La universidad no es una comedia romántica, ¿o sí?

Capítulo 11: Mejor me regreso a mi obra original

El tráfico a esa hora de la mañana era bastante fluido y permitía conducir con total tranquilidad. El colegio de Charlotte quedaba a escasos cinco minutos de nuestra casa; el reloj del tablero marcaba apenas las 7:05 a. m., así que íbamos con excelente margen de tiempo. La dejaría en la puerta principal de su escuela y luego avanzaría dos cuadras hacia el parque donde me esperaba Acalia.

Sin embargo, al doblar por la avenida principal, mis ojos captaron una escena imprevista en la esquina del parque: allí estaba Acalia de pie junto a otra chica. Clavé la mirada y el corazón me dio un vuelco al reconocerla al instante. Era Sarah.

En un acto reflejo de sorpresa, olvidé por un segundo que no iba solo en el vehículo y toqué la bocina con fuerza. El sonido resonó en toda la calle y de inmediato me arrepentí: Charlotte giró el cuello hacia mí con una sonrisa pícara y los ojos entrecerrados.

—Vaya, vaya... Oye, hermanito, dime cuál de las dos es tu novia: ¿la rubia o la pelirrosa?

«Sí, claro, como si no te encantara molestarme por el más mínimo detalle...»

—Ninguna de las dos es mi novia —me defendí manteniendo la vista al frente—. La chica rubia es mi compañera de aula.

Charlotte arqueó una ceja:

—¿Entonces ella es la famosa Acalia?

—Sí, ella misma.

Mi hermana se quedó analizando a ambas a través del cristal mientras reducíamos la velocidad:

—Pues déjame decirte que no tienes malos gustos, hermanito. Las dos son muy lindas; con gusto aceptaría a cualquiera de ellas como cuñada.

«Oye, bájale a tus revoluciones... Apenas somos amigos y ni siquiera sé si ella tiene algún tipo de interés en mí».

Apreté el volante y solté un suspiro resignado:

—Sí, como digas. Algún día te las presentaré formalmente para que las conozcas mejor.

—¿Así como me presentaste a las otras tres? Ji, ji, ji.

—¡Ni me las nombres! —solté casi al instante—. Además, fueron ellas las que cayeron a la casa sin avisar y te conocieron; yo jamás las invité.

Charlotte sonrió con aire burlón:

—Uy, sí, claro, hazte el desentendido. A mí me cayeron súper bien las tres; son sumamente alegres y divertidas.

«¿Que te cayeron bien? Porque no te tocó convivir con ellas... Tuve que soportarlas durante tres años seguidos en la secundaria y no me dejaban ni un solo segundo de paz».

—¿Alegres? ¡Si son las tres patronas del mal!

Mi hermana soltó una carcajada limpia:

—¿“Patronas del mal”? ¡Ja, ja, ja! Qué buen apodo les clavaste. No tengo idea de qué te habrán hecho en el colegio para que las llames así, ni tampoco me interesa meterme en tus dramas, pero conmigo siempre fueron un amor de personas.

«Es verdad que son buenas chicas en el fondo, pero eran insoportablemente intensas y pegajosas. Quería pasar un rato tranquilo con mis amigos y aparecían de la nada como si tuvieran un radar. Aunque... tampoco puedo negar que en los festivales y torneos de fútbol siempre estuvieron ahí en primera fila apoyándome, y yo hacía lo mismo por ellas».

Charlotte me miró fijamente y ladeó la cabeza:

—Te pusiste pensativo de golpe... ¿Acaso estás recordando sus locuras?

—Algo así... Recuerdos buenos y malos mezclados.

Ella volvió a reír con picardía:

—Lo fascinante de las buenas historias es que siempre tienen secuela. Ahora el drama se traslada a la universidad.

—Ni me lo recuerdes... Ayer me enteré de que las tres están matriculadas en el mismo campus. Mis días de paz universitaria tienen las horas contadas.

—Bueno, señor estratega, ya sabrás cómo sobrevivir a eso.

Tras la charla matutina, me orillé frente al portón de su escuela. Charlotte se descolgó del asiento, se despidió con un beso en la mejilla y cerró la puerta.

—Te vengo a recoger más tarde —le avisé desde la ventanilla.

Giré el volante, me incorporé a la vía y avancé directo hacia la acera del parque donde Acalia y Sarah esperaban mi llegada.

Me orillé despacio junto a la acera del parque y quité los seguros de las puertas. Ambas subieron con rapidez: Acalia ocupó el asiento del copiloto acomodando su bolso sobre las piernas, mientras que Sarah se instaló en el asiento trasero.

—¡Buenos días, chicas! —las saludé ajustando el retrovisor.

—¡Hola, Biel! Qué bueno volverte a ver —respondió Sarah con una sonrisa brillante desde atrás.

—Igualmente, Sarah.

Acalia me miró de reojo, cruzó los brazos y soltó con tono mordaz:

—Si gustan me bajo del auto y me voy caminando para que coqueteen a gusto.

«Oye, no empieces con tus indirectas desde tan temprano... Solo la estoy saludando por pura educación».

—Sí, claro, lo que tú digas —añadió ella con sarcasmo fingido.

Giré el volante para incorporarme a la carretera y le reclamé a Acalia:

—Por cierto... ¿por qué no me avisaste anoche que Sarah también vendría con nosotros?

Ella alzó los hombros con total frescura:

—Tampoco me preguntaste si venía sola o acompañada.

«Tsk... De verdad que no das puntada sin hilo».

Sarah se asomó entre los dos asientos delanteros y se disculpó con voz apenada:

—Perdóname la molestia, Biel... Es que hoy me levanté tardísimo y el autobús ya me había dejado. Acalia me dijo que pasarías por ella y me ofreció sumarme, pero solo es por hoy; mañana prometo tomar mi transporte a tiempo.

—No te preocupes en lo absoluto —le resté importancia mirándola por el retrovisor—. Si quieres, puedo pasar por ti todos los días; total, me queda de paso.

Sarah se sonrojó ligeramente, comenzó a enrollarse un mechón de cabello pelirrosa en el dedo con timidez y murmuró:

—Pues... no sería para nada una mala idea.

En ese preciso instante, Acalia fingió un ataque de tos seca para cortar el momento, volteó la cara hacia la ventanilla derecha y masculló por lo bajo:

—Tonto...

Aprovechando la pausa, me acordé de un detalle que me causaba curiosidad desde el día anterior:



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En el texto hay: comedia, romance, aventura humor

Editado: 31.08.2026

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