Elena está recogiendo la mesa, la cena esta fría, el vino caliente, mira la hora en su reloj, ese que le regalo Leonardo en su cumpleaños, él no era atento, pero al menos en sus cumpleaños le daba algún detalle. Leonardo nunca logro enamorarse de ella, se casaron porque Elena era la única disponible y enamorada de él, y si solo se casó por despecho por que la mujer que él amaba la prima de Elena, la gran Alexa Fernández la gran diseñadora del momento se ha ido a parís.
Hoy era su aniversario de bodas, a Leonardo no le gustaba celebrarlo “No había nada que celebrar” ni siquiera habían consumado su amor o mejor dicho el amor de Elena.
No podía evitar llorar le dolía que el hombre que amaba no le correspondía, siempre estuvo bajo las sombras de Alexa, ella era perfecta, única. Toda la familia la admiraba, pero a ella de interesada y de mala prima no la bajaban, cuando se casó con Leonardo su familia no lo acepto su madre le dijo “Leonardo Gonzaga es el hombre destinado para tu prima no para ti” tú no te mereces tener un hombre como él. Esas palabras siempre estaban en su mente ella no era la mujer para Leonardo.
Abre la puerta de la habitación de Leonardo, pocas veces entra, a Leonardo no le gusta que nadie invada su espacio personal, incluso tiene otra casa la cual Elena no conoce, ahí Leonardo hace fiestas y eventos para sus colegas y clientes ella no está invitada nunca, nadie sabe que Leonardo está casado con ella solo la familia cercana, Leonardo pago para que la prensa no hablara de eso al final de cuentas su boda era por despecho no por amor, no quería que las personas supieran que estaba casado con una mujer como Elena, sin gracia nunca se arreglaba, vestía anticuada a él le daba vergüenza mostrarla al mundo como su esposa era algo que le causaba nauseas.
Se acuesta en la cama, las sábanas tienen su aroma, su teléfono suena es un mensaje en cuanto ve el remitente se emociona en estos años jamás había recibido un mensaje o una llamada de Leonardo siempre que tenía algo que decir María la asistente de Leonardo la llamaba para informarle.
Abre el mensaje lo que lee la deja sin respiración Leonardo le está pidiendo el divorcio, vuelve a leer tal vez está en un error, pero la palabra “DIVORCIO” en mayúsculas le dolían.
Esa noche no solo recibió un mensaje de Leonardo si no uno de su madre donde le decía que Alexa volvió a la ciudad y para quedarse, que me olvidara de Leonardo porque había vuelto la mujer de su vida.
Esa es la razón por la cual Leonardo la está dejando, Alexa ha vuelto, al principio Elena quería llamarlo y decirle que no le iba a dar el divorcio, pero conocía a Leonardo si quería algo lo conseguía.
Elena se quedó dormida, cansada de llorar por el hombre que no la amaba
—¡¿Qué haces aquí?! —La voz de Leonardo cortó el silencio como un látigo.
Antes de que Elena pudiera reaccionar, sintió un tirón en el brazo luego sintió el dolor. Leonardo la obligo a ponerse de pie, Elena estaba aturdida
—Elena. Este es mi espacio. No tienes derecho de estar aquí—siseó él, soltándola con desprecio. —la suelta y se aleja de ella.
Elena, con el corazón palpitándole en el pecho y los ojos hinchados por el llanto, sostuvo el teléfono en su mano temblorosa.
—Me enviaste un mensaje... donde me pedias el divorcio, Leonardo. ¿Hoy? ¿Si sabes que hoy es nuestro aniversario? —Su voz apenas era un hilo—. ¿Por qué Leonardo, por que me pudiste amar como la amas a ella? Estuve aquí por mucho tiempo y ni me tocaste. —le reproche.
Leonardo se sorprendió un poco no recordaba que hoy era su aniversario poco le importaba en realidad. Se aflojó el nudo de la corbata y la miró de arriba abajo, con esa mirada que siempre la hacía sentir pequeña, anticuada, invisible.
—¿Amarte? ¿Me reprochas?
—¡Ella te abandonó! —gritó Elena, sacando una fuerza que no sabía que tenía—. Se fue a París y te dejó solo. Yo me quedé. Yo cuidé de esta casa, de ti...
—Yo no te obligue a casarte conmigo tu solo te me ofreciste —la interrumpió él con una frialdad que dolió más que el tirón en el brazo—. Alexa ha vuelto. Y esta vez, no voy a perder el tiempo contigo. Lárgate de mi casa. Ahora mismo.
—¿A dónde quieres que vaya? Es medianoche...
—Te daré para que pagues un hotel
Elena no esperó a que la echara de nuevo. Caminó hacia la salida con la cabeza gacha, sintiendo cómo el peso de años de humillaciones se convertía en un frío vacío. Bajó las escaleras, tomó las llaves de su camioneta y salió a la calle.
El frio le calaba los huesos, subió a su camioneta que era lo único que tenía, salió sin maleta solo tomo su cartera, saco sus tarjetas, esas que no ocupaba hace años. La herencia de su difunto padre Héctor Ponce. Sabía que no podía ir a casa de su madre, la odiaba, no sabía por qué. No era por que se caso con Leonardo porque ya la odiaba antes. No le quedo de otra que ir a un hotel, su familia tampoco le tenía estima para ellos eran la “Prima mala” la que le quito el hombre a su prima.
Reservo en el primer hotel que se encontró al paso, antes de bajar de su camioneta llamo al abogado de su padre Tadeo Valencia, si alguien la podía ayudar con el divorcio era el, Si Leonardo quería el divorcio se la daría, pero con condiciones.
Tadeo Valencia un hombre guapo, bondadoso y carismático llego media hora después de la llamada de Elena, para él, Elena era importante había hecho por el mucho por el, le debía toda su carrera cuando quedo huérfano, el cubrió todos sus gastos, estaba agradecido de por vida
Elena abrió la puerta y se arrojo a los brazos de Tadeo, no se miraban seguido por que Elena estaba día y noche a atender a su marido.
—¿Cómo estás?
—Me corrió de la casa, me pidió el divorcio —le dice entre sollozos.
—Te lo dije muchas veces Elena, ese hombre nunca te mereció.
—Yo… yo lo amo
—Vas a estar bien, vas a salir a adelante.
—No le daré el divorcio fácil —dice con determinación en su mirada.