La Venganza De Elena

CAPITULO 12

Elena estaba tomando el primer café de la mañana, Leonardo se lo preparo, era divertido ver como los papeles se invirtieron Leonardo Parra.

Hoy se le antojaba trabajar desde casa así que invito a Tadeo a venir.

—El timbre sonó ¿Estás esperando a alguien? —Leonardo se acerca a la puerta.

—Si, vamos a trabajar todo el día en casa.

—No me gusta que Tadeo entre a mi casa.

—También es mi casa y Tadeo es mi amigo.—dice tajante.

Tadeo llegó hasta el despacho de Elena, una de las nuevas reglas de Elena es tener una persona que se haga cargo de todo lo relacionado con Leonardo.

—Buenos días Elena —Tadeo trae un traje gris, que resalta su galantería, es muy guapo Leonardo lo sabe y se muere de ganas por sacarlo de su casa y de la vista de su mujer.

—Leonardo Buenos días —Tadeo saluda a Leonardo pero él no le regresa el saludo, se da la vuelta y se va molesto.

—¿Despertó de mal humor?

—Siempre está de mal humor.

—¿A un no sospecha?

—¿Qué?

—Se lo que estas haciendo estas jugando con el, si estas aqui es porque quieres que sienta lo mismo, pero me pregunto si vas a poder sostener la mentira o no se si también te mientas a ti.

—No me miento Tadeo, Leonardo solo es parte de mi pasado —aunque no lo dijo en voz alta no dejaba de pensar en los besos que se dieron anoche, los que con mucho esfuerzo pudo evitar e irse a su habitación sin salir herida.

—Espero no termines herida Elena.

—Ya lo estoy Tadeo desde que perdí a mi padre.

—Tu padre te amaba, eras el amor de su vida. Él estaba orgulloso de ti.

—Y yo de él.

—Él lo sabía.

—Tadeo hay algo que quiero preguntarte, algo que no entiendo.

—Dime.

—¿Tu sabes por qué mi madre me odia?

Tadeo se tenso, y con eso le demostró a Elena que lo sabía.

—Elena, yo firmé un contrato de confidencialidad, y aunque tu padre ya no está prefiero no traicionar la confianza dada por tu padre.

—Es que no entiendo Tadeo, por que me odia tanto pareciera que yo no soy su hija, quiere más a Alexa, y eso fue desde siempre desde que tengo conciencia.

—Vamos a dar una vuelta por el jardín ¿Te apetece?

Tadeo no quería seguir hablando del tema.

Cuando el reloj marcó las siete Tadeo se despidió, Elena estaba cansada y el trabajo los absorbió toda la tarde.

—Por fin se fue.

—Si, mañana regresará no te preocupes —le dice para molestarlo.

—¿Te diviertes? Te recuerdo que eres mi esposa.

—Yo lo recordé hace 3 años ¿y tú?

—Te lo llevaste a la cama ¿cuantas veces?

—¿De qué hablas?

—Me fuiste infiel con él.

—¿Quién te dijo eso?

El silencio de Leonardo se lo dijo.

—¿Fue Alexa o mi madre? les crees a dos mujeres que me odian, ni siquiera se por que.

—¿Me vas a decir que no te gustaba andar con uno y con otro?

—No he estado con nadie Leonardo porque mi flamante esposo decidió ignorarme por tres años.

Leonardo soltó una carcajada amarga, carente de cualquier rastro de humor. Se pasó una mano por el cabello.

— ¡No me vengas con el papel de mártir, Elena! —exclamó él, acortando la distancia—. Alexa no tiene motivos para mentir sobre eso. Ella te vio... te vio con él.

Elena estaba sorprendida por las mentiras de su prima. Le dolía que él prefiriera creer en el veneno de su prima y su madre antes que a ella.

—Olvidalo Leonardo, ya no me importa si me crees o no si quieres que te diga que me acosté con Tadeo, si me acosté con él ¿Estás tranquilo ahora?

Elena pasó por un lado, Leonardo la tomó del brazo y sin decir nada la besó.

El beso fue brusco, cargado de una desesperación que Leonardo no podía articular con palabras. No era un beso de amor romántico, sino un reclamo posesivo, un intento rudo de borrar el rastro de Tadeo y recuperar un territorio que él mismo había abandonado durante tres años.

Elena no le devolvió el beso, pero tampoco lo apartó de inmediato. Dejó que él sintiera la frialdad de su indiferencia, una barrera mucho más alta que cualquier pared de la mansión.

Cuando Leonardo finalmente se separó, jadeando, con los ojos nublados por una mezcla de deseo y culpa, se encontró con la mirada imperturbable de Elena.

—Me voy a la cama.

Leonardo la deja ir, es mejor para los dos, no pueden seguir así. se ha dado cuenta que los celos que tiene es por sus sentimientos. Esos sentimientos que creía tener por Alexa pero siempre estuvo equivocado. se fue también a su habitación pero no se durmió, busco la caja de las cartas de Elena, leyó una.

"Querido Leo:

Hoy cumplimos dos años. Te escribo esto mientras te espero para cenar, aunque sé que probablemente llegues tarde o que olvides que hoy es nuestro día. No te culpo, sé que la empresa te exige todo, pero a veces me pregunto si queda algo de ti para mí cuando llegas a casa.

Anoche me quedé dormida en el sofá esperándote y soñé con el día de nuestra boda. Estabas tan presente, tan mío. Hoy, a veces siento que camino por estos pasillos y soy invisible para ti. Pero sigo aquí, Leo. Sigo siendo la mujer que te ama y que cree en nosotros, aunque a veces el silencio de esta casa me grite que estoy sola.

Feliz aniversario, mi amor. Ojalá hoy sí llegues a tiempo para ver este regalo.

Siempre tuya, Elena."

Leonardo cerró los ojos y apretó el papel contra su pecho. Recordaba esa noche. No había llegado tarde por trabajo; se había quedado bebiendo con unos socios y, al volver, ignoró el regalo que ella le había dejado sobre la mesa, tratándolo como un estorbo. Ahora estaba lamentando por hacerle daño con su indiferencia.

Las palabras de Elena de hace unos instantes resonaron en su cabeza como un martillo. Ella le había entregado su lealtad, su paciencia y su juventud, y él le había devuelto indiferencia, alimentada por las mentiras de Alexa y su suegra.

"No he estado con nadie porque mi esposo decidió ignorarme por tres años".




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