La verdad de la vida

La vida que elijo

‎Paso el tiempo.

‎Y la vida, lentamente, comenzó a mejorar.

‎No fue fácil. Hubo días en los que quería rendirme. Días en los que la oscuridad llamaba a mi puerta. Días en los que la cuchilla me susurraba desde el cajón.

‎Pero cada vez que sentía el peso del dolor, recordaba la puerta dorada. Recordaba el miedo que me trajo de vuelta. Recordaba a esa mujer que era yo. Y entendía que la vida no se trata de ser feliz todo el tiempo.

‎Se trata de seguir.

‎De elegir.

‎De caminar.

‎Termine casándome. Con una persona a la que realmente amo. Alguien que me vio rota y no huyó. Alguien que sostuvo mi mano en los días grises y bailo conmigo en los días de sol.

‎Aprendi que el amor no salva. Pero acompaña.

‎Aprendi que la felicidad no es un destino. Es una práctica. U. ejercicio diario de elegir la luz, aunque la oscuridad esté cerca.

‎Y aprendí que la mujer del espejo, la que nunca quise reconocer, no era mi enemiga. Era mi maestra.



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En el texto hay: fantasía dolor locura

Editado: 05.07.2026

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