La verdad de la vida

La habitación de los espejos 2

Los espejos me rodean. Cada uno refleja una versión distinta de mi.

‎En el primero, soy una abogada. Traje impecable. Mirada firme. Seguridad en casa paso. Pero sus ojos están vacíos. Como si hubiera vendido algo que no debía.

‎En el segundo, soy una maestra. Niños a mi alrededor. Sonrisas. Pizarras llenas de tizas. Pero hay algo en mi postura que no encaja. Como si estuviera representando un papel que no es mío.

‎En el tercero, estoy rota. Por dentro y por fuera. Las grietas son visibles. La piel tiene costuras que no terminan de cerrar. Y en sus ojos hay un dolor tan profundo que me hace apartar la mirada.

‎En el cuarto, hay algo peor. Algo que no quiero nombrar. Alguien violada. El reflejo tiene las manos temblorosas y la mirada perdida. Y yo sé, sin saber cómo, que esa soy yo. O que puse haber sido yo. O que fui yo en otra vida.

‎Cada espejo viene con un sentimiento. Cada uno me recuerda lo frágil que soy. Lo poco que hace falta para romperme. Lo mucho que ya estoy rota.

‎Sigo avanzando. Los espejos se vuelven más altos. Más oscuros. Más silenciosos.

‎Llego al espejo final.

‎Es inmenso. Toca el techo. Se hunde en el suelo. Y en su superficie hay un reflejo que no reconozco.

‎No es mi cara. Es solo un brazo. Y una cuchilla.

‎La cuchilla me parece reconocida.

‎No puede ser yo. No recuerdo haberlo hecho. No recuerdo ese momento. No recuerdo esa sangre. No recuerdo ese dolor.

‎Pienso que fue alguien más. Qué ese reflejo no es mío.

‎Pero algo en mi pecho me dice que miento.

‎Y entro.

‎Atravieso el espejo como si fuera agua. Como si fuera humo. Como si no fuera nada.

‎Y al otro lado, hay otra habitación.

‎siete espejos.

‎Mas pequeños. Más íntimos. Cada uno esperando.

‎Y allí está ella. La mujer que no conozco. Sonriendo.

‎—En está habitación hay siete espejos —dice—. Y cada espejo te responderá una pregunta. Pero ninguno desaparecerá hasta que tú no hagas la séptima pregunta al espejo número siete.

‎Me acerco al primer espejo. En su superficie, me veo feliz. Sin preocupaciones. La sonrisa que ya no recuerdo tener.

‎—Que pregunta me harás —dice el espejo. Su voz es la mía. Pero más joven. Más ligera.

‎—Quiero saber si tu padre te amaba —pregunto.

‎El espejo parpadea. Y entonces veo. besos. Muchos besos que su padre le había dado. Abrazos. Rizas. Una infancia llena de calor. Una niña pequeña en brazos de un hombre que la mira como si fuera el mundo.

‎—Asi no es mi padre —susurro, apretando los puños—. Eso no es verdad.

‎Me alejo. Voy al segundo espejo. Otra vez felicidad. Otra vez luz.

‎—¿Alguna vez te enamoraste? —pregunto

‎Y veo momentos. Muchos momentos romanticos. Cenas a la luz de las velas. Paseos de la mano. Mirada que dicen todos sin palabras. Alguien que me gustaba. Alguien que me hacía sentir viva. Pero que nunca me hizo caso.

‎—Eso a mi no me pasó —digo. Sintiendo el nudo en la garganta.

‎Tercer espejo. Igual. Felicidad. Sonrisas. Una vida que no es la mía.

‎—¿Tienes miedo? —pregunto

‎Entonces el espejo me muestra una vida llena de felicidad. Risas. Abrazos. Un futuro brillante.

‎—No tengo nada que tener —dice mi reflejo, y su voz es firme.

‎—Yo si —respondo, y las lágrimas empiezan a caer—. ¡Yo si tengo miedo joder! —suelto un grito de desesperación pero aun así sigo avanzando.

‎Cuarto espejo. Más felicidad. Más mentiras.

‎—¿Has llorado alguna vez? —pregunto

‎Veo un lugar que no reconozco. Una lágrima que no recuerdo haber soltado. Alguien que se despide. Alguien que promete regresar en tres dias.

‎—He tenido días peores —digo, y mi voz quiebra.

‎Quinto espejo. Inundado de felicidad. Ahogado en mentiras.



#1471 en Fantasía
#1868 en Otros

En el texto hay: fantasía dolor locura

Editado: 05.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.