La Venganza De Elena

CAPITULO 9

Elena lo miró a los ojos. El amor que sentía por él, ese que intentó arrancar de raíz, seguía ahí, latiendo débilmente debajo de tanto dolor.

Elena está en una encrucijada emocional: el dolor del pasado contra la esperanza de este nuevo Leonardo.

La vibración del teléfono en la mano de Elena cortó el aire como un latigazo. Sus dedos, aún temblorosos por la cercanía de Leonardo, desbloquearon la pantalla mecánicamente. El mensaje de su madre apareció, cargado de un veneno que Elena conocía bien, pero que nunca dejaba de doler.

"Me da un gusto inmenso que las redes sociales al fin digan lo que eres: una cualquiera. Qué bueno que Leonardo por fin abrió los ojos. Mi sobrina Alexa siempre fue la indicada para él; me llena de orgullo saber que ella ocupará el lugar que nunca te perteneció. Tu eres parte del pasado”

Elena sintió que algo se rompía definitivamente dentro de ella, pero no fue un quiebre de tristeza, sino de acero. El dolor por el mensaje de su madre se transformó en una rabia fría. Miró a Leonardo, todavía refugiada en sus brazos, y tomó una decisión que cambiaría las reglas del juego.

Con las manos firmes, tomó su teléfono. Sin decir una palabra, entró al perfil de su madre y, con un movimiento certero, la bloqueó de todas partes. Hizo lo mismo con Alexa. No más llamadas, ni más veneno, no más acceso a su vida.

Leonardo era un espectador no sabía que estaba haciendo en el celular, pudo notar su cambio cuando miro su celular.

—Me quedaré en nuestra casa si te alejas de Alexa para siempre, no hay otra manera piensalo y me dices.

Elena dejó las cartas sobre la cama, no tenía intención de llevarlas, solo quería los recuerdos de su padre.

—¡Espera! Si es lo que quieres está bien lo haré.

—Si de verdad quieres que te crea, llámala ahora, quiero que ella escuche de tu propia boca que no te busque mas que vas a quedarte conmigo.

Leonardo estaba perdiendo la cabeza, Elena lo tenía entre su enredadera.

Leonardo no dudó. Tomó el teléfono, marcó el número de Alexa y activó el altavoz. Cuando la voz melosa y triunfante de la otra mujer contestó, Leonardo ni siquiera esperó a que terminara su saludo.

—Alexa, se acabó. no voy a divorciarme.

—¿Qué estás diciendo? ¿Estás dejándome por teléfono, a mi?

Leonardo colgó la llamada.

Elena sintió una satisfacción oscura. El camino hacia el perdón sería largo, pero la venganza ya había comenzado a dar sus frutos.

En la mañana siguiente Elena llegó al corporativo de su padre, las puertas de cristal se deslizaron para dejarla pasar, vestía un traje sastre de corte impecable y una mirada que cortaba como el diamante.

Tadeo la estaba esperando con un café en la mano y el periodico.

—Bienvenida a casa Elena, bienvenida a la vida de tu padre.

—Gracias Tadeo. —le sonrió a su amigo.

Sin decir más se subieron al elevador privado, o era la primera vez que entraba al corporativo lo hizo un millon de veces siempre tomada de la manos de su padre.

Al entrar a la oficina de su padre, el olor a tabaco fino y cuero viejo la golpeó, pero esta vez no la hizo retroceder. Se sentó en el gran sillón de piel y miró a Tadeo.

—Tadeo, quiero los estados de cuenta de los últimos tres años —ordenó Elena con voz de acero—. Especialmente el desglose de los gastos personales de mi madre y cualquier transferencia autorizada a nombre de Alexa.

Tadeo asintió, colocando una carpeta gruesa sobre el escritorio.

—Me adelanté,Elena. Tu madre ha estado utilizando el fondo de reserva de la empresa para costear el estilo de vida de su sobrina. Viajes y joyas. Nunca estuve de acuerdo con esto pero no podía hacer mucho.

Elena abrió la carpeta y una risa amarga escapó de sus labios al ver las cifras. Su madre no solo la había traicionado emocionalmente; estaba saqueando el legado de su padre para alimentar la ambición de Alexa.

—Corta todo, cancela tarjetas de crédito corporativas a nombre de mi madre que use solo sus tarjetas de gastos personales y quiero que revoques cualquier poder que ella tenga sobre la fundación Ponce. Si quiere dinero para mantenerse ella y Alexa que empiece a vender sus propias joyas.

Elena sabía que el golpe llegaría rápido. En menos de una hora, su madre recibiría la notificación de que su flujo de efectivo se había evaporado.

—Y Tadeo quiero que hagas una reunión con Gonzaga internacional, quiero una alianza estratégica con ellos.

—¿Estás seguirá?

—Lo estoy ahora tengo el poder en mis manos.

—A Tadeo le gustaba la nueva Elena pero también le asustaba lo que sería capaz de hacer.

Elena estaba cansada después de pasar toda la mañana en la empresa de su padre, quería despejar su mente así que tomó su coche y se dirigió al club Imperial.

Afuera de la entrada principal, el aire se llenaba de gritos estridentes. La madre de Elena y su sobrina predilecta, Alexa, estaban rojas de furia frente al capitán de seguridad, quien mantenía una impasibilidad de granito.

—Esto es un error ¿Si sabes quienes somos? inutil —Alexa estaba furiosa por el trato dado, los fotógrafos estaban tomándole fotos.

—Lo siento, señorita —respondió el capitán —, pero la membresía de la señora Ponce ha sido cancelada por falta de fondos y la cuenta de gastos corporativa fue dada de baja esta mañana. Ya no tienen acceso a las instalaciones.

En ese preciso instante, un Mercedes-Benz negro, escoltado por otra camioneta de seguridad, se detuvo suavemente frente a la entrada. El portero corrió a abrir la puerta trasera. De ella bajó Elena, impecable con un vestido de seda color esmeralda.

—¡Elena! ¡Dile a este imbécil quiénes somos! ¡Me han rechazado las tarjetas en el salón de belleza y ahora aquí! ¡Arregla este desastre de inmediato!

—Tú misma lo dijiste anoche, madre —dijo Elena, su voz proyectándose con una claridad que hizo que varios socios del club se detuvieran a mirar




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