La universidad no es una comedia romántica, ¿o sí?

Capítulo 16: ¿La música de verdad te puede salvar de un aprieto inesperado?

Nos miramos fijamente durante unos segundos eternos en medio de la penumbra del aula, hasta que ella rompió el hielo con un hilo de voz tembloroso:

—Qué vergüenza... no me di cuenta de que me estabas mirando.

«Estaba completamente roja como un tomate maduro. Aunque, a decir verdad, toda la culpa fue mía por llegar de mirón sin avisar; será mejor que aclare esto de inmediato antes de que piense lo peor».

—Discúlpame a mí, por favor —intervine dando un paso dentro de la estancia y rascándome la nuca con pena—. Fui yo quien invadió tu espacio. Es solo que escuché la sinfonía desde la planta baja y me quedé totalmente cautivado por cómo tocabas.

La expresión de la chica cambió radicalmente: el bochorno se disipó y sus facciones se iluminaron con una sonrisa genuina.

—¿De verdad te gustó? —preguntó, y noté un brillo especial en sus ojos—. Es la primera vez en mucho tiempo que alguien me dice algo tan bonito sobre lo que toco.

«No era un simple cumplido de cortesía; la melodía de verdad me había llegado al pecho».

—Hablo con total sinceridad —agregué, inclinando levemente la cabeza—. Por cierto, qué falta de modales la mía por no presentarme como es debido. Mi nombre es Biel, un gusto conocerte.

Ella juntó las manos sobre el regazo y asintió con una reverencia suave:

—Discúlpame a mí también por no haberme presentado antes. Mi nombre es Larissa, y soy estudiante de segundo semestre de Agronomía.

«¿Agronomía? ¡Vaya, entonces es mi superior directa de carrera!»

—¿En serio? —solté con una mezcla de sorpresa y alivio—. Yo también estudio Agronomía, recién acabo de ingresar en el primer semestre.

Larissa soltó una risita cómplice y ligera:

—Vaya casualidad tan grande... Estudiamos exactamente la misma carrera y, además, compartimos el gusto por las sinfonías que nacen de estos instrumentos. Parece que el destino nos juntó aquí arriba por alguna buena razón, ¿no crees? Ji, ji, ji.

—Puede ser... —respondí con una sonrisa tímida.

Un breve silencio se instaló en el salón, roto únicamente por el crujido lejano de la madera. Eché un vistazo rápido al reloj de pulsera: marcaba exactamente las 9:55 a. m. Faltaban escasos cinco minutos para el inicio protocolar en la planta baja.

—Larissa... ¿tienes idea de cuántas horas suele durar este evento de bienvenida?

Ella ladeó la cabeza, pensativa:

—¿Por qué la pregunta? Si mal no recuerdo el cronograma del comité, terminará más o menos hacia las doce del mediodía.

«¡Hasta las doce! Es demasiado tiempo para quedarme escondido como una rata en las aulas superiores...»

—Gracias por el dato —suspiré con pesadez—. Es que... para serte completamente sincero, me ando escondiendo de tres locas que no me dejan en paz ni un solo segundo.

Larissa parpadeó despacio, procesando la confesión:

—Ah... entiendo, conque de eso se trataba. ¿Pero por qué tienes que ocultarte de esa manera? ¿Qué te podrían hacer?

—Esas tres están completamente chifladas cuando se lo proponen —expliqué pasando una mano por mi frente—. Si me encuentran aquí me van a descuartizar vivo, y peor aún si me ven a solas contigo.

Larissa sonrió con serenidad y negó con la cabeza:

—No creo que sean capaces de llegar a tanto. De hecho, hace un rato, cuando apenas estábamos llegando a esta área, me topé con tres chicas que andaban juntas. Fueron muy amables y me ayudaron a armar el stand de nuestra facultad. Si la memoria no me falla, se llamaban Aine, Keshia y Yumi.

«¡¿QUÉ...?! ¡No puede ser posible! ¡Esto tiene que ser una broma de pésimo gusto del destino! ¿Ya se conocieron?»

—Sí... son exactamente ellas tres —dije abriendo los ojos con incredulidad—. ¿Así que ya tuviste el placer de conocerlas?

—Son un grupito sumamente peculiar —relató Larissa, acomodando un mechón anaranjado tras su oreja—. Se nota a leguas que son muy unidas. Me colaboraron con los paneles técnicos y luego dijeron que irían a la otra zona a revisar unos asuntos. Yo aproveché para dejar mi puesto a cargo de otro compañero, subí hasta este salón y me encontré con este piano desocupado.

—La verdad es que en el fondo son buenas chicas —admití con una pizca de resignación—, pero en todo lo relacionado con el amor se les zafan los tornillos por completo y se vuelven increíblemente posesivas.

Larissa me miró con curiosidad analítica:

—¿Y las tres están enamoradas de ti?

—Sí... aunque yo jamás he correspondido a ninguna —confesé bajando la mirada—. No quiero romperles el corazón; son amigas sumamente valiosas para mí desde la secundaria y no quiero perderlas. Si llego a elegir a una de ellas, el grupo se va a romper y terminarán odiándose a muerte. No quiero que eso pase bajo ningún concepto, por eso intento sobrellevar todo con calma hasta que las cosas se enfríen por sí solas.

Larissa suspiró con suavidad y me dedicó una mirada llena de madurez:

—Comprendo tu dilema, Biel... pero debes saber que lo que estás haciendo terminará doliéndoles muchísimo más. Si sigues aplazando la decisión y no eres claro, el daño emocional será irreparable para todas.

«Tiene toda la razón del mundo... Si sigo huyendo y posponiendo lo inevitable, solo conseguiré lastimar a mis mejores amigas».

—¿Pero entonces qué se supone que haga? —pregunté con frustración contenida—. De verdad no quiero arruinar nuestra amistad.

—Lo más sano y maduro sería aclarar con total firmeza lo que sientes —aconsejó ella con voz pausada—. Explicarles con sinceridad que en este momento no estás preparado para dar ese paso ni establecer una relación formal con ninguna.

—Es que he intentado hacerles entender eso en incontables ocasiones —me lamenté—, pero simplemente se niegan a escuchar razones. Y además...

Larissa arqueó una ceja:

—¿Además qué? No me digas que hay otra chica involucrada en esta historia... Porque si es así, el panorama cambia drásticamente.



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En el texto hay: comedia, romance, aventura humor

Editado: 31.08.2026

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