La única constante

26. Constantes bajo las estrellas

Lincoln miró a Roland, y por primera vez, el chico que siempre tenía una respuesta ingeniosa se quedó en silencio, aquello no era solo una herramienta científica; era un seguro de vida emocional. Era Roland reconociendo que Lincoln, el caos personificado, ahora formaba parte de las coordenadas de su hogar.

—Gracias Roland —murmuró Lincoln, bajando la cabeza en un gesto de respeto genuino.

Margaery guardó el localizador en su bolsillo, justo al lado de su corazón. Miró a su padre, luego a Lincoln, y finalmente a la inmensidad del bosque que rodeaba la casa, el miedo de su madre, los secretos familiares y las guerras escolares ahora eran solo variables en una ecuación que ya habían resuelto.

—Lincoln —dijo Roland—protege esa chispa que ella tiene, no dejes que el miedo la apague, como me pasó a mí con Elena.

—No lo haré, Roland —respondió Lincoln con firmeza—En mi mundo, el caos no es algo a lo que temer, es el motor que nos hace movernos.

Los tres se quedaron un momento mirando hacia el cielo, sintiendo cómo el peso de décadas de secretos se disolvía en la brisa nocturna, ya no había deudas pendientes. Y sin saberlo, Lincoln recibió la bendición para estar con Margaery.

Roland acaricio la cabeza de su hija antes de retirarse y dejarlos solos, ambos chicos lo miraron irse, antes de que Maegary tomara el brazo de Lincoln, recargándose en su hombro, observaron unos minutos las estrellas brillando tenuemente. El silencio que siguió no fue el vacío incómodo de los secretos, sino la calma que queda después de que una tormenta finalmente se disipa.

—¿Lista para el siguiente experimento, Morgan? —preguntó Lincoln, mirándola con una expresión pícara que ahora era solo para ella.

Margaery lo miro con una ceja arqueada, voltio sonriendo hacia las estrellas con una paz que nunca necesitó fingir.

—Los datos indican que será una aventura fascinante, Myers. Vámonos.

Bajo la mirada brillante de la luna, la luz parpadeante del localizador, los dos genios caminaron hacia el futuro, dejando atrás las sombras para convertirse, por fin, en los dueños de su propio destino.

***

La noticia del baile de graduación cayó sobre el instituto como una bomba, para la mayoría, era la noche más importante de sus vidas; para Lincoln y Margaery, era un obstáculo social antes de su gran huida. Sin embargo, tras el incidente en el baño de chicas, Lincoln decidió que no se irían de Kranthos sin dejar una marca imborrable en la jerarquía de los populares.

Brittany y su séquito estaban en el centro del pasillo, rodeadas de globos y carteles de seda, presumiendo de sus invitaciones costosas. Cuando Lincoln apareció, el grupo guardó silencio, esperando que el Príncipe finalmente hiciera algo digno de su linaje.

O más bien esperando que invitara a alguna chica, o que el aceptara a una chica, solos las más hermosas presumían que se convertirían en reinas por el simple hecho de que son bonitas, y que Lincoln se enamoraría de ellas si le dan atención.

—¿A quién vas a invitar, Myers? —soltó Thompson con una sonrisa burlona—Supongo que habrás traído a alguna duquesa de Wester en jet privado para esta pequeña fiesta.

Lincoln sonrió de esa forma que hacía que la gente diera un paso atrás. —No necesito un jet para invitar a la única persona que importa en este lugar. Solo necesito—miró su reloj—tres segundos.

De repente, los teléfonos de todos los estudiantes empezaron a vibrar al unísono. Las pantallas de las televisiones del pasillo, que normalmente mostraban avisos escolares, se llenaron de líneas de código dorado que se transformaban en constelaciones.

—¿Qué está pasando? —gritó Brittany, mirando cómo su teléfono se bloqueaba con una imagen de alta resolución.

En el techo del instituto, una red de pequeños drones —modificados por Lincoln en el taller de Roland— comenzó a zumbar. Los drones descendieron en formación perfecta, proyectando hologramas de luz láser en medio del pasillo. Las luces formaron una réplica exacta del motor híbrido que Lincoln y Margaery habían construido, girando en el aire con un brillo azul eléctrico.

El motor holográfico se abrió, y en su núcleo, las letras se formaron con luz sólida:

"MARGAERY MORGAN: EN UN UNIVERSO DE VARIABLES, TÚ ERES MI ÚNICA CONSTANTE. ¿QUIERES SER MI PAREJA DE BAILE?"

Margaery apareció en el extremo opuesto del pasillo, con sus libros en el pecho, completamente paralizada. Sus gafas reflejaban los láseres dorados y azules, el silencio en el instituto era absoluto; los populares estaban lívidos. Nadie, ni con todo el dinero del mundo, había hecho una invitación que combinara la alta ingeniería con ese nivel de audacia.

Lincoln caminó hacia ella, ignorando los flashes de los teléfonos y las miradas de envidia. Se detuvo a unos centímetros, con las manos en los bolsillos y esa chispa de rebeldía en los ojos.

—Sé que odias el protocolo, Morgan —dijo él, lo suficientemente alto para que todos lo oyeran—pero pensé que una demostración de robótica aplicada sería una excusa aceptable para que aceptaras ir conmigo a esa fiesta ridícula.

Margaery sintió que el calor subía por su cuello, pero esta vez no era de vergüenza, sino de una alegría salvaje. Miró a Brittany, que parecía a punto de estallar de rabia, y luego volvió a mirar a Lincoln.

—Tu código tiene un margen de error del 0.01%, Myers —respondió ella, con una sonrisa desafiante—Pero supongo que puedo ignorarlo por una noche, acepto.

Lincoln le ofreció el brazo, y juntos caminaron por el pasillo central. Los drones subieron de nuevo al techo, dejando una estela de chispas frías que caían como nieve tecnológica sobre los estudiantes.

—Eso ha sido muy poco sutil —susurró Margaery mientras doblaban la esquina.

—Había que marcar territorio, Marge —rio Lincoln—Además, quería que todos supieran que mi reina no necesita una corona de diamante cuando tiene un cerebro que puede controlar el cielo.




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