❝El calor fluye desde donde hay energía hacia donde reina el vacío hasta que la diferencia desaparece. Fuimos cuerpos aislados temiendo que el contacto disipara nuestra esencia, pero ahora nuestras moléculas vibran a la misma frecuencia. Ya no hay vuelta atrás: hemos intercambiado tanto de nosotros que nuestras temperaturas se han fundido en una sola. Es la certeza de que el corazón solo encuentra su estado ideal cuando se permite arder junto a lo que tiene al lado. ❞
Ley De Conducción De Calor
~
Mientras tanto en otro lado, cerca de ahí. Margaery cerró la pesada puerta de roble de la mansión Morgan tras de sí, el eco del portazo resonó por el vestíbulo, recordándole lo inmensa que era la casa ahora que solo vivían dos personas en ella.
Se quedó quieta un momento, mirando hacia la sala de estar sumida en penumbras. En su memoria, aún podía ver la imagen de sus padres sentados allí hace apenas unos meses, siempre estaban rodeados de papeles, planos y microscopios; incluso cuando merendaban, la conversación giraba en torno a la física cuántica o la botánica. Pero, a pesar de esa frialdad intelectual, siempre habían sido cariñosos a su manera: un apretón de manos orgulloso de Roland o un beso distraído de Elena en su frente mientras ella resolvía una ecuación difícil.
—¿Papá? —llamó Margaery, pero solo el silencio le respondió.
Caminó hacia la cocina y sintió un escalofrío. Recordó los últimos días de su madre en esa casa, la mirada gélida que Elena le lanzaba y cómo, por un tiempo, llegó a desconocer por completo a la mujer que la había criado. La calidez de su infancia parecía haberse evaporado, dejando solo una estructura de cristal y acero demasiado grande para una chica sola.
Sobre la isla de granito de la cocina, encontró una nota escrita con la caligrafía apresurada de su padre:
"Marge, he salido a tomar algo de aire. Estoy con Zenia. No me esperes para cenar, probablemente terminemos discutiendo sobre el precio de las reparaciones de su casa o una nueva inversión. Te quiero."
Margaery dejó la nota sobre la mesa y soltó un suspiro de alivio. Sabía que su tía Zenia, con su brusquedad, su humor rudo y su falta total de interés por la ciencia compleja, era exactamente lo que su padre necesitaba en ese momento. Su tía Zenia era la única persona capaz de hacer que el gran Roland Morgan dejara de pensar en el universo y se centrara en lo que significaba ser humano, especialmente después de la traición y el exilio de Elena.
—Cuídalo, tía Zenia —susurró Margaery para sí misma.
Subió las escaleras hacia su habitación, sintiéndose un poco menos sola. Su familia estaba rota, sí, pero los pedazos que quedaban estaban intentando encajar de una forma nueva y más honesta y mañana, cuando Lincoln llegara a buscarla para el baile, la casa ya no se sentiría tan grande, porque ella estaría lista para empezar a construir su propio hogar en otro lugar.
***
El día del baile había llegado, sin embargo, Lincoln se encontraba en un territorio mucho más peligroso que cualquier laboratorio clandestino: el salón de la casa de Claudia Weiss. Frente a él, sentadas en el sofá como si fueran un tribunal supremo, estaban Kendall y Abigail.
Cuando estaba comprando su traje, fue acorralado por el dúo de amigas quienes sin tomar su opinión lo llevaron a la casa de Claudia, y donde lo sentaron a la fuerza, mirándolo de arriba abajo, como juzgándolo, y él por el aprecio que le tiene a Margaery —y la aprobación de esas chicas— decidió seguirles la corriente.
—Antes que digan algo, necesito su ayuda. —dijo bajando la mirada.
—¿Qué tipo de ayuda necesita el genio más brillante del año? —pregunto Kendall curiosa.
—Quiero pedirle a Marge, que sea mi novia, pero no sé cómo hacerlo.
—A ver si lo entiendo, Myers —dijo Abigail, afilando distraídamente una rama con su navaja—¿Quieres pedirle a Margaery que sea tu novia, pero no sabes si usar un algoritmo, un discurso romántico o simplemente no arruinarlo con tu ego?
—Margaery es compleja —respondió Lincoln, pasándose una mano por el cuello, visiblemente tenso—No quiero que piense que es una conclusión lógica, quiero que sea especial ¿Qué debería hacer?
Kendall se cruzó de brazos, analizándolo con una mirada calculadora. —Primero, dinos ¿qué harías si ella te dice que no tiene tiempo para una relación porque su carrera es prioridad? Si dudas un segundo, te echamos de aquí ahora mismo.
Lincoln abrió la boca para responder, pero el sonido de la puerta abriéndose con un golpe seco lo interrumpió. Claudia entró saltando, con un suéter lleno de pegatinas de gatitos espaciales y una energía que hizo que Lincoln retrocediera un paso.
—¡He oído la palabra noviazgo! —exclamó Claudia, colocándose entre Kendall y Abigail. Sus ojos brillaban con un entusiasmo aterrador— Lincoln, si quieres entrar en la familia Morgan de forma oficial, tienes que pasar por el filtro del amor de Claudia.
Las tres chicas se inclinaron hacia adelante al mismo tiempo, fijando sus ojos en él. Lincoln, el chico que no pestañeaba frente a agentes de seguridad, sintió un sudor frío recorriéndole la espalda.
—¿Flores o componentes de grafeno? ¿Cita en cine o en casa? —preguntó Kendall.
—¿Moto o una caminata bajo la lluvia? —añadió Abigail.
—¿PUEDE TU CORAZÓN SOPORTAR LA PURPURINA? —remató Claudia, señalándolo dramáticamente.
Lincoln tragó saliva, se sentía como un espécimen bajo un microscopio.
—A-ah Yo… —balbuceó Lincoln—He pensado en usar los drones para algo tecnológico, pero lo que realmente quiero es decirle que ella es mi constante. Que no importa si estamos en Wester o en un sótano, ella es el eje de mi mundo.
El silencio que siguió fue eterno, las tres chicas lo miraron fijamente, sin parpadear. Lincoln estaba a punto de salir corriendo cuando, de repente, la expresión de las tres se suavizó.
#7941 en Novela romántica
#1169 en Joven Adulto
rivalidad intelectual en el instituto, enemies to lovers y juegos mentales, secretos familiares y conspiración
Editado: 31.08.2026