La venganza

Ocho horas para despertar

MARCOS

—Martín, necesito que vengas urgentemente—Es lo primero que digo cuando contesta mi llamada.

Hay un silencio del otro lado, pero después me responde:

—Allí estaré—corta la llamada.

Pongo el teléfono en mi bolsillo trasero.

Miro a Lila, ella aún sigue dormida, desmayada o no sé, no tengo ni la menor idea. Lleva así desde hace dos horas. y el único que conozco que puede tener al menos una idea sobre lo que está pasando, es Martín.

Fue confuso lo que sucedió esta mañana. Cuando estaba bajando las escaleras, ella estaba en brazos de Carla, yo no entendí al principio, pero cuando ví sus ojos supe que ya había llegado la hora.

Anteriormente ella había tenido muchos problemas para conocer su poder definitivo, pero Hans nos dijo que era normal, que la aparición de su poder influía en la edad, la clase de poder que ella fuera a portar y su fuerza para soportarlo. Fueron casi 19 años de espera para que su poder saliera, tal vez solo estaba escondido y algo lo activó, o tal vez alguien, esa es una pregunta de la que aún no obtengo respuesta. Tampoco sé qué poder tiene ella o qué habilidad, porque solo la vi cuando se desmayó.

Carla me contó que cuando Lila llegó, ella parecía normal, y se veía bien, pero de un momento a otro se quedó viendo un punto en la nada y sus ojos se pusieron en blanco, que fue algo extraño de ver, como si alguien la hubiera poseído. No tengo ni idea si fue poseída o si era parte de su magia.

Suspiro y me levanto de la silla. Camino fuera de la habitación para ir a esperar a Martín en la cocina.

Cuando estoy bajando las escaleras, escucho su voz.

Martín está hablando con Carla, él está afuera de la casa y ella tiene la mano en la puerta abierta. Cuando notan mi presencia me voltean a ver. Él se acerca y camina hacia a mí.

—Hola amigo, ¿Qué está pasando?—pregunta con curiosidad y un poco de preocupación— ¿Sucedió algo malo?.

—Ven—le digo y empiezo a caminar nuevamente por las escaleras hacia arriba.

Durante el trayecto, nadie dice nada. El ambiente se siente tan silencioso, como si el espacio estuviera ocultando algo, como si estuviera sucediendo algo que está más allá de nuestro alcance.

Cuando llegamos a la habitación de Lila, dejo que él entre primero. Él se acerca a Lila.

—¿Desde cuándo está así?—pregunta antes de poner los dedos en el cuello de Lila.

—Lleva así dos horas. Ya sabemos que sus poderes aparecieron, así que tal vez ese sea el motivo por el cuál ella no despierta, pero lo malo es que no para de moverse y fruncir el ceño. No he podido hacer nada para despertarla. No está aquí, parece que estuviera en un sueño profundo, y creo que no está viendo cosas realmente buenas—esto último lo digo porque en ese momento ella se mueve.

Los ojos de Martín se vuelven de color amarillo, y está viendo fijamente un punto en la nada, sé qué hace, lo vi muchas veces hacerlo. Esta entrando en la mente de ella, pero solo pasan unos segundos hasta que él se separa.

—Marcos...—me giro y veo a Carla en el umbral de la puerta, con un vaso de agua en la mano—Mateo lo sabe, me llamó hace unos minutos y no pude evitar contarle la situación.

—No era el momento adecuado, ya sabes cómo es.

Ella asiente y dice:

—Sí, él es como tú. La diferencia es que tú te controlas un poco más, yo solo vine a traerte esto, lo necesitas.

Suena el timbre y ella me extiende el vaso.

—Amigo—miro a Martín y dejo el vaso en la mesa para acercarme.

—¿Qué pasa?, ¿descubriste algo?—digo entre preocupado y esperanzado.

Él se acerca a la mesa y mira el vaso—primero tómate esto—me lo señala y yo lo agarro un poco confundido.

—¿Qué es lo que encontraste Martín?, ¿o qué viste?—lo miro esperando una respuesta y él suspira. Agarra la silla que está junto a la mesa y se sienta en ella.

—Al parecer borraron algo de su memoria, pero fueron específicos, porque su mente no está en blanco, de hecho está revolviendo sus pensamientos en estos momentos, por eso se mueve así. Quien lo hizo es la única persona que la puede estabilizar—Dice con cuidado, y luego me mira a los ojos, esperando mi reacción.

—¿Ahora cómo sabremos quién hizo esto?, ¿Para empezar por qué lo hizo?—el vaso que tengo en mis manos explota y el agua que estaba dentro de él sale volando. cierro los ojos cuando siento el vidrio clavarse en mi mano—¡Maldita sea!

Sacudo mi mano y algunas gotas de sangre caen en el suelo, miro mi mano y con la otra mano me quito un pequeño fragmento de vidrio que se quedó clavado en el centro de mi mano.

—Te dije que te tomaras el agua—Levanto la mirada, él tiene su teléfono en el oído— ¿Bueno?... oye ven, te necesito, a casa de Marcos, sí, mi amigo, rápido—se quita el teléfono de la oreja, lo mira unos segundos y luego levanta la mirada.

—¿A quién llamaste?—pregunto mientras me veo la mano.

—A mi hijo. Anthony— mira mi mano — ¿Estás bien?—Asiento con la cabeza y le pregunto:

—¿Anthony?—frunzo el ceño—¿Cuál de los dos es?.

—Ya lo verás.

—¿Qué le pasó a mi hermana?—Levanto la mirada hacia la puerta, es Mateo.

—¿Desde cuándo estás ahí?—pregunta Martín sorprendido.

—No mucho—camina dentro de la habitación y se acerca a Lila.

—Alguien le ha hecho algo—le digo y él se gira a verme con el ceño fruncido.

—¿Alguien?—aprieta su mano en un puño.

—Oye...cálmate, no necesitamos más drama—le muestro mi mano.

—¿Sabemos quién hizo esto?, ¿o no hay respuestas?—pregunta Mateo y la habitación se queda en silencio—Okay...¿esto tiene solución?.

—La tiene—esta vez responde un chico que acaba de salir de un portal. Miro a Martín y él asiente.

—¿Y tú quién carajos eres?—dice Mateo mientras se acerca a él.

—Es mi hijo—responde Martín—Es Anthony.

Veo otra vez al chico y debo decir que físicamente se parecen bastante. Me recuerda a Martín hace unos años.

—¿Y Anthony sabe qué hacer?&pregunta Mateo desconfiado.




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