La Verdad Sobre Iepcom 2: La Rebelión de los Oprimidos

Capítulo XIX: Poniéndose al Corriente

Garrett se encontraba buscando alguna forma de saber lo que hacía Van Slyke, algo que tuviese que ver con sus socios, por lo que revisaba los archivos de la base de datos de la Policía Central. Él sabía que si buscaba de forma adecuada y no se daba por vencido, podía dar con la ubicación de ése hombre.

Mientras lo hacía, vio que se abría una conversación en el sistema y activó su programa, para que no llegaran a darse cuenta de lo que iba a hacer. Se trataba de Fitzpatrick y de Jhonson, que se estaban poniendo al corriente de lo que estaba ocurriendo con el jefe de su organización.

—Justo lo que necesitaba —dijo el hacker, para luego dejar que hablaran:

—Karen, ¿cómo va todo por allá?

—Todo bien, no hay nada nuevo —respondió ella, seria.

—¡Qué amable eres! —exclamó él, mostrando cierto enojo en sus palabras—. Al menos salúdame, soy tu ex-esposo.

—Prefiero llamarte socio — dijo Karen, con voz cortante—. ¿Y cómo va todo con el asunto que tienes con el jefe?

—Irina está a cargo de encontrarlo y asesinarlo —dijo él, simplemente, aunque se percibía algo de satisfacción cuando se refirió a dicha asunto—. Espero que lo haga pronto.

—¡Sí! Yo sabía que no iba a ser tan fácil matar a Troy —celebró Garrett, contento, pues eso le hizo ver que su primer intento de acabar con el chico había salido mal.

—Ya deberías olvidar lo que él hizo, Jacob —dijo ella, un tanto fastidiada, como si ya hubiera tocado ése tema en varias ocasiones—. No es bueno que tomes la justicia por propia mano.

—Pero no es cosa mía —respondió él, muy serio—, fue el jefe, que quiere que muera antes de que logre dar con él o con su hija mayor. Yo sólo le dije que dispusiera de Irina si quería seguir con su plan, es todo.

Lo que dijo sorprendió un poco a Garrett, porque él aun no sabía que Troy tuviese hermanos, sin embargo, no dejó de escuchar lo que decían ésas personas:

—Es verdad, el jefe está obsesionado con eso, al igual que tú —le replicó la mujer, seria.

—No hablemos de eso —dijo el Jefe de la Policía Central, para luego agregar—. Aprovecho para decirte que coloqué vigilancia en casa del jefe.

—¿Vas a espiarlo? —le preguntó ella, un poco sorprendida por lo que le dijera ése hombre—. No sé si sea bueno idea, Van Slyke es un hombre muy peligroso.

—Es necesario, debemos estar al pendiente de lo que hace y de sus planes —respondió él, con mucha determinación—. Activé el sistema hace un momento, justo antes de hablar contigo.

—¿Eso era todo lo que tenías que decirme? —le preguntó la mujer, muy seria—. Si no te molesta, debo volver a mi trabajo.

—Adiós, Karen —se despidió Jacob, para luego cortar la corta conversación que habían tenido.

En ése momento, Garrett comenzó a buscar la conexión de la que había hablado Fitzpatrick, era muy importante que él diera con ése lugar. Monitorear a Van Slyke era un logro muy grande para todo el grupo, eso haría que Megan se sintiera mucho mejor, porque todo ése asunto parecía estar afectándolos a todos, pero más a ella.

Tardó un poco, pero al final pudo encontrar la conexión a las cámaras de vigilancia que el policía había colocado en la casa de su jefe y la vinculó a una de sus computadoras, para poder estar al pendiente de él. Sin embargo, después de eso, comenzó a buscar información sobre la hija mayor de Van Slyke, pues era la hermana de Troy y esa era una de las cosas que deseaba informarle a sus compañeros, además de lo que descubrió.

—¿Qué estás haciendo, amor? —le preguntó Cloe, que acababa de llegar al sótano.

—Haciendo mi trabajo —respondió él, sonriente.

—Tu madre dice que vayas a cenar —dijo ella, con tono cariñoso, mientras le acariciaba el hombro derecho.

—Dile que ya voy —le pidió él, sereno—. Todavía debo averiguar algunas cosas, cariño.

Cloe se fue de allí rápidamente, para avisarle a la madre de su novio lo que él le había dicho. Al hacerlo, lo único que hizo la mujer fue decir, en voz alta:

—¡Garrett, ven a cenar ahora mismo!

El hacker se levantó lo más pronto que pudo y salió de ése sótano a toda prisa, porque sabía que si desobedecía a su madre, estaba perdido. Ella era una mujer amable, pero muy estricta, por lo que siempre estaba con cara de pocos amigos y la gente creía que era una amargada.

—¡Ya estoy aquí, ya llegué! —exclamó él, cansado y un poco asustado por lo que había dicho antes.

Megan y Stuart, que estaban en la mesa, no lograron evitar reír ante la llegada y el sobresalto de su amigo, lo que hizo que él les dijera:

—No es gracioso, muchachos.

—Para mí si lo es —comentó Stuart, que seguía riéndose.

—¿Alguna novedad? —le preguntó Megan.

—¡No van a hablar de nada, es hora de cenar! —exclamó la madre de Garrett, muy seria.

—Ella tiene razón —razonó Jonathan, sereno—. Esperen a que terminemos la cena.

Después de eso, Cloe y la madre de Garrett sirvieron la cena a todos los que estaban allí, pero vieron que Sadako no estaba en casa, por lo que la mujer se preguntó:

—¿Y ahora dónde estará esa niña? ¡Siempre hace lo mismo y llega tardísimo!




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