La universidad no es una comedia romántica, ¿o sí?

Capítulo 2: No me puede ir peor en mi primer día de clases en la universidad

Es mi primer día aquí y, ¡oh, sorpresa!, me perdí. Qué carajos... No puede ser.

​Este lugar es enorme, y eso que en este bloque solo están las aulas de los tres primeros semestres de cada carrera; las demás están distribuidas por toda la finca de la universidad.

​«Tranquilo, Biel, tú puedes. Solo pídele ayuda a alguien».

​Miré a mi alrededor y vi a un grupo de estudiantes sentados cerca de una pequeña garita de información.

​«Será mejor preguntarles dónde queda mi aula».

​Me acerqué, manteniendo a raya los nervios, y solté:

​—Hola, compañeros.

​Uno de ellos se levantó del asiento y me extendió la mano amablemente:

​—Hola, compañero. Aunque yo soy de segundo semestre de Economía Agrícola. ¿Tú de qué semestre eres?

​«Diablos. Sabía que era de un año superior y por los puros nervios le dije "compañero". Qué estúpido soy».

​—Soy de primer semestre de Agronomía —respondí tratando de no sonar desorientado.

​El chico enarcó las cejas con sorpresa.

​—¿En serio? Entonces estás en el mismo curso que mi hermana.

​«¿Qué? No puede ser... Mi primer día y ya me cruzo con el hermano de una compañera. Ojalá no piense que ando buscando a su hermana o si no se me arma un lío».

​El chico tomó su mochila del banco y se la ajustó a la espalda.

​—Será mejor que vayas a clases, ya es casi hora.

​Consulté mi reloj de pulsera y sentí un frío por la espalda: era verdad, solo faltaban cinco minutos para que empezara la primera sesión.

​—¡Oye! —le dije antes de que caminara hacia su bloque—. ¿Cómo te llamas?

​Se detuvo un segundo y se giró:

​—Me llamo Easton.

​—Oye, Easton, ¿de casualidad sabes dónde queda mi aula? Es que... la verdad estoy completamente perdido.

​Easton soltó una carcajada limpia que resonó por el pasillo.

​—No lo puedo creer —dijo riéndose—. Bueno, mi hermana me dijo que su aula es la 011, la que está en el nivel subterráneo.

​«¿Nivel subterráneo? ¿Me estás diciendo que este edificio de tres pisos tiene una planta abajo? Con razón no la encontraba por ningún lado...»

​—¡Muchas gracias, Easton!

​—Descuida, ve rápido que se te hace tarde.

​Se despidió con un gesto de mano y se marchó a su pabellón. Yo no tenía ni un segundo que perder: apreté las tiras de mi mochila y eché a correr hacia las escaleras mecánicas del fondo. El tiempo corría en mi contra.

Estas escaleras mecánicas van exasperantemente lentas. A este ritmo, de verdad voy a llegar tarde a mi primerísima clase universitaria...

Por fin alcancé el nivel subterráneo y empecé a revisar los números en la parte superior de cada puerta. Cada una tenía la placa con el código correspondiente a la materia y curso.

Recuerdo que Easton me dijo que el aula de su hermana era la 011. A mi derecha vi la 005 y a la izquierda la 008, lo que significaba que no andaba tan desviado.

¡Bingo! Aquí está: la puerta con el letrero 011. Por fin... Aunque me congelé al mirar mi reloj: ¡llevaba exactamente cinco minutos de retraso!

«¡Maldición! Mi primer día y ya llego tarde... Será mejor que entre de una vez antes de que la cosa empeore».

Toqué la puerta con dos golpes secos. De inmediato escuché pasos apresurados desde el interior y la puerta se abrió de par en par, dejando ver a un chico que salía al pasillo con una sonrisa de alivio.

—¡Saludos, compañero! ¿Eres de primer semestre? —me saludó con un entusiasmo que me tomó totalmente desprevenido.

—Hola... Sí, soy de primer semestre —respondí intentando recuperar el aliento.

El chico juntó las manos con alegría auténtica.

—¡Qué bueno! Contigo ya estamos completos. ¡Por fin llegamos todos!

«¿Qué? ¿Me estaban esperando a mí? ¡No me jodas! Si lo que yo quería era llegar primero para sentarme al fondo sin que nadie me notara, no ser el último en hacer una entrada triunfal...»

—Adelante, pasa. Por cierto, mi nombre es Say.

—Claro... Mi nombre es Biel, un gusto.

Say volvió a entrar al aula haciéndome una seña para que lo siguiera.

—Adelante. Todavía estamos esperando al profesor.

Cruzó el umbral y por fin los vi: todas las caras de mis compañeros del curso de nivelación. Dejé atrás las pantallas negras y los micrófonos apagados para encontrarme con sus rostros reales. Apretando la correa de mi mochila para disimular los nervios, alcé la mano y solté un saludo general:

—Hola a todos, mi nombre es Biel. Un gusto conocerlos por fin.

Un chico sentado al fondo se levantó de su asiento y levantó la mano en señal de bienvenida:

—¡Saludos, Biel! Mi nombre es Bastian.

Acto seguido, el resto comenzó a presentarse y a darme la bienvenida entre murmullos alegres. Sentí cómo las orejas me ardían de la pura vergüenza. Definitivamente, ser el último en entrar no estaba en mi plan estratégico para este semestre.

Quién diría que mi primer día sería así de caótico. En serio, ¿qué otra cosa mala me puede pasar hoy?

Eché un vistazo general a las bancas dobles y noté que casi todos los lugares estaban ocupados.

«Lo que me faltaba: llegar tarde y encima no alcanzar asiento...»

Volví a escudriñar el aula para verificar si quedaba algún rincón libre y, ¡oh, sorpresa!, efectivamente había uno. El único inconveniente era que estaba pegado a la pared y que, además...

En la silla de al lado estaba sentada una chica de cabello rubio. Era objetivamente muy linda. Pero, a ver, ¿por qué demonios nadie más se había sentado junto a ella? ¿Qué clase de cliché absurdo de comedia romántica es este?

Ni modo. No tenía más opciones si no quería quedarme de pie toda la clase como una estatua.

Caminé hacia su fila, manteniendo la compostura, y me detuve frente al asiento vacío.

—Disculpa, ¿está ocupado este lugar? —pregunté tratando de sonar lo más neutral y educado posible.

La chica giró el rostro hacia la silla vacía, luego levantó sus ojos hacia mí y me miró fijamente.



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En el texto hay: comedia, romance, aventura humor

Editado: 31.08.2026

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