La Venganza Del Fantasma

Capítulo 6: El Enigma del Artefacto y La Trampa

De vuelta en el apartamento de Marcos, comenzaron a investigar el artefacto. Daniel había conseguido algunos libros sobre objetos mágicos y rituales antiguos, que ahora estaban esparcidos por el escritorio de Marcos.

—Esto parece sacado de una película de fantasía —dijo Daniel, hojeando uno de los libros.

—Bueno, nuestras vidas se han convertido en una especie de película de fantasía últimamente —respondió Marcos, sonriendo.

Marta, aunque fascinada por el artefacto, no pudo evitar añadir su toque humorístico.

—¿Y si resulta que esto es solo un pisapapeles muy ornamentado? —dijo, provocando una risa en Marcos y Daniel.

Después de horas de investigación, descubrieron que el artefacto tenía la capacidad de canalizar la energía espiritual. Podría ser usado tanto para bien como para mal, dependiendo de las intenciones de quien lo manejara.

—Esto es más peligroso de lo que pensábamos —dijo Marcos, cerrando uno de los libros.

—Definitivamente. Necesitamos encontrar una manera de neutralizarlo antes de que Javier intente usarlo nuevamente —respondió Daniel.

Decidieron que lo mejor sería ocultar el artefacto en un lugar seguro, mientras continuaban recolectando pruebas contra Javier. Marta sugirió un escondite poco convencional.

—¿Qué tal si lo ocultamos en la biblioteca de la universidad? Nadie sospecharía de un libro antiguo y polvoriento —dijo, su voz llena de ingenio.

—Buena idea. Conozco a la bibliotecaria, y podría ayudarnos a mantenerlo a salvo —respondió Marcos.

Con el artefacto oculto de manera segura, se enfocaron en atrapar a Javier de una vez por todas. Decidieron tenderle una trampa, haciéndole creer que había encontrado una pista sobre el artefacto.

Marta, utilizando sus habilidades espectrales, comenzó a dejar mensajes en la casa de Javier, guiándolo hacia una antigua fábrica abandonada. Mientras tanto, Marcos y Daniel se prepararon para confrontarlo allí, equipados con cámaras ocultas y dispositivos de grabación.

—¿Crees que esto funcionará? —preguntó Marcos, nervioso.

—Tiene que funcionar. Javier está desesperado por recuperar el artefacto. No podrá resistirse —respondió Marta, su voz llena de determinación.

La noche de la trampa, Marcos y Daniel se escondieron en la fábrica, esperando la llegada de Javier. Marta, invisible, estaba lista para intervenir si fuera necesario. Finalmente, escucharon los pasos de Javier acercándose.

—Aquí vamos —susurró Marcos, sintiendo su corazón acelerarse.

Javier entró en la fábrica, con una linterna en mano, sus pasos resonando en el vacío del lugar. Estaba nervioso, mirando a su alrededor con desconfianza, pero la promesa de recuperar el artefacto lo mantenía avanzando.

Marcos y Daniel observaban desde las sombras, listos para capturar cada movimiento y palabra de Javier. Marta, flotando cerca de ellos, susurró:

—Es hora de actuar. Debemos hacerlo hablar.

Marcos asintió y, con una señal de Daniel, comenzó a moverse silenciosamente hacia Javier. Al llegar lo suficientemente cerca, dejó caer una pieza de metal que resonó con fuerza en el suelo, llamando la atención de Javier.

—¿Quién está ahí? —gritó Javier, su voz temblorosa.

Marcos salió de las sombras, levantando las manos en un gesto de paz.

—Soy yo, Marcos. Tranquilo, Javier.

—¿Qué demonios haces aquí? —preguntó Javier, visiblemente alterado.

—Estoy aquí para ayudarte —dijo Marcos, tratando de mantener la calma—. Sé lo que estás buscando, y sé lo que has hecho. Pero también sé que podemos arreglar esto.

Javier miró a Marcos con sospecha, pero la desesperación en sus ojos era evidente.

—¿Qué sabes tú? No tienes idea de lo que he pasado —dijo Javier, su voz quebrándose.

—Sé más de lo que piensas. Sé que mataste a Marta por celos, y sé que has estado buscando un artefacto para controlar a los espíritus —respondió Marcos, observando la reacción de Javier.

Javier retrocedió un paso, su rostro palideciendo.

—No sabes nada —dijo, pero su voz carecía de convicción.

—Sé suficiente. Y también sé que podemos encontrar una manera de solucionar esto, pero necesitas confesar —dijo Marcos, dando un paso hacia Javier.

Javier vaciló, su mente claramente luchando entre la verdad y el miedo. Marta, viendo la duda en sus ojos, decidió intervenir.

—Javier, confiesa lo que hiciste. Es la única manera de encontrar paz —dijo Marta, su voz espectral resonando en la fábrica.

Javier se estremeció, sus ojos abiertos de par en par.

—¡Marta! —exclamó, mirando alrededor frenéticamente—. ¿Eres tú?

—Sí, soy yo. Y estoy aquí para buscar justicia —respondió Marta, su figura translúcida apareciendo ante él.

La visión de Marta fue demasiado para Javier. Se derrumbó, sollozando, y comenzó a confesar todo: el asesinato, su obsesión con el artefacto, y sus intentos desesperados por controlar lo incontrolable.




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