La única constante

23. Cuando la competencia se convierte en amor

❝ En un sistema cerrado, el peso de nuestra unión es la suma de todas nuestras colisiones individuales. Aunque pretendamos ser entes aislados, el aire que respiramos ya no nos pertenece solo a nosotros; ahora es una mezcla perfecta de nuestras tensiones. Es la evidencia de que, cuando dos mentes ocupan el mismo volumen, sus presencias se vuelven indistinguibles. Ya no existe un espacio donde tú termines y yo comience; solo queda la presión absoluta de ser uno mismo. ❞

Ley De Las Presiones Parciales

~

—Ya era hora, Myers —dijo el más alto, dándole un empujón amistoso en el hombro—Todos sabíamos que eras demasiado brillante para terminar oxidándote en esta ciudad con nosotros.

—No nos estás dejando, Lincoln —añadió otro, con una seriedad inusual—Nos ayudaste mil veces cuando la policía nos tenía acorralados o cuando no teníamos ni para comer, nos enseñaste que no somos basura, aunque la ciudad nos mire así. Si te quedas aquí por lealtad a nosotros, te echaremos a patadas nosotros mismos.

Lincoln sintió un nudo en la garganta. Estos eran los chicos que la sociedad quería "limpiar", pero tenían más honor que toda la corte de su madre.

—No os olvidaré —prometió Lincoln— Cuando tenga mi propia empresa de ingeniería, buscaré a los mejores mecánicos y pilotos que conozco y sé exactamente dónde encontrarlos.

Lincoln se despidió de ellos y regresó hacia donde Margaery lo esperaba bajo el gran roble del patio. Theodore lo siguió con la mirada, una sombra de odio que Lincoln decidió ignorar por completo, ya no tenía espacio para la toxicidad en su nueva ecuación.

Margaery lo vio llegar con una expresión de alivio, sabía lo mucho que esos chicos significaban para él.

—¿Cómo ha ido? —preguntó ella suavemente.

—Bien —respondió Lincoln, tomando su mochila—Resulta que mis amigos tienen más sentido común que los diplomáticos de Wester. Me han dado permiso para ser alguien en la vida.

Caminaron juntos hacia la biblioteca, dejando atrás el caos del patio, por primera vez, Lincoln no caminaba mirando por encima del hombro esperando un ataque, caminaba hacia adelante.

Y tras semanas de colisiones de alta energía y motores cuánticos que casi borran el instituto del mapa, la intervención del director Miller fue el baño de realidad que ambos necesitaban. En su despacho, con una carpeta llena de informes de daños y quejas por "comportamiento errático", les entregó un ultimátum.

—Si quieren graduarse y no terminar en un reformatorio o con una demanda millonaria, se acabó la ciencia teórica —sentenció Miller, mirándolos por encima de sus gafas—Van a usar esos cerebros para algo que realmente ayude a esta comunidad de gente normal.

Días después, Margaery y Lincoln se encontraban en el límite de un campo de maíz seco, a las afueras de Kranthos. Ya no había laboratorios blindados ni luces de neón, solo el olor a tierra seca, el zumbido de las cigarras y una montaña de tuberías de PVC y válvulas manuales.

Habían decidido construir un sistema de riego automatizado para los pequeños granjeros locales, impulsado por energía solar y gravedad. Era algo sencillo, humano, y extrañamente relajante.

—¿Cómo van los niveles de presión en la zona sur? —preguntó Margaery, ajustándose el sombrero de paja que Claudia la había obligado a usar para protegerse del sol. Tenía una mancha de barro en la mejilla, pero su expresión era más tranquila de lo que Lincoln la había visto en meses.

Lincoln estaba arrodillado junto a una de las zanjas, conectando una válvula con sus propias manos, sin usar herramientas sónicas ni trucos digitales. Se detuvo y la miró, entrecerrando el ojo por el resplandor del mediodía.

—Dentro de los parámetros, jefa —respondió Lincoln con una sonrisa genuina, desprovista de su habitual ironía ácida—He tenido que ajustar el flujo manualmente porque, aparentemente, los granjeros no tienen acceso a supercomputadoras. Quién lo diría, ¿eh? La vida real es lenta.

Margaery se sentó en el suelo, junto a él, y empezó a organizar los planos sobre sus rodillas. No había nadie mirando, no estaba Theodore, ni Xiomara, ni sus amigos, solo ellos dos y la tarea por completar.

—Es agradable —admitió ella en voz baja—No tener que demostrar que soy la más inteligente de la habitación, solo ser útil.

Lincoln dejó la herramienta en el suelo y se sentó a su lado, apoyando los codos en sus rodillas. —Supongo que tenía miedo de que, si dejábamos de competir, no nos quedaría nada más —confesó Lincoln, mirando hacia el horizonte—Pero arreglar estas tuberías contigo no es tan aburrido como pensé que sería.

Margaery lo miró de reojo. El peso en su pecho se había aligerado, Lincoln ya no intentaba ser "El Gran Lincoln Myers", y ella ya no intentaba ser "La Imperturbable Margaery Morgan", eran solo dos jóvenes de dieciocho años tratando de que el agua llegara al maíz.

—Es el mejor proyecto que hemos hecho —dijo ella, y por primera vez, no hubo duda en su voz—Porque este no va a explotar.

Lincoln soltó una carcajada suave y le ofreció su mano, ya no para una tregua temporal, sino para un nuevo comienzo.

—Bueno, mientras no le pongas un condensador de iones, creo que estamos a salvo.

El proyecto fue un éxito y la graduación estaba asegurada para ellos, una compensación del caos que crearon en el festival de ciencias.

***

La cafetería estaba en su habitual hora punta de caos, bandejas metálicas y gritos, pero la mesa del fondo donde Lincoln Myers se encontraba solo —por elección propia— parecía tener su propio campo de fuerza. Lincoln estaba distraído, garabateando esquemas de tuberías en una servilleta, cuando una sombra se proyectó sobre la mesa.

Esperaba a un profesor, o quizás a algún matón con ganas de probar suerte, pero cuando levantó la vista, se encontró con Steven Weiss, el chico tenía los hombros tensos y sostenía su mochila con fuerza, pero sus ojos no reflejaban la desconfianza de siempre.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.