La ventana activa

Capítulo 2: El Efecto Espejo

El corazón de Fabián dio un vuelco violento. Cerró la ventana del reproductor de golpe, respirando agitado. El escritorio de su netbook volvió a la normalidad, mostrando su fondo de pantalla habitual.

—Es un malware —susurró para sí mismo con la voz quebrada—. Alguien del equipo de sistemas me está jugando una broma pesada. Consiguieron acceso remoto, hackearon la webcam en algún momento para ver cómo visto... sí, tiene que ser eso.

Intentó racionalizarlo, pero sus manos temblaban tanto que apenas podía dominar el touchpad. Abrió el Administrador de Tareas para forzar el cierre de cualquier proceso sospechoso, pero el sistema no respondía. La netbook parecía haber cobrado vida propia.

De repente, la pequeña luz LED verde que estaba al lado de la webcam de su netbook se encendió. No parpadeaba; emitía un brillo fijo, un ojo digital que lo observaba directamente. Fabián sintió una oleada de frío en la nuca. Extendió la mano para tapar la lente con un trozo de cinta aislante, pero antes de que sus dedos rozaran el plástico, un violento clac resonó en todo el sótano.

Las luces del techo de la oficina se apagaron en cadena. Una a una, las barras fluorescentes se extinguieron hasta dejar la planta en una penumbra casi absoluta. La única fuente de luz en un radio de cincuenta metros era el reflejo azulado y pálido de la pantalla de su netbook, iluminando su propio rostro aterrorizado.

Su teléfono personal, apoyado sobre el escritorio, vibró con un zumbido metálico que lo hizo dar un salto. Era un mensaje de texto de un número de doce dígitos, imposible de rastrear:

"¿Por qué cerraste la ventana? El protocolo requiere que seas testigo. Si te levantas de la silla, el sistema asume que el proceso ha fallado y se ejecuta la purga."




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