La Venganza De Elena

CAPITULO 13

Eric Montenegro tenía claro sus objetivos, rento un departamento en la misma zona que Elena, pensaba irse después de terminar de cerrar el trato pero ahora se quedará tiene dos razones una conquistar a Elena Ponce y vengarse de Alexa Fernandez, Eric se llevó una sorpresa al saber que Elena y Alexa eran familia ¿Como dos mujeres eran tan distintas? aún siendo familia. Alexa era una mujer sin escrúpulos que es capaz de todo por dinero y poder, si era una excelente modelo y diseñadora pero como persona no valía nada en cambio Elena lo poco que la ha tratado es una mujer maravillosa, una mujer con carácter. hace años que no se sentia atraido por una mujer, una mujer que no caiga rendida a sus pies, la que solo lo mira por su dinero, muchos tienen un mal concepto de el pero lo han lastimado tanto, la última vez que se dejó llevar perdió no solo pierde dinero si no a su amigo y socio. Era su mejor amigo y lo traicionó por una mujer.

—Señor Montenegro el señor Leonardo lo está esperando en su despacho.

—Muchas gracias.

Eric entra, Leonardo lo está entretenido con unos documentos.

—Eric, pensé que ya te habías ido.

—Me voy a encargar personalmente del proyecto.

—No es necesario, nosotros nos encargamos de todo.

—Me gustaría estar aquí para ver todo.

Durante quince minutos, hablaron de números, cláusulas de rescisión y tiempos de entrega. Eric era brillante, un estratega nato, pero Leonardo notaba que su atención no estaba puesta al cien por ciento en los planos extendidos sobre la mesa.

—Cambiando de tema… ¿Cómo está Elena? —preguntó Eric, soltando el nombre con una familiaridad que hizo que a Leonardo se le tensaba la mandíbula. Eric y Elena habían conversado en otras ocasiones, solo sobre trabajo pero Eric no se conforma con solo eso.

Leonardo dejó la pluma sobre el escritorio. El aire en la oficina se volvió pesado.

—Mi esposa está perfectamente, Montenegro.

Leonardo se levantó, apoyando las palmas de las manos sobre el escritorio, invadiendo el espacio de Eric.

—Elena es mi mujer. Y te sugiero que mantengas tu interés centrado en los negocios si quieres que esta sociedad llegue a buen puerto.

—Interesante que lo digas con tanta fuerza ahora, Gonzaga. Porque por lo que se rumorea en el club, hasta hace una semana no parecías saber el tesoro que tenías en casa. —Eric caminó hacia la puerta, pero se detuvo antes de salir

— Un consejo de hombre a hombre: las mujeres como Elena Ponce no se poseen. Se ganan. Y si tú no sabes cómo hacerlo, habrá otros que sí.

—Por favor Eric, te conozco muy bien eres un don Juan que andas con una y con otra.

—Por supuesto, soy un hombre soltero pero cuando quiero a una mujer la respeto y me entrego completamente a ella, no la hago sufrir. Pregúntale a Alexa le di todo la trate como reina y al final se quedo con mi mejor amigo y socio.

Leonado creyó escuchar mal, Alexa su alexa había estado con Eric Montenegro.

—¿De qué estás hablando?

Eric salió del despacho dejando a Leonardo hirviendo de rabia y con más preguntas que respuestas. Ya le tocará a él investigar lo que le dijo.

Alexa caminaba por el pasillo principal con su mejor vestido de seda, el rostro perfectamente maquillado para ocultar las ojeras de una noche sin dormir. Llevaba una pequeña bolsa de una pastelería fina; su plan era simple y desesperado: entrar al despacho de Leonardo, llorar un poco, recordar los viejos tiempos.

La puerta del elevador se abrió y Eric Montenegro salió con esa sonrisa depredadora que ella conocía tan bien. Alexa se detuvo en seco, el aire escapando de sus pulmones.

—¿Vienes a rogar amor? —le pregunta con sorna.

—Eric... por favor —susurró ella, mirando frenéticamente a su alrededor para asegurarse de que ninguna secretaria estuviera escuchando

— ¿Qué haces aquí? Déjame en paz. Ya me quitaste suficiente en el pasado.

Eric se acercó a ella, invadiendo su espacio personal hasta que Alexa sintió el frío de la pared en su espalda. Él le arrebató la bolsa de dulces de la mano y la miró con asco antes de soltarla en un bote de basura cercano.

—Vine a hacer negocios de verdad, algo que tú nunca entendiste. Tú solo sabes obtener beneficios sin dar nada a cambio, Alexa. Primero a mí, luego a mi socio... y ahora quieres secar a Leonardo.

—¡Yo lo amo! —chilló ella en un susurro desesperado.

Eric soltó una carcajada que atrajo un par de miradas curiosas. Se inclinó hacia su oído, su voz bajando a un tono peligroso.

—Tú no amas a nadie más que a tu reflejo en un fajo de billetes, a mi también me decias te amo y luego me pedías dinero. ¿Crees que Leonardo te va a perdonar cuando sepa lo que hiciste en Europa? Cuando sepa que el negocio de moda que fracasó fue en realidad un desvío de fondos para pagar tus deudas de juego y tus vicios?

Alexa palideció. Sus manos temblaban tanto que tuvo que esconderlas tras su espalda. —No te atreverías... Leonardo me cree a mí.

—Muy pronto lo dejará de hacer, por cierto le he dicho que fuiste mia.

En ese momento, la puerta del despacho se abrió y Leonardo salió, atraído por el ruido. Se quedó petrificado al ver a Eric y Alexa juntos en el pasillo.

—¿Qué pasa aquí? —preguntó Leonardo, con la voz cargada de sospecha.

—Tranquilo, Gonzaga. Solo le estaba recordando a Alexa que el pasado siempre encuentra la forma de llamar a la puerta.

Eric caminó hacia el elevador sin mirar atrás, dejando a una Alexa temblorosa y a un Leonardo cuya desconfianza crecía por segundos.

Leonardo cerró la puerta de su despacho de un portazo, dejando a Alexa adentro. El eco del golpe retumbó en las paredes.

—¡Habla ya, Alexa! —rugió Leonardo, señalando hacia donde Eric se había ido—. ¿Qué fue eso? El pasado siempre encuentra la forma de llamar a la puerta... ¿De qué diablos estaba hablando Eric? ¿Y por qué te pusiste pálida en cuanto lo viste?




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