El hospital huele a antiséptico y a esperanza.
Abro los ojos lentamente. La luz blanca del techo me recibe con suavidad. Parpadeo. Mis dedos se mueven. Mis labios se abren.
Pero no hay palabras.
Solo el latido de mi corazón. Solo el sonido de las maquinas que marcan mi regreso.
Los médicos entran. Sus caras son una mezcla de alivio y sorpresa.
—Estuvo en coma durante tres meses —dice uno con una voz que apenas puedo procesar—. Es un milagro que haya despertado.
Tres meses.
Tres meses de silencio.
Tres meses de viaje.
Tres mese para recordar quien era.
Y ahora, aquí estoy. Viva.
No se si es un milagro. No se si es casualidad. Solo se que elegí el miedo. Y ese miedo me trajo de vuelta.