El campo de batalla estaba servido. Acalia avanzó por la explanada con una serenidad pasmosa al lado de Sarah, proyectando una inocencia que desentonaba por completo con la tormenta a punto de estallar. Las tres del colegio clavaron la vista en ella al instante.
Acalia, sin inmutarse lo más mínimo, me miró de frente y soltó con naturalidad:
—Oye, Biel, ¿por qué me llamaste «mamá» por teléfono? ¿Acaso te confundiste de número o qué te pasó?
Yumi ladeó la cabeza, clavándome una mirada penetrante:
—Biel... ¿quién es exactamente ella?
Sarah notó la tensión en el aire, me vio acorralado contra los vehículos y jaló a Acalia del brazo para frenarla en seco.
—¿Qué pasa, Sarah? —preguntó Acalia con tono despreocupado—. Pareces como si hubieras visto un fantasma.
Sarah no respondió con palabras; simplemente señaló con discreción hacia donde nos encontrábamos.
En ese instante, Yumi, Keshia y Aine dieron un paso al frente al unísono, cerrando filas como un escuadrón coordinado.
«Espera... Esta escena juraría que ya la he visto antes en una serie de anime...»
Yumi señaló con la barbilla hacia el auto contiguo:
—Conque ella es la chica de la que hablaba este tipo... —dijo, refiriéndose a Easton.
Keshia recorrió a ambas de arriba abajo con ojos entrecerrados:
—La de cabello rosado y la rubia...
Aine apretó los labios con fingida dulzura:
—Así que son ustedes las que vinieron con mi querido Biel, ¿no es así?
Acalia no retrocedió ni un solo milímetro; dio un par de pasos firmes y se plantó cara a cara frente a las tres. Yo aproveché la distracción para retroceder sigilosamente hasta quedar pegado a la puerta del auto de Easton.
—Vaya infierno en el que estás metido, amigo —murmuró Easton con una sonrisa burlona.
«¡El mismísimo infierno que tú provocaste con tu bocota, idiota!»
Acalia cruzó los brazos y evaluó al trío con total calma:
—Conque ustedes son las némesis de Biel, ¿eh?
Keshia soltó una risa seca:
—¿«Némesis»? Ja, creo que estás bastante desubicada, querida. Yo no soy némesis de nadie.
—Nosotras no somos enemigas de Biel —añadió Aine indignada—. ¿Quién te metió semejante tontería en la cabeza?
—Biel me lo dijo —respondió Acalia con una tranquilidad demoledora.
«¡¿QUÉ...?! ¡No sigas hablando, por el amor de Dios! ¡No empeores las cosas más de lo que ya están!»
Acalia continuó sin el menor remordimiento:
—Me contó que ustedes eran las «patronas del mal» y que quería ocultarse de las tres porque son un dolor de cabeza constante.
Aine abrió los ojos con dramatismo:
—¡¿Patronas del mal?! ¡Mentira! Mi querido Biel jamás se expresaría de esa forma tan cruel sobre nosotras.
—Pues hace apenas unos minutos me dijo exactamente eso —insistió Acalia con una sonrisa encogiéndose de hombros—. Por eso nosotras dos estábamos vigilando el área: para que Biel pudiera escabullirse sin que lo atraparan.
Yumi dio un paso al frente, adoptando una postura analítica:
—Veo que estás sumamente familiarizada con la vida de Biel... ¿Acaso tienen algún tipo de relación?
—Somos compañeros de clase —aclaró Acalia con desinterés.
—Ya veo... —replicó Yumi entrecerrando los ojos—. Pero se me hace sumamente sospechoso que en apenas dos días de conocernos te hayas vuelto tan cercana a él como para que te traiga en su auto hasta el campus.
—Es que nos hemos vuelto bastante cercanos desde que me llevó a la ciudad de Faenza.
Keshia dio un respingo:
—¡¿Te llevó a la ciudad?!
—Sí, yo se lo pedí amablemente —explicó Acalia con soltura—. Durante el trayecto conversamos de muchas cosas y hoy también me trajo a la universidad porque se lo pedí ayer por la tarde.
Aine infló las mejillas con reproche:
—¿Le pediste que fuera tu chofer? ¿Acaso te estás aprovechando de la bondad de mi querido Biel?
—Para nada —atajó Acalia con firmeza—. De hecho, insistí en pagarle el pasaje del combustible, pero él se negó rotundamente a aceptarlo. En ningún momento me he aprovechado de su amabilidad ni tendría por qué hacerlo; una mujer con dignidad no hace esas cosas.
Yumi suspiró y asintió a regañadientes:
—Buen punto... Biel siempre ha sido sumamente atento y caballeroso, muy distinto a otros chicos.
«Bueno... después de todo, Acalia sabe defenderse de maravilla y tiene clase. El único problema es que me acaba de hundir tres metros bajo tierra: ¡ahora las tres saben que las apodé 'patronas del mal'!»
Aprovechando que la discusión se centraba exclusivamente en Acalia, di tres pasos silenciosos hacia atrás, rodeé el tronco de un álamo y desaparecí por completo del cuadrante. Me esfumé como el viento.
Cuando las tres voltearon a buscarme, solo encontraron a Easton apoyado contra el capó de su coche.
Acalia miró el espacio vacío con total frescura:
—Vaya... desapareció.
—¡Maldición, se escapó! —exclamó Aine frustrada—. Y yo que quería que me aclarara todo esto en mi cara...
Keshia miró fijamente a la chica de cabello rubio:
—Por cierto... ¿cómo dijiste que te llamabas?
—Mi nombre es Acalia.
Yumi sentenció con voz firme:
—Escúchame bien, Acalia: esta conversación no termina aquí. Hablaremos con más calma más tarde. En marcha, chicas... tenemos que encontrar a ese perro infiel.
—¡Oye, Yumi! ¡No le hables así a mi querido Biel! —protestó Aine siguiéndola.
—¡¿Y por qué escapó como un cobarde entonces?! —gritó Yumi a la distancia—. ¡Que dé la cara y aclare todo!
El trío se dispersó a toda velocidad entre los pabellones en una cacería humana.
Al quedar la plaza despejada, Easton se acercó a Acalia mientras Sarah se reunía con ellos soltando el aire que tenía contenido:
—Vaya temple de acero tienes, compañera... Lograste pararte de igual a igual frente a esas tres fieras sin pestañear.