Vuelvo a revisar cuidadosamente mi cabello frente al espejo. Mis rizos oscuros caen hasta mi cintura en capas largas. Soy demasiado perfeccionista con mi cabello, no me gusta ver ni un solo pelito fuera de lugar, así que paso muchísimo tiempo acomodando mis rizos uno por uno hasta que se ven como me gusta.
Luego me maquillo, algo que me encanta hacer aunque en mi colegio está prohibido. Amo cómo lucen mis ojos con maquillaje. En realidad estoy muy conforme con la forma de mi rostro, mi “carita de selfie” como me dicen mis primos en broma para decir que soy linda de cara. Pero sigo siendo tan plana como una tabla a pesar de que ya tengo 15 años, casi 16. Si no fuese porque al menos me crecieron un poco los senos, seguiría pareciendo una niña. Con maquillaje al menos siento que aparento la edad que tengo.
Siendo sincera, no puedo decir que mi físico impida de alguna manera que los chicos se fijen en mí, porque estaría mintiendo. La verdad suelo llamar bastante la atención, aunque creo que se debe más que todo a mi forma de ser, no lo sé. Solo sé que nunca paso desapercibida.
Mis amigas suelen decir que tengo una belleza única, que tengo rasgos que me hacen parecer árabe o hindú. Quizá tenga algo que ver con mi piel trigueña, mis ojos almendrados o la forma en que me maquillo. Pero a pesar de saber que no soy fea, es inevitable sentirme insegura cuando la mayoría de las chicas de mi edad ya tienen curvas y son mucho más altas que yo.
Pero seguir dándole vueltas a esto en mi mente en este momento no va a cambiar nada, mi trasero no va a crecer ni un centímetro, y lo único que si voy a lograr es llegar tarde al colegio. Lo cual tampoco sería nada nuevo, pero sería el colmo que me suceda por estar lamentándome frente al espejo la poca carne que tengo. Así que busco mi uniforme y me visto rápidamente.
Pantalón azul marino y camisa azul celeste… Este es el último mes que usaré este color de camisa. El próximo año ya estudiaré el 4to año de secundaria y tanto ese como el último año cambian el color de camisa a beige.
Cuando estoy lista, reviso por última vez mi mochila para asegurarme de que llevo todos los cuadernos que necesito hoy y no me estoy dejando nada en casa. Luego salgo casi corriendo hacia el colegio, que por suerte queda a apenas cinco minutos caminando.
Nada más llegar al boulevard del colegio veo cómo están todos corriendo hacia la entrada de la secundaria, como una manada de vacas sin cerebros. ¿Por qué tienen que ser tan desordenados?
Camino distraída hacia la multitud, pendiente de que no me den un pisotón cuando escucho que alguien me llama.
—¡Mady!
La voz de Liliana me llega desde la derecha gritando mi nombre, nada más al dar un paso dentro del edificio. Yo sonrío al verla y camino hacia donde está de pie casi en un rincón, evitando la estampida de estudiantes que va corriendo cada uno a sus respectivos salones de clase.
—Hola, lili ¿Y las demás?
—Dayana aun no llega y Ana se fue al comedor con Andrés para desayunar. La profesora de geografía aviso que no vendría así que tenemos la primera hora libre
—¡Qué bien! ¿Qué hacemos, quieres que vayamos nosotras también a desayunar?
—Quizá solo a comprar el desayuno. No quiero quedarme en el comedor, interrumpiendo a los tortolos— me dice refiriéndose a Ana y su actual novio, Andrés —Aunque creo que igual me va a tocar desayunar sola porque allí viene David.
David… mi casi algo desde hace un par de meses. Apenas Liliana lo nombra, el corazón me salta descontrolado. ¡Odio ponerme nerviosa!
Apenas me giro lo veo acercándose con una gran sonrisa en su rostro, es realmente guapo, al sonreír se le hacen hoyitos en las mejillas y eso me encanta. Tiene el cabello rubio claro y ojos café, y una piel blanca con algunas pecas salpicando su nariz. Se nota que entrena, porque todo en él parece estar en su lugar.
Al llegar a donde estamos y sin decir ni una palabra, se acerca a mí y me besa en los labios, cosa que no ayuda a que mi corazón se calme ni un poco. ¡Este chico me encanta!
—Hola a ti tambien— le digo en tono de broma apenas se separa de mis labios y el ríe.
—Hola preciosa… Te extrañé todo el fin de semana
—Igual yo. ¿Que tal tu viaje a la playa?
—Divertido, la pasé muy bien con mis primos.
—Me alegra.
—Hola lili ¿como estas?
—Hola, bien. Y por lo visto, sobrando— dice ella riendo —mejor los dejo solos para que se pongan al día, ire a ver si ya llego Dayana.
—No te vayas, yo tengo que entrar a clases, ya voy tarde, ustedes son las suertudas que tienen esta hora libre— dice David rápidamente a Liliana y luego se gira hacia mí—¿Nos vemos a la hora de descanso?
—Claro, nos vemos en el Boulevard.
Vuelve a acercarse a mi y me abraza fuerte, luego me da un ligero beso en los labios y se va a su clase.
—¿Al comedor entonces?— le digo a lili apenas se aleja David.
—Si, después nos vamos a la terraza a comer.
La terraza es un lugar que descubrimos por accidente cuando estábamos en primero de secundaria, en el 4to piso de nuestro edificio, un lugar al que nadie sube porque son aulas sin terminar. Ya ni recuerdo por qué subimos allí en primer lugar, pero lo cierto es que descubrimos un pequeño espacio en forma circular lleno de ventanas que llegan al piso y desde donde se ve todo el Boulevard y parte de las calles del pueblo.
El lugar nos encantó así que hablamos con la coordinadora y pedimos permiso de limpiar el sitio y poner algunos cojines y puff para sentarnos allí. Ella nos lo permitió y desde entonces ese se convirtió en nuestro santuario.
Casi tres años después el lugar está totalmente cambiado, con plantas, luces decorativas y puff de colores. Tenemos un montón de revistas juveniles y de farándula en un rincón, sobre todo de mi revista favorita: TU. Y algunas novelas.
Este es el lugar al que venimos cuando estamos cansadas de estar en medio de un montón de adolescentes ruidosos y queremos pasar un buen rato.
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basada en hechos reales, romance juvenil., slow burn romance
Editado: 11.07.2026