres extrañas, el tiempo se detuvo. Lincoln la rodeó con sus brazos y Margaery se aferró a él, sabiendo que, aunque el mundo exterior estaba a punto de explotar, en ese momento, eran solo dos genios compartiendo el mismo latido.

Más bien, solo son dos personas intentando encajar en un mundo diferente, con sus corazones latiendo al unisonó. El aire en el viejo molino estaba cargado de polvo, el olor de la madera antigua y la electricidad estática de dos mundos que se negaban a seguir separados. Lincoln sentía el calor de la mano de Margaery sobre su pecho, un contraste abrumador con el frío mármol de la mansión de la que acababa de escapar.

—Lincoln —susurró ella, apenas un aliento entre los dos.

—No digas nada, Morgan —respondió él, con la voz ronca—Mis circuitos están fritos y mi lógica ha desaparecido, ahora mismo solo hay una constante en mi universo, y eres tú.

Sin la presión de los cronómetros, sin los gritos de sus familias y sin la sombra de los prejuicios, Lincoln acortó los últimos milímetros, esta vez, nadie abrió una puerta. Esta vez, el mundo no se atrevió a interrumpirlos.

Lincoln Myers beso sin reparo a Margaery Morgan, sus labios se encontraron con una torpeza dulce, como si el mundo hubiera dejado de girar solo para darles ese instante. Ella aún tenía la respiración entrecortada por todo lo que no se habían dicho, y él sostenía su rostro con una delicadeza que contrastaba con la intensidad de su mirada. No fue un beso apresurado ni desesperado; fue lento, cuidadoso, casi reverente como si ambos temieran romper algo frágil y sagrado que acababa de nacer entre ellos.

En ese momento, Lincoln dejó de ser un príncipe para ser simplemente el chico que la entendía, y Margaery dejó de ser la heredera para ser el ancla que él tanto necesitaba, todo su entorno se desdibujó hasta volverse inexistente. Solo quedaron ellos, la calidez compartida, el temblor suave en sus manos, la forma en que sus respiraciones comenzaron a sincronizarse sin darse cuenta.

Ella apoyó sus dedos en el pecho de él, sintiendo el latido acelerado bajo la tela de su camisa, y sonrió apenas contra sus labios. Él respondió profundizando el beso, con una ternura que decía más que cualquier promesa.

Cuando por fin se separaron, no lo hicieron del todo. Sus frentes quedaron unidas, los ojos cerrados, como si todavía necesitaran unos segundos más dentro de ese pequeño universo que acababan de crear.

Era el sellado de un pacto, una alianza que iba mucho más allá de la ingeniería híbrida o de los promedios escolares. Era una declaración de guerra contra las expectativas que sus padres habían construido para ellos y en ese silencio, entendieron que, a partir de ese beso, nada entre ellos volvería a ser igual.

—Si salimos de esta —murmuró Lincoln con una pequeña sonrisa ladeada— voy a quemar este traje de gala.

Margaery soltó una risita suave, acomodándole el cuello de la chaqueta negra. —A mí me gusta. Te hace parecer alguien a quien se puede invitar a cenar sin que el servicio llame a la policía, pero tienes razón, no es quién eres tú.

—Lo que somos es esto, Marge —dijo él, tomando su mano y entrelazando sus dedos—Y ahora que lo sé, no voy a dejar que nos utilicen, no les daremos su exhibición de realeza y perfección. Vamos a darles la verdad.

Margaery asintió, recuperando su brillo analítico en los ojos, pero esta vez suavizado por una calidez nueva.

—El motor está en el escenario principal del gimnasio, si logramos entrar por la parte trasera, podemos activarlo antes de que empiece el discurso del director. Una vez que la energía se estabilice, no podrán apagarlo sin causar un apagón general. Tendrán que escucharnos.

—Ese es el plan de la mejor ingeniera de la ciudad —sonrió Lincoln— Vamos a iluminar este lugar de una forma que nunca olvidarán.

Fuera, los gritos de los guardias de Carolina y las sirenas de la policía local empezaban a sonar más cerca, pero dentro del molino, el caos y el orden acababan de encontrar un equilibrio perfecto.

***




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