La Venganza De Elena

CAPITULO 3

Elena tenia varias horas en el salón de belleza pidió un cambio completo, no quería tener el cabello más corto, pero le contaron la punta dañada. Penso mucho en pintarse su cabello ya que era pelirroja natural, pero el estilista la convenció para hacerse unos reflejos que le quedaron de maravilla.

Cuando el estilista la puso frente al espejo sus rizos espectaculares lucían mas enmarcaban su hermoso rostro. Casualmente la ropa que decidió ponerse esta mañana le quedaba como anillo al dedo, un traje de dos piezas en color verde esmeralda resaltaba su nuevo pelo y su nuevo maquillaje.

Salió del salón, decidida a presentarse a su nueva oficina.

—Se acabo el esconderse—susurro para sí misma.

Cuando entro en el edificio de Gonzaga Internacional, el murmullo de los empleados fue casi de inmediato, nadie sabia quien era esa mujer de cabezo brillante y ropa cara. Incluso hace días conocieron a la gran Alexa Fernández, pero la belleza de esa mujer desconocida los dejo perplejos.

Camino en sus tacones de aguja hasta la recepción, estuvo casada con el dueño de aquella empresa y jamás había entrado, Leonardo jamás la invito.

—Buen día señorita ¿tiene cita? —le pregunto una chica que estaba en el mostrador.

—Vengo a ver a Leonardo —dice sin tapujos.

—La chica la mira con consternación, conocía la voz, siempre hablaba con ella, era la única que sabía de su existencia y de la relación con su jefe.

—Señora Elena —María le susurra para que nadie escuche.

Estaba sorprendida de verla, no la conocía, hasta se imaginaba que no era nada bonita por que su jefe la escondía del mundo, pero ahora estaba viendo todo lo contrario era una mujer hermosa.

—¿María?

—Si —contesta ella.

—Quiero ver a tu jefe.

—Tendré que preguntarle ya que no recibe a nadie sin cita previa.

—Dile que su ex mujer está aquí —le susurra.

—María con manos temblorosas, marco la extensión de su jefe.

—Señor, la señora Elena pide verlo… si señor ella insiste en verle.

Hubo un silencio antes que Leonardo rescindiera.

—Dile que suba, quiero terminar con esta estupidez de una vez.

Elena entro sin llamar. Leonardo estaba de espaldas, mirando por el ventanal con los papeles del divorcio sobre el escritorio.

—Elena, espero que hayas traído la cordura contigo, espero que Tadeo te haya explicado que no vas a obtener ni un centavo de mis accio…

Leonardo se giro mientras hablaba, con la frase de desprecio ya ensayada, pero las palabras se le murieron en la garganta.

Ante sus ojos estaba la nueva Elena Ponce Fernández. Se quedo mudo. Sus ojos recorrían a la mujer frente a él. Se pregunto ¿Dónde estaba la mujer de ropa holgada y cabello opaco? Frente a él había una aparición de fuego y elegancia. El color rojizo de su pelo lo hipnotizo por un segundo, y la forma en que el traje abrazaba sus curvas, dejaron sin aliento a Leonardo ¿Por qué el no sabia que Elena era espectacular? Siempre la ignoro. Todo esto le provoco un calor repentino de desconcierto.

—¿Elena? —

—¿Elena? —pregunto el, su voz perdiendo toda la autoridad.

—Esa era la mujer que despreciaste, Leonardo —dijo ella sin flaquear. — La que ves ahora es la mujer que va a ser tu socia.

—Leonardo no podía dejar de mirarla por primera vez en años no sintió nauseas, sintió una punzada de deseo, la mujer que tenía enfrente ya no lo amaba y eso la hacia la persona mas peligrosa de su mundo.

—No te reconozco. —logro decir el, tratando de recuperar su mascara de frialdad.

—Ese es tu problema, leonardo. Nunca te tomaste el tiempo de conocerme, muchas veces intente que me notaras, pero no dejabas de pensar en Alexa. Pero no te preocupes solo falta que firmes el divorcio, voy a tener el 15%.

Mientras Elena y Leonardo estaban en una discusión por las acciones de la empresa Alexa Fernández cruzo el vestíbulo como si estuviera desfilando en la semana de la moda de Paris. Vestía un diseño propio: un vestido rojo sangre, ceñido al cuerpo, que resaltaba su figura delgada y natural. Alexa no tenía ninguna cirugía. Todas la miraban, todos se imaginaban que ella seria la dueña de toda la empresa, nadie dudaba que ella seria la esposa de Leonardo Gonzaga.

Alexa subió por el ascensor, no necesito presentarse, ya tenia pase directo gracias a Leonardo. Entro sin tocar la sonrisa de Alexa se desvaneció no espera ver a su prima ahí, hace años que no la miraba y ganas de verla no tenía.

—Leo, amor.

Alexa se detuvo en seco. Sus ojos recorrieron la oficina. Leonardo ni siquiera se había movido para recibirla con el beso que ella esperaba. El estaba mirando a Elena y Elena lo miraba a él.

Cuando Elena se giro a mirarla, Alexa sintió un golpe en el estómago, su tía la madre de Elena siempre le decía que Elena era una mujer sin gracia que vestía sin gracia. Y la mujer que estaba viendo no se parecía en nada a lo que su tía le describió muchas veces.

—¿Elena? —soltó Alexa, y su tono pasó de la sorpresa al veneno en un segundo—. Que sorpresa encontraste aquí, al parecer empezaste a gasta el dinero de Leonardo.

—No te equivoques el dinero que gasto ahora es el de mi padre, ese dinero que mi madre quiso quitarme muchas veces ¿Lo recuerdas? Tu también estabas muy interesada en ese dinero

Eso era verdad la madre de Elena intento ser ella la que se quedara con la fortuna de su marido, pero, el no le dejo mas que la casa donde vivían y la casa de cambo la empresa y toda su fortuna paso directamente a Elena, Tadeo nunca permitió que la madre de Elena se saliera con la suya siempre protegió a Elena.

Alexa no estaba soportando como Leonardo no le prestaba atención, los celos salieron a frote, ver como su mirada se iba hacia los labios de Elena, le molestaba que el hombre que siempre estuvo a sus pies la esté ignorando.

Alexa se acerca a Leonardo.

Leonardo sintió el contacto de Alexa, pero por primera vez en su vida, le pareció molesto, el perfume de Alexa, le resulto empalagoso.




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